OPINIÓN

Simeone, del intervencionismo a la continuidad... y el Atleti vuela

Simeone, durante el partido contra el Cádiz. /EP
Simeone, durante el partido contra el Cádiz. EP

En su primer set-ball a favor, el Atlético dio el sorpasso en la clasificación y se ha colocado segundo por delante del Real Madrid. Desde la primera jornada del campeonato, los rojiblancos no habían estado en tal posición. Para repetir puesto han tenido que pelearse consigo mismo, con su propia irregularidad, además de con los rivales de turno. En ocho jornadas llegó a estar fuera de los cuatro primeros puestos que dan acceso a la Champions. Su peor posición fue la novena de la segunda jornada y llegó a estar séptimo en tres consecutivas, de la cuarta a la sexta.

Su salto a la segunda plaza viene precedido de siete jornadas consecutivas siendo cuarto y las nueve últimas, tercero. Sus dos últimas derrotas se han sucedido ante el líder y prácticamente campeón, el Barcelona. Nadie más ha podido con los de Simeone en esta escalada que se vio recompensada con su goleada ante el Cádiz. En la segunda vuelta, solo ha perdido siete de los 32 puntos en juego.

La gran reacción rojiblanca hay que medirla desde la continuidad en el más amplio sentido de la palabra. Lo que funciona no se toca. Proverbio inequívoco. Cuanto más ha repetido Simeone el mismo once y el mismo sistema, mejor ha sido el rendimiento colectivo e individual. Sus detractores más agrios lo traducen con una vuelta de tuerca más: cuanto menos intervencionista ha sido el entrenador, sobre todo con los partidos en juego, mejor han respondido sus hombres, que se han sentido un tanto liberados en sus obligaciones tácticas.

Ante el Cádiz, el técnico argentino repitió por tercera vez en la temporada el mismo equipo titular. El mismo que ganó al Mallorca y al Valladolid. Algo que no sucedía, dicen, desde 2013. También por décima vez consecutiva repitió con el mismo sistema. Ese elástico dibujo que a veces se acomoda en el 1-3-5-2 y otras en el 1-5-3-2 y que, desde la cabeza y los pies de un pletórico Griezmann, ha conseguido encontrar la mejor versión de jugadores como Nahuel Molina y Hermoso, sin olvidar a los Giménez y De Paul, que acaban la campaña como dos Aston Martin. Por cierto, las dobles figuras de Antoine ya llegan a los 13 tantos y 12 pases de gol. O lo que es lo mismo, ha participado de forma directa en 25 dianas de los suyos.

La línea defensiva de cuatro hombres parece haber pasado a mejor vida. También en nueve de las 15 primeras jornadas Simeone había apostado ya por este esquema. El mismo con el que sorprendió tácticamente el año que ganó la última Liga (2020-21) con aquella primera vuelta de 50 puntos de 57 posibles. En esta línea de continuidad ya tienen menos cabida los constantes cambios de posición a los que el técnico sometía a sus jugadores. Las puertas giran menos y no se pasa de una disposición táctica a otra para retroceder a la primera y, quién sabe, si volver a la segunda, o, incluso a una tercera sin utilizar hasta entonces.

Hasta las sustituciones están siendo más racionales. Posición por posición. Pocas pruebas y menos experimentos. La escalada atlética se ha cimentado en una línea defensiva baja pero segura y que cuando el equipo no tiene el balón se acerca bastante a su área. El gran secreto del éxito hay que buscarlo en la cercanía de sus líneas y en el equilibrio entre los dos balances, el defensivo y el ofensivo. Este Atleti es compacto y corto. Con poca profundidad posicional, pero con una perpendicularidad extrema por las bandas, donde Nahuel Molina y Carrasco percuten con repeticiones constantes. Cuando se pone por delante en el marcador su repliegue es intenso. Todos los jugadores en campo propio. Normalmente casi nunca va a la presión como tal y ocupa los espacios con mucha racionalidad, la que le permite ser el segundo equipo al que más hay que rematar para marcarle gol.

El comportamiento general del conjunto cambia mucho de tener el balón a no tenerlo. Con la posesión intenta masticar el juego con profusión de pases en la zona de iniciación y en la zona de creación, bastantes menos en la de finalización. En el último tercio se muestra primordialmente eficaz. Hasta el partido contra el Cádiz, las estadísticas le apuntaban como el tercer equipo del campeonato que más remataba y también el tercero que menos tenía que rematar para hacer gol. Cabe suponer que estos números no hayan empeorado después del festival de disparos ante los gaditanos: 18 tiros, ocho de ellos a puerta. Desde luego el segundo puesto no es una casualidad.