Sólo hay dos opciones para presidir la RFEF: Pedro Rocha sin elecciones o un 'barón' tras la Guerra Civil

Es lo mismo de siempre desde que hace un año, tras la abrupta salida de Luis Rubiales, se abrió el camino a la presidencia de la Real Federación Española de Fútbol. Hay quien desconoce por completo o parcialmente el funcionamiento de la institución o quien, directamente, sí sabe de fontanería pero prefiere soñar despierto. Aquí, en este sarao de las elecciones siempre han mandado, mandan y mandarán las Territoriales y, por tanto, lo que suceda en este final de año será única y exclusivamente lo que sus barones quieran. Por muchos que haya pre-candidatos que se apresuren a dar entrevistas mientras ellos, salvo contadísimas excepciones, callan.
Ya se puede presentar a estos comicios un adinerado empresario (Juanma Morales), un exsecretario general (Gerardo González Otero) o el mismísimo David Broncano. Si no es de la mano de la mayoría de los 19 presidentes autonómicos no van a ser capaces ni de lograr el 15% de los avales (21) que son necesarios para dar el paso. Por mucho que tengan un buen programa, luzcan trajes entallados y digan tener el apoyo -siempre en cuarentena- del Gobierno, LaLiga, AFE o cualquiera de las siglas que inundan nuestro fútbol. Iker Casillas podría dar un Máster sobre esta realidad tras intentar asaltar los cielos y estrellarse. El campeón del mundo no llegó ni a cerrar una sola reunión con los que de verdad mandan.
Siempre que sale un nombre nuevo a la palestra -y esta semana ya llevamos varios- se suceden las mismas preguntas por tierra, mar y aire. "¿Éste tiene opciones?". Hay tanta agitación, interés y preocupación por quién gobernará Las Rozas hasta 2028 que uno, aunque sea durante unos segundos, duda por contagio. Hasta que levanta el teléfono, hace ronda entre los que conocen la Ciudad del Fútbol y, sin pretenderlo, les sale la risa floja.
Unos, con el máximo respeto, tiran de lógica: "Es que David Silva, Virginia Torrecilla, Luis Milla y Amanda Sampedro, que van en el equipo del ex CEO de Coca-Cola que acaba de desvelar sus intenciones, no son ni asambleístas, así que ya me dirás qué peso tienen o tendrán sobre los 142 que votan. Hay que recordar que esto no son unas elecciones generales". Otros, aportan un baño de realidad: "Gerardo González ni ha podido presentar asambleístas afines, así que luego va a tener que convencer que le apoyen a los que hayan colocado los demás... Eso es una tarea imposible". Y los más socarrones tiran de hemeroteca: "Mira cómo Carlos Herrera o Eva Parera se han desgastado durante todo este tiempo y ya ni asoman la cabeza. Hay que saber dosificar".
Y en eso andan algunos que otros barones. Por la mañana llaman a Pedro Rocha camino de la oficina (los que lo hagan) para ver cómo se encuentra y saber cómo va lo de la solicitud de sus medidas cautelares para poder ser candidato. No sea que el inhabilitado colega esté pronto de vuelta. Y ya por la noche se desahogan entre camaradas reconociendo que si el extremeño no pudiera dar el paso ("pobrecilllo", "qué injusticia...") no descartan postularse como hombres de consenso por la estabilidad y pacificación de la casa. La diferencia es que unos lo hacen con tacto, esperando acontecimientos y sin precipitarse; y otros, sin clase, pecando de ansiedad y, con tres barajas en la mano, haciendo la cama sin disimulo.
Aquí cada uno juega sus cartas. Si Rocha logra salirse con la suya y sortear las garras del Gobierno y el TAD, será presidente de la Federación al menos hasta que la justicia entre en el fondo del asunto que le arrincona (haber despedido a Andreu Camps sin deber por un exceso de funciones en tiempos de Comisión Gestora). Algo que tendría dos consecuencias importantes. Por un lado, el resto de presidentes cerrarían filas en torno a su figura como mal menor y la seguridad de que mantendrían sus privilegios a buen recaudo. Por eso no habría elecciones. Nadie, ni de dentro ni de fuera, lograría plantarle cara. No haría falta echar mano de una votación para elevar al nuevo dueño del sillón presidencial. Y por otro, la RFEF pasaría a estar de nuevo con la sombra de los juzgados en su día a día ya que esa medida cautelar recuerda que, en algún momento, habrá sentencia. Si esta es favorable, vía libre hasta 2028. Pero si al final es inhabilitado, pues otra vez presidencias interinas y unas elecciones, ya en 2026 o 2027, en las que podría concurrir hasta el repudiado Rubiales.
La alternativa si Rocha no logra esa cautelar es más movida pero igual de preocupante. Esa negativa abriría una Guerra Civil, y de las buenas, en la Federación. Vayan encargando unos chalecos. Tan cruenta y fratricida se presenta la contienda, que hay quien ya ha desplegado el mapa y está estudiando al detalle por dónde atacar al enemigo y cuándo desplegar las bombas racimo. El ansia de poder no entiende ni de fines de semana ni de puentes. Si algún día salieran a la luz las reuniones clandestinas por Madrid o el cruce de llamadas a deshoras entre interesados, nos íbamos a reír. Las confidencias y rajadas del rey emérito con sus circenses ligues serían meras anécdotas comparadas con la falta de escrúpulos y arrojo de algunos de los autoproclamados candidatos al quite.
Ahora estamos en plena y tediosa confección de la Asamblea General, para la que se necesita un tutorial si alguien quiere entenderla, así que hasta el próximo 2 de diciembre los más valientes tienen tiempo de presentar su candidatura a la presidencia. Eso nos asegura un mes de noviembre de lo más trepidante en el que hay que ir paso a paso sin adelantarse. Aunque algunos no han podido contenerse y ya se han quemado. Rocha y la justicia, guste más o menos, marcarán el paso. Todo lo demás es ciencia ficción. Así que los que posicionan sin su consentimiento al secretario general Álvaro de Miguel, desempolvan a candidatos del pasado o jalean a nuevas y marketinianas opciones con pocas opciones, que sepan una cosa más allá de que les están llevando al matadero: el pasado viernes varios presidentes territoriales llevaron en mano a la RFEF la documentación de los asambleístas de su cuerda que presentarán y, por tanto, su voto a la hora de elegir después al presidente ya está más que condicionado. La RFEF es suya. Siempre lo fue y lo seguirá siendo.