Si no lo hace Xavi, lo hará Benzema

No sé si alguna vez lo he dicho, pero ahí voy: he amado (en pasado) la polivalencia por encima de todas las cosas. Sobre todo en el campo. Mi padre dice que Di Stéfano jugaba de todo y quizás por eso fue uno de los grandes. Mis ojos vieron a Matthäus de mediapunta con el Bayern y Alemania y, con el paso de los años, siguió dando lecciones de mediocentro hasta acabar incluso de central. Como Loren también hizo en la Real. Además, gocé con Luis Enrique, ya fuera delantero o lateral. Jugara de blanco o blaugrana. Y hasta he aplaudido recientemente a Simeone por explotar a Marcos Llorente de todo menos de portero. No hay nada más revitalizante que salir de la zona de confort.
Sin embargo, ahora estoy obligado a reconsiderar mis gustos en presente. Independientemente de los resultados y de las copas de tercera categoría. He comenzado a perder la paciencia con este Barça de Xavi. No sólo es imposible aprenderse un once de carrerilla, sino que es quimérico adivinar la posición natural que defenderá cada futbolista. Tanta movilidad confunde al personal y, lo más importante, desordena al equipo,afea los brotes verdes rumbo a otro Clásico e impide hasta disfrutar plenamente de las señales que nos envía Ansu Fati de que volverá a ser el que era.
Más allá de que los jugadores saltan del banquillo al once inicial con demasiada alegría y sin meritocracia, todo lo contrario que hace Ancelotti con el Madrid, este obsesivo hobby no ayuda para nada a la remontada culé. Aunque algunos lo ven muy chic, tiene poco de divertido. No se sabe bien si la insistencia es por la estrategia de despistar al adversario o por las dudas del entrenador para dar, un año después, con la tecla adecuada.
Ni el propio Sergi Roberto sabe ya qué es. Pasa de desahuciado a capitán tan rápido como de lateral a interior o extremo. Kounde un día es (mal) lateral y otro es (irreconocible) central. Araujo, indiscutible, una tarde juega de káiser en un lado y a la tarde siguiente se sitúa en el opuesto. Marcos Alonso es otro de los paganos que hace de todo. Como Ferran, en ambas bandas y casi todo mal. Imaginen que cada día que ustedes llegaran a la oficina tuvieran tal incertidumbre en sus puestos. Ojalá algún jugador disconforme, que lo hay con este baile, un día se canse y se aferre a su convenio.
Pero hay más. De Jong está deseando que Busquets se pire para aclarar de una vez sus pensamientos. Soy complemento o jefe con mando en plaza, pensará. Un 5 clásico o un escudero en el doble pivote. Y con Dembélé, pues la verdad es que ya estoy hecho todo un lío. Ahora que empezaba a aclararme con su fútbol interruptus, aparecen otra vez las dudas. No sé si me gusta más o menos por la izquierda o la derecha; si es diestro, zurdo o maniego. Lleva seis temporadas en el Barça (¡seis!) y aún no sé que a futbolista me enfrento.
Sé que el mundo avanza y no hay que ir contra el progreso. Tiene un pase lo de los sistemas inventados que deshicieron el 1-4-4-2 de toda la vida. El 1-4-3-3 trajo luz a nuestras vidas. Ya no hay quien frene la fiebre de las rotaciones y la dura realidad de que no nos sepamos un once de memoria como antaño. Y nos retorcemos, qué remedio, con la verbena de los dorsales, que ya no van del 1 al 11 como debía ser. Para los penaltis que se lanzan tras carreras ridículas de moda ya ni reúno fuerzas. Pero hacernos pensar, como en el Metropolitano y en Arabia, que Kessie puede ser segundo punta es para plantarse...
Basta ya o habrá que manifestarse. Por nuestra salud y por la del Barça. Miren dónde juegan siempre Ter Stegen y Lewandowski y lo que hacen. Si Xavi no aporta orden de inmediato a tanto desconcierto, podría ser Benzema el que este domingo ponga al Barça y al entrenador en su sitio.