JJOO | CICLISMO

Las victorias de Evenepoel y Brown no fueron cuestión de peso

Pese a que lo plano del recorrido hacía presagiar campeones de peso, dos rodadores ligeros se alzaron con el oro olímpico en la modalidad individual del ciclismo. Los españoles, discretos.

Remco Evenepoel celebra su victoria en la contrarreloj de París. /AFP
Remco Evenepoel celebra su victoria en la contrarreloj de París. AFP
Fran Reyes

Fran Reyes

Una de las maravillas del ciclismo es que, pese al intenso estudio de todo factor tangible, siempre hay un margen para la excepción. Los técnicos presagiaban que la contrarreloj de los Juegos Olímpicos de París 2024 favorecería a perfiles de rodadores potentes, de chasis pesado para desarrollar vatios sobre la bicicleta. Y sin embargo, tanto en la categoría femenina como en la masculina se impusieron una mujer y un hombre de unos 60 kilos, relegando a los puestos del cajón o incluso al diploma a los ciclistas de mayor palanca. Remco Evenepoel y Grace Brown constituyen dignos campeones para unas pruebas pasadas por agua.

Las mujeres demarraron la competición a las 14:30, bajo una lluvia persistente y sobre un recorrido de 32,4 kilómetros planos con salida y llegada en el bello entorno de la Explanada de los Invalidos y el Puente Alejandro III de París; el mismo que usarían dos horas más tarde los hombres.

La estadounidense Taylor Knibb fue la autora del primer tiempo de referencia en el primer parcial. La triatleta había dado la sorpresa este mes de mayo al imponerse en los campeonatos nacionales de su país, que ejercieron de 'trials' selectivos para los Juegos, a ciclistas de carretera de primer nivel como Kristen Faulkner. El trazado parisino era ideal para una 'bala' como ella; la climatología, sumada con la pintura urbana y lo irregular del firme, no tanto. Para su desgracia, Knibb se fue al suelo hasta cuatro veces, viéndose así relegada a la segunda parte de la clasificación (19ª) junto a la representante española Mireia Benito (22ª), quien también se fue al suelo.

La meteorología eliminó de las medallas a otras dos ciclistas que, aspirantes a todo en circunstancias normales, vieron condicionadas sus respectivas actuaciones. Una era la neerlandesa Ellen Van Dijk, quien vio frustrada su última ocasión de colgarse un metal olímpico por una fractura en el tobillo que se produjo entrenando a principios de junio, que todavía le impide calar sus pedales automáticos y que le indujo un miedo a trazar las curvas mojadas que le dejaron sin diploma (11ª). La otra era la belga Lotte Kopecky, recién superada la Covid-19 que contrajo tras el Giro de Italia, quien se cayó una vez y ya no quiso arriesgar un ápice (6ª) pensando en las pruebas de fondo en carretera y pista en las que aspira a coronarse tras arrasar en los Súper Mundiales de Glasgow.

La pelea por la victoria quedó entonces definida entre dos mujeres extraordinarias: la australiana Grace Brown, ex corredora a pie que ha decidido retirarse este invierno, en pleno cénit de su vida deportiva, porque simplemente echa mucho de menos Australia y no quiere pasar más tiempo con el dorsal puesto en Europa; y la estadounidense Chloé Dygert, vigente campeona del mundo que se considera a sí misma una enviada de Dios. La 'aussie' tomó ventaja desde el primer parcial; la 'yankee' se vio fuera definitivamente relegada por una caída. Oro para Brown, bronce para Dygert, y plata para la británica Anna Henderson. Las medallas de chocolate fueron para la local Juliette Labous, a 8" de Dygert, y la estelar Demi Vollering, a 18".

Igualmente sobre mojado compitieron los hombres. El escalafón del orden de salida se reflejó casi al milímetro en los tiempos de meta, relegando a Oier Lazkano al tercio bajo de la tabla (26º de 32) y provocando que los 10 primeros formaran parte de los 14 últimos en salir. El único que se lo saltó de forma ostensible fue Wout van Aert. El superclase belga, discreto para sus estándares en un Tour de Francia que completó con el freno de mano y la mente puesta en París, disputó la crono con dos ruedas lenticulares, una configuración muy agresiva que delataba sus esperanzas de brillar.

Los 36'37" de Van Aert valieron una medalla de bronce por sólo dos segundos respecto al británico Josh Tarling, quien vio escaparse el metal en un improbable pinchazo durante sus primeros compases que le obligó a cambiar de montura. A sus 20 años, el poderoso rodador de Ineos Grenadiers (casi 80 kilos) ya es campeón de Europa y bronce mundialista. Dispondrá de al menos dos ocasiones más de coronarse con los laureles olímpicos; al fin y al cabo, está destinado a convertirse en el mejor contrarrelojista del mundo.

Hace sólo tres años, el italiano Filippo Ganna detentaba ese estatus. Sin embargo, el durísimo perfil de Tokio castigó su envergadura y le dejó 5º, a sólo 5" de la plata y 2" del bronce. Esta vez, se hizo con el segundo cajón del podio de forma cómoda. El primero, en cambio, tenía dueño desde hace meses. Se llama Remco Evenepoel y, no obstante su peso 20 kilos inferior a Ganna, desarrolla una potencia equiparable en el llano que posteriormente optimiza con una aerodinámica de locura.

El título olímpico hace justicia a la trayectoria del talento belga. Desde agosto de 2021, ha acabado entre los cuatro primeros de todas las cronos que ha disputado, lo cual incluye once victorias en esta modalidad repartidas entre las tres grandes vueltas y el Campeonato del Mundo de cuyo maillot arcoíris es dueño. Evenepoel llegaba en estado de gracia tras su podio en el Tour de Francia, y sus rivales Ganna, Van Aert y Tarling sólo pudieron aplaudir su triunfo.