JJOO

La historia secreta de cómo París decidió sacar la inauguración de los Juegos Olímpicos del estadio y llevarla al Sena y la Torre Eiffel

Pierre Rabadan, vicealcalde de París, habla con Relevo sobre el pistoletazo de salida de los Juegos.

Preparativos de la ceremonia de inauguración de los Juegos en torno a la Torre Eiffel. /EFE
Preparativos de la ceremonia de inauguración de los Juegos en torno a la Torre Eiffel. EFE
Sebastián Fest

Sebastián Fest

París.- En 2017, una pista de atletismo flotó sobre el río Sena. En 2018, Buenos Aires inauguró los Juegos Olímpicos de la Juventud en la más emblemática de sus avenidas. Y un día, los responsables de París 2024 y del Comité Olímpico Internacional (COI) se miraron a los ojos y se hicieron una pregunta que venía rondando por sus cabezas: ¿quién nos obliga a abrir los Juegos en un estadio?

"Sentimos que teníamos la oportunidad de cambiar el modelo de ceremonias inaugurales. Y Buenos Aires nos confirmó que era posible". El que habla es Pierre Rabadan, vicealcalde de París, adjunto a Anne Hidalgo, la mujer que nació hace 65 años en San Fernando (Cádiz) y gobierna desde hace una década la capital de Francia.

"Fue una reflexión larga, no solo por parte de París, sino también del COI", añadió Rabadan, un exinternacional de rugby que jugó durante toda su carrera en el Stade Français, en una extensa entrevista con Relevo en la sede del ayuntamiento, un imponente palacio que se comenzó a construir en 1535 en el corazón de París. Rabadan, 192 centímetros de altura, es el hombre directamente a cargo de los Juegos, tiene todos los datos en la cabeza y desgrana unos cuantos de ellos en inglés, y por momentos en un más que aceptable español.

Hace 26 años, Saint-Denis, el problemático suburbio parisino, fue escenario de una pequeña gran revolución para la capital francesa: el Mundial de fútbol de 1998 se inauguraba en un sitio que a lo lejos parecía un plato volador, un estadio dotado de los últimos avances tecnológicos. La cosa salió bien: ese nuevo estadio fue un emblema de aquella Copa del Mundo, pero sobre todo el escenario del título de Zinedine Zidane, Didier Deschamps y compañía.

Ese estadio marcará el cierre de los Juegos el 11 de agosto, pero lo más interesante que está pasando en estos días en Saint-Denis son los ensayos secretos de 50 bailarines en una fábrica en ese barrio del extrarradio parisino. Thomas Jolly está a cargo de la dirección artística y no quiere soltar prenda, como sucede antes de toda ceremonia inaugural. Pero esta es diferente, porque se desarrollará en las aguas y las orillas del Sena, el río que cruza París.

"En 2017 organizamos en París el Día Olímpico, y eso fue antes de que supiéramos si nosotros o Los Angeles organizábamos los Juegos de 2024 [cuyas sedes se decidieron en septiembre de 2017]. Usamos la arena del río para crear una especie de pista en el río, también una pista de atletismo inflable. Y nos dijimos que ahí había algo. Luego, en 2018, cuando vimos lo que hizo Buenos Aires, fue una especie de confirmación para todos de que teníamos que hacer eso".

Una novedad y un gran desafío

Rabadan habla y es bien consciente de que lo que sucederá hoy en París es una absoluta novedad: nunca, en 125 años de historia de los Juegos Olímpicos de verano, la ceremonia inaugural se había celebrado fuera de un estadio. Hasta que llegó el año 128 para que Francia cambie esa tradición iniciada en 1896 en el estadio Panathinaikos de Atenas. Todo un desafío, probablemente necesario, tras unos Juegos distópicos en 2021 en Tokio y los de invierno de 2022 en Pekín. París tiene el desafío de devolverle la normalidad, la espectacularidad y, sobre todo, el público a los Juegos.

"Totalmente. Y lo sabemos desde hace mucho tiempo, es el primer gran evento después de la pandemia del Covid. Es, sin duda, una responsabilidad. Todo el mundo habla de París, de sus aspectos históricos, patrimoniales, culturales. Pero no es una presión, es algo positivo y agradable. Hemos innovado, abrimos los Juegos, porque vamos a hacerlos fuera de los escenarios tradicionales de competiciones, llevando a los espectadores y los atletas a un ambiente único que no conocíamos hasta ahora. Con 26 fan zones para llevar la fiesta a todos los rincones de la ciudad".

Los barcos desfilarán a lo largo de seis kilómetros por el Sena llevando a los deportistas, mientras en las orillas del río el público seguirá la ceremonia de apertura más original en la historia de los Juegos Olímpicos.

Lo de París y el Sena tiene, 32 años después, puntos de contacto con aquella gran historia de éxito que fue Barcelona 92. En 1987, cuando Juan Antonio Samaranch abrió un sobre y leyó "¡Barcelona!", el área de la Barceloneta era una sucesión de alambradas, depósitos y óxido. Para 1992, el año de los Juegos que cambiaron el deporte español, la Barceloneta ya era una playa.

Hidalgo lo tiene bien presente. "Veo un paralelismo porque para mí los Juegos de Barcelona cambiaron por completo la ciudad. La ciudad se abrió al mar", dijo a Around the Rings durante los Juegos de Tokio. Y Buenos Aires la inspiró con su ceremonia inaugural.

"Lo vimos y fue estupendo. Sí, eso me interesó muchísimo, y desde el principio de la candidatura de París con Tony [Estanguet, cabeza del comité organizador] hablamos de esto. Yo le dije, mira, yo creo que podemos tener una ceremonia para abrir los Juegos que sea menos convencional que en un estadio y que se pueda hacer en el centro de la ciudad".

Pierre Rabadan, vicealcalde de París.
Pierre Rabadan, vicealcalde de París.

Sin mar como Barcelona, París "se abre al Sena", dice Rabadan. Y acelera el desarrollo de Saint-Denis, "el distrito más pobre y más joven de Francia". Saint-Denis no es, técnicamente, París, pero pegado a ella, la capital francesa sabe que los destinos de ambos están ligados.

"Además de recuperar el Sena, el otro gran legado de los Juegos será la reconexión de la ciudad a través del río", añade Rabadan, que está orgulloso de los niveles de "accesibilidad" de París certificados recientemente por el Comité Paralímpico Internacional, "superiores quizás incluso a los que logró en su momento Barcelona".

El Sena es una seña de identidad de París, pero es mucho más que París, advierte Rabadan.

"El río nace 300 o 400 kilómetros antes de París y termina 400 kilómetros después. El tramo parisino es solo una pequeña sección del río. Por eso es que este trabajo para regenerar el río fue un trabajo colectivo que involucró a muchas otras ciudades y departamentos del país. Probablemente hemos adelantado el reloj unos diez o 15 años gracias a la meta que nos propusimos para los Juegos".

En 2023, Rabadan se arrojó a las aguas del Sena y nadó 200 metros -"una larga distancia para mí"- y se sorprendió con la temperatura "agradable" del agua. No vio peces mientras daba las brazadas, pero celebra el hecho de que, tras los Juegos, París contará con tres diferentes zonas en las que se podrá nadar en el río.

Fue Jacques Chirac en 1988, cuando era alcalde de París, quien dijo que los parisinos volverían a nadar en el Sena. Pasaron 36 años para que esa idea, que parecía inviable, se hiciera realidad.

Una ceremonia entre barcos y la Torre Eiffel

Rabadan se entusiasma al describir la ceremonia inaugural que comenzará en el río y terminará en la explanada de Trocadero, con la Torre Eiffel como escenografía. Toma un papel y un bolígrafo y dibuja un plano para que se le entienda mejor.

"En el Trocadero habrá una especie de estadio para 15.000 personas. Los botes que llevarán a las delegaciones serán 86. Los atletas se bajarán de los barcos a la altura de la Biblioteca Nacional y se encaminarán a la ceremonia donde se escucharán los discursos inaugurales. Las autoridades, jefes de Estado y de gobierno invitados especiales, estarán allí, en Trocadero".

"Claro, bajarse del barco y caminar hasta Trocadero es fácil para los primeros, pero para el barco número 86 será realmente mucho más largo. Las delegaciones en esos últimos barcos deberán tomarse un autobús para llegar a Trocadero".

¿Estamos ante una pesadilla logística por culpa de la "originalidad" a la que apuesta París? Rabadan cree que no.

"No es una pesadilla. Pero es más difícil organizar que en un estadio, definitivamente lo es. Pero no es una pesadilla, porque estamos trabajando en todos los detalles y somos conscientes del desafío".