Federica Pellegrini y la vida después de ser la reina de la natación: "Tras la primera medalla, comencé a tener problemas con mi cuerpo"
La exnadadora italiana se erigió campeona olímpica en Pekín 2008 y repasa en Relevo su carrera.

La Divina, como le apodan, no necesita que se dilaten en su presentación. Es simplemente la mejor nadadora italiana de todos los tiempos, y quizás una de las más longevas a nivel mundial en su gran especialidad: 200 y 400 estilo libre, donde ha coleccionado un buen puñado de medallas, algunas de ellas olímpicas.
Federica Pellegrini (Mirano, 1988) charla con Relevo no solamente de sus primeros Juegos, con tan solo 16 años, sino de los problemas de salud mental que le han acompañado durante gran parte de su exitosa carrera. Hoy, ya retirada, trabaja en televisión e intenta conciliar su reciente maternidad con la academia que dirige, donde se preparan nuevas sirenas. Ha vivido muchas vidas, y es generosa compartiéndolas todas.
Fuiste una de las primeras en atreverse a hablar de los problemas mentales que sufren los deportistas de élite. Hoy el tema está en boga, pero antes era todo mucho más complicado. Además de la patología, había que luchar contra los estigmas de una sociedad impreparada para escuchar sin soltar juicios banales y superficiales que podían herir la sensibilidad.
El tema de la salud mental es un problema que me toca especialmente, porque lo he vivido. Como miembro del COI (Comité Olímpico Italiano) siempre intento sensibilizar con este aspecto, desgraciadamente aun infravalorado. Referido a esto, tuve dos momentos durísimos en mi vida: el primero, cuando tenía 16 años, nada más ganar la medalla de plata en Atenas '04.
¿Qué sucedió?
Comencé a tener problemas con mi cuerpo. Me veía gorda, y entonces caí en la bulimia. Tardé dos años en recuperarme y volver a coger de nuevo las riendas de mi vida.
¿Y el segundo episodio?
Años después, cuando ya había conquistado el oro olímpico en Pekín (primer éxito femenino de este calibre en la historia italiana de la natación) y tras haber cosechado éxitos importantes en los Mundiales. Llegaron las crisis de ansiedad, con esa sensación de asfixia que me venía poco antes de competir en los 400 estilos. Por suerte, la ayuda de mi familia y el seguimiento de profesionales en este ámbito me ayudaron a salir. Lo único que puedo decir ahora es que quien viva esto -sean o no deportistas- no tiene que avergonzarse. Todo el mundo tiene fragilidades, y estas no hay que esconderlas o negarlas. El único modo de salir es identificar el problema, y después encontrar las personas competentes que te ayudarán a salir.

En tu caso, ¿cómo aprendiste a gestionar la presión?
Necesité tiempo, y como se puede ver no siempre conseguí hacerlo. Lo más difícil, quizás, es hacer las paces con la conciencia… Saber que en el deporte se gana y se pierde. El secreto es la capacidad para comenzar de nuevo, sea una victoria o una derrota.
¿De qué tienes miedo hoy día?
Mis únicos miedos están relacionados con mi hija Matilde. El mundo que le espera, donde deberá crecer sana y libre.
¿Temes y amas el agua?
Forma parte de mi vida el agua. Siempre me gustó estar con ella. Lo único que temo es nadar en mar abierto, cuando no se ve el fondo. También he aprendido a afrontar esto.

Fuiste madre justo después de retirarte. Sé que no lo has vivido, pero hay muchas deportistas de élite que deben compaginar esto. Imagino que esa experiencia no debe ser fácil.
Como bien dices, eso no lo viví. Puedo imaginar lo duro que es. El cuerpo cambia, y volver a encontrar la forma física después no es fácil. No es algo que se da por hecho, ni mucho menos. Otra cosa que cambian son las prioridades, porque en los primeros meses -sobre todo si es el primer hijo- descubres un mundo para vivir completamente nuevo. En él, tú estás en segundo plano para poder, además, sincronizarte con otro ser vivo. Ahí, creo, hay que dar el 100%.
A nivel puramente deportivo, una de sus grandes rivales fue la fenomenal Katie Ledecky.
Tuve una carrera longeva. Hubo muchas rivales, y por supuesto ella fue una de las mejores. Explotó cuando era muy joven, y comenzamos a competir en 2012. Muy orgullosa de haberla tenido como rival. Ha hecho historia en la natación, y a mí me ha mejorado sin duda.
Es de sobra sabido que cuando un deportista lo deja se crea un vacío importante. En tu caso, ¿dónde has encontrado la adrenalina para -de alguna manera- poder colmarlo?
Sinceramente, no se puede sustituir lo que me daba la competición, la natación de alto nivel en general. Eso, un poco, lo echo de menos. Creo que todo tiene un inicio y un final, y ahora tengo una nueva vida, llena de asuntos profesionales diferentes… Además de una familia que ha crecido con la llegada de Matilde. En realidad, este vacío del que hablas lo he rellenado, sí.

Háblanos de tu Academy.
Es un proyecto donde he depositado mucha ilusión. La llevo junto a Matteo (su marido; antes entrenador). Intentamos transmitir nuestras competencias técnicas a futuros deportistas. También les dotamos de herramientas para que puedan aunar el deporte con otras actividades, por ejemplo, el estudio. ¿Sabes? Me encanta enseñar y relacionarme con los más jóvenes. Uso mi experiencia, mi aprendizaje para que aprendan chicos y chicas que están comenzando en esto. Además, hacerlo en un lugar magnífico como Livigno (Lombardia), y en una estructura como Aquagranda, lo convierte en algo perfecto.
Una vez leí que Tinto Brass (considerado el maestro del cine erótico italiano), te ofreció un papel. ¿Eso es cierto?
Sí, cuando tenía 18 años, pero obviamente lo rechacé. Muchos me dijeron que habría tenido éxito. Sinceramente, no nací para ser actriz, luego acerté en declinar la oferta.
No me has dicho qué te gusta de España.
Sierra Nevada, y con ella toda Granada. La amo con locura. Es una ciudad que siento vibrar y me da energía. Es como si la conociera de toda la vida.