José Antonio Ponseti le enseñó la NFL a España después de ser 'panadero' de El Día Después: "Me pasaron cosas absolutamente alucinantes"
El comunicador repasa su carrera que le ha llevado a triunfar tanto en la radio como en la televisión sin necesidad de darse importancia.

José Antonio Ponseti era becario de la Ser en Barcelona cuando toda su vida estaba a punto de cambiar. Llegó el Canal+ cuando nadie sabía lo que era eso y, por talento y personalidad, todo desde ahí pareció ir rodado. No tiene voz de radio clásica, pero siempre ha hecho radio e incluso la ha revolucionado. Lo mismo se puede decir de su paso por televisión. En la entrevista se muestra como delante del micrófono: divertido, locuaz, cercano. Tiene tantas historias que contar que lo suyo es dividir la charla para disfrutarla convenientemente. En esta primera se mira a la televisión, al fútbol americano o a su programa de aventuras. Más adelante, en otros dos episodios, llegarán los rallys y la radio deportiva. Todo el mundo habla bien de él y no es difícil intuir por qué.
Por empezar por algún sitio, podemos empezar por Canal+. Hace poco Alfredo Relaño tuvo una tertulia en Relevo y se le veía especialmente orgulloso por aquel equipo que formó y, por encima de todo, por haber sido capaz de descubrir algunos grandes talentos entre los que te encuentras. Destacaba su capacidad para encontrar gente diferente, incluso rara. ¿Cómo era aquel Canal+?
Mira, la historia de Canal+ es francamente fascinante, en mi caso y creo que en el caso global. Yo estoy en Canal+ Deportes en los principios, yo ya estoy en aquellos tiempos en la SER, en Radio Barcelona, de becario, y desde el principio, aparte de ser un apasionado del fútbol, me doy cuenta que hay una serie de deportes que me han acompañado en la vida, porque mi padre era muy aficionado al deporte, como es el motor, como son los deportes americanos, que me apetecía mucho poder trasladarlos con más fuerza en la radio.
Cosa que hago en Radio Barcelona, a pesar de ser becario. Y eso marca la diferencia. Me explico. Yo jugaba fútbol americano, llegaba de entrenar y tenía que esconder el equipo porque era muy grande y mi jefe en la radio en aquella época no quería ni oír hablar de que apareciera ya yo como becario con dos bolsas. Ya empecé a hacer cosas de fútbol americano allí. Alfredo decide empezar a sumar en esos inicios de Canal+ deportes americanos y alguien le dice "hay un tío en Barcelona que es un chalao'". En aquel momento estaban fichando a Pedrerol, yo trabajaba con Pedrerol, yo era becario de Pedrerol en aquella época en el Carrusel Cataluña, y por ahí debía venir. Alfredo se sorprendió porque dijo "¿Quién es este tío que está haciendo deportes americanos, deportes de motor, que tiene ahí un carruselillo medio suyo que cuela siempre noticias?"
Y entonces me llaman para conocerme, me traen a Madrid y me ponen así, sin más, una cinta de un partido que aún me acuerdo, que jugaban los Kansas City Chiefs contra el equipo de Chicago, Chicago Bears. Y me dicen "¿tú serías capaz de narrar esto?" digo sí, claro, y me meten así a pelo, sin alineaciones, sin nada, en una cabina y me ponen a narrar un partido como el americano. No debí hacerlo nada mal, porque cuando salgo de la narración estaban ahí los tres o cuatro que formaban en aquel momento deportes en el Plus, Crespo, Nieto, por supuesto Alfredo, Titín y tal y me dijeron, "Mira tío, no entendemos nada de este deporte, pero la sensación que nos has trasladado es que sabes lo que estás contando y lo que estás haciendo". Y me fichan. Pero así ¿eh?, salgo de esa narración y me dicen, 'bienvenido a Canal+'.
En aquel momento no se había incorporado ni Antoni [Daimiel], ni Nico [Abad], ni [Juanjo] Vispe, por supuesto. Estaba lo más básico, estaba Martínez, Esteban Cuesta, estaba Nieto, estaba Crespo, estaba Chus del Río y me estoy a lo mejor dejando a alguien [más tarde en la conversación recordará que también estaba Maldini]. Seis tíos éramos.
El objetivo teníamos que llegar era a 300.000, si no cerraban, ese era el punto de inflexión. Y entonces, claro, todos empezamos a hacer de todo, porque empieza a llegar mucho deporte. El Día Después lo presentaban Nacho Lewin y Valdano. En una de estas, es campeón del mundo Carlos Sainz, porque yo seguía trabajando para la radio y seguía cubriendo, por ejemplo, el mundial de rallys para la SER y trajimos su coche a El Día Después y lo entramos al programa. Se hace el programa con el Toyota aparcado ahí.
Eran unos momentos muy diferentes y claramente Alfredo buscaba tíos muy diferentes, con un registro nada habitual de lo que se podía encontrar, digamos, en la clase media periodística de aquel momento.
Da la sensación de que había una ausencia total de límites.
Sí, era carta blanca. O sea, te decían, "¿qué harías tú con esto?" A chavales que éramos unos locos, entre comillas, en positivo. Valía todo. Yo doy ese salto cualitativo, la NFL empieza a funcionar, me pasan cosas absolutamente alucinantes. Yo era parte de los equipos que durante el fin de semana iban a los campos para traer 'Lo que el ojo no ve', las cosas para El Día Después. A mí se me acercaban el Bernabéu, y me hice muy amigo de ellos, de Butragueño, Míchel... la gente de la Quinta del Buitre. Porque me veían en los partidos de fútbol americano y se acercaban a mí para hablar de fútbol americano. Era la flipada máxima. Imagínate estar en el Bernabéu antes de un partido y que se te acerquen 4 o 5 tíos titulares de verdad, no para que les entrevistes, no para nada, sino para, "oye, que vimos el partido de San Francisco, que vimos el partido y tal, que ¿este tío quién es?", y preguntándote cosas. Era muy sorprendente, y entonces el fútbol americano empieza a crecer, pero llegan los rallies, y Relaño, que ya sabía el tipo de bicho raro que era, me dice, "Ponse, Mundial de Rallies, tío".
[Aquí la conversación encara su tiempo siguiendo a Carlos Sainz, pero esa parte de la charla es tan larga y detallada que amerita su espacio propio. Llegará en otro capítulo, el que explica cómo reinventaron un deporte que, aunque hoy suene raro, llegó a ser de máximo seguimiento en España]
¿Cómo se trabajaba en El Día Después? Se te asocia poco con el fútbol, pero forma parte de tu carrera. Ese programa marcó la juventud de muchos aficionados, porque además era de lo poco en abierto que tenía la cadena.
Yo era un panadero más. Ahí sí que estábamos ya todos, estaba Nico, Antoni, Vispe... toda la tropa. A nosotros nos asignaban un partido cada fin de semana. Uno o dos. Había una serie de objetivos claros, había que encontrar cosas para 'Lo que el ojo no ve'. Hubo una época que hacíamos cantos de las gradas, se buscaba los cantos. Había que seguir cosas curiosas que pasaran en el terreno de juego. Era mucho más fácil trabajar entonces, había que meterse en todos lados. No me acuerdo quién se lesionó, pero recuerdo una movida en el campo del Espanyol, en Sarriá, se lesiona alguien, y yo terminé en el vestuario con el médico y el lesionado. Eran cosas que hoy en día son impensables. Viví una tragedia terrible en el campo del Espanyol, no sé si te acuerdas, de un tío que lanzó una bengala y se le clavó a un niño y lo mató. También me tocó vivir todo eso.
Entonces nosotros, los panaderos, íbamos, filmábamos todo lo que podíamos y más, nos metíamos hasta la cocina en muchos sitios, nos llevábamos algún pescozón que otro a veces. La gente empezó a protegerse en los estadios, cuando digo la gente, hablo de los jugadores, los entrenadores y todo eso, a raíz de nosotros, siempre decían, "a ver, ¿dónde está el del plus?". Porque al principio molaba mucho, pero luego empezamos a ser enemigos públicos.
Luego llegabas por la noche, y en la noche del domingo había que preparar una cinta con todo lo mejor que habías conseguido durante el partido, porque esa cinta, y aquí venía la movida, esa cinta la visionaba por la mañana, por ejemplo, Michael [Robinson], Pedre, quien estuviera, más Alfredo, más tal... y escogían lo que iba. Claro, lo que tú querías era estar en el programa, que habías currado como un bestia. Íbamos todos muy a saco a conseguir cosas muy potentes para poder estar en el programa.
A nosotros se nos llamaba precisamente los panaderos porque nos pasábamos toda la madrugada, del domingo al lunes, montando todo para que ellos, cuando llegasen por la mañana, vieran todo lo que había. Eso eran las imágenes que luego veíais vosotros en casa en El Día Después y se hacían esas historias tan chulas y había cosas cumbre. Hubo miles de cosas alucinantes.
Esas imágenes eran claves para el éxito del programa, como también lo era Michael Robinson. ¿Cómo era trabajar con él?
Michael era otra liga. Michael desde el principio, y se dio cuenta, cómo no, Alfredo desde el minuto uno, era un tío que tenía el show business absolutamente en el ADN, que entendía muy bien cómo funcionaba la tele y cómo había que hacer para que eso fuera diferente.
Parte de la inspiración, yo creo, de que El Día Después pegara ese salto cualitativo tan brutal de lo que había sido al principio, que al principio había sido un programa polideportivo, a que fuera el programa de fútbol, el referente, yo creo que fue Michael.
Michael era un tío que muchas veces, además, te decía, te ayudaba, "Oye, he visto que has hecho esto y tal, mira, en el próximo partido ponte ahí, o mira esto, o sigue a este, o busca esto". Claro, era un tío que venía de dentro, que sabía lo que era el fútbol perfectamente porque había jugado a todo nivel pero que además entendía nuestros códigos. Entendía lo que a la gente le puede molar o no.
En aquel equipo de gente diferente Maldini tiene un lugar destacado.
Maldini está desde el principio, Maldini es un tío clave también en todo el proceso, porque Maldini era uno más de nosotros, era un tío que era un loco del fútbol, que sabía mucho. Maldini vivía con Antoni y con Nico, compartían casa. La habitación de Maldini era un descojone, abría los cajones y en vez de encontrar ropa interior o camisetas había cintas de vídeo. De un partido de Turquía o de un partido que le había mandado un colega de Armenia. Que yo lo veía y le decía, "pero tío, Julio".
Lo que Maldini era el fútbol, por ejemplo, yo era los rallies. Yo me buscaba imágenes de rallies o de fútbol americano debajo de las piedras. En aquella época en VHS, te mandaban cosas rarísimas. Maldini lo hacía con el fútbol a nivel descomunal, porque tenía amigos en todo el mundo.
A mí me ha pasado que, como yo viajaba tanto por el mundial de rallies, me decía "Oye, tío, ¿te vas a Malta?". Sí. "Va a venir un tío al hotel y te va a dejar unas cintas de un partido de no sé qué equipo contra no sé qué equipo". Yo le decía "hostia, Julio, no me jodas". "Sí, sí, sí, tú no te preocupes". Yo le he traído cintas de partidos rarísimos, que yo venía del fin del mundo. O él se anticipaba "¿Vas al rally de Nueva Zelanda?". Sí. "En Auckland, en la capital, hay un colega que me ha grabado...". ¿Pero cómo puede ser? Era así, era así.
José Antonio Ponseti es lo opuesto a esa gente que siempre parece enfadada y nerviosa. ¿Eso te ha ayudado en tu carrera?
Es que es una actitud de vida. Realmente, yo creo que no lo he hecho tan conscientemente, pero es cierto. Claro que me enfado, claro que me cabreo y tengo mis malos momentos como todo hijo de vecino, pero para mí esta vida siempre ha sido muy en ir para adelante, ir en positivo, que ya la vida es lo que es, como para encima andar cabreado todo el día. Yo creo que eso lo trasladé al día a día de mi manera de ser, al día a día del deporte y, probablemente, eso me ha ayudado muchísimo con mucha gente. Yo creo que en esta vida no cuesta nada ser amable y, en cambio, hay que ser muy borde para ser un borde. Entonces, mejor que estés en positivo, porque nadie tiene la culpa de las cosas que te puedan estar pasando a ti en tu casa o en tu trabajo, la gente tiene otras cosas.
Como para todo el mundo, la vida no te lo pone fácil y hay cosas que te pasan por encima. Pero la gente te escucha y, ¿tú qué prefieres: escuchar a alguien encabronado y mentando a la madre o a alguien positivo que te cuenta las cosas? Que sí, que hoy en día y pasa y que hay mucha gente que se apunta un bombardeo a eso. Yo creo que ese positivismo me junta con Luis Moya, porque él es como yo, es un tío tremendamente positivo a pesar de las adversidades. Te vas encontrando con esos personajes por el camino y vas atrayendo a esos polos en positivo.
Es difícil entender a José Antonio Ponseti sin hablar de la NFL. Y también al revés, el fútbol americano no sería lo mismo en España sin tu presencia. ¿Tienes un poco de orgullo paterno?
Mira, hay mucha gente que no lo entiende, pero no sabes la alegría que me da ver la cantidad de podcast, de programas, de gente joven que se ha metido en esto, que habla de esto. Cuando yo hago la famosa retransmisión en una cabina del Plus en el 90, 91, de ese partido entre Chicago y Kansas City, en la vida me hubiese imaginado que esto habría llegado hasta donde ha llegado.
Ni me lo habría imaginado cuando yo jugaba finales de los 80 en la primera liga que hubo en España con el equipo de los Búfals del Poblenou, que yo venía de San Francisco, venía de ver jugar a Joe Montana, me acredité en el Candlestick Pack y vi jugar a los 49ers dorados de aquella época. Jamás lo imaginé. Entonces, cuando hoy hay tantísima gente, me emociona. Me emociona que venga la NFL aquí, me emociona que pueda estar cubriendo una semana entera la Super Bowl en Estados Unidos, haciendo programas diarios, que sigan las retransmisiones, que las retransmisiones de la noche ahora sean retransmisiones puras y duras, como puede ser la de la final de una Champions... O sea, todo esto es bestial, tío, es que en 40 años le hemos dado la vuelta a la tortilla, es que los americanos están buscando dónde jugar en España. Es que es la leche.
Es que nosotros queremos llevar a jugar al Barça y al Girona o a no sé qué, a Miami, pero que estos tíos lo han traído aquí ya. O sea, ya están en Londres, ya están en Berlín, en Frankfurt, en Brasil, en México y están aquí, probablemente se vayan a Australia. O sea, es la hostia.
En todo eso hay un pequeño universo que contiene muchas cosas llamado 100 yardas.
Claro, 100 yardas. En eso también he tenido suerte en el camino. Yo me he ido encontrando con gente en el camino, con un montón de gente, muy buena toda. Con algunas he estado mejor, con algunas he estado peor, me he llevado mejor, me he entendido mejor, me he desentendido, porque yo creo que es el camino, es proceso de vida. Yo empecé con Guillermo Gómez en el Plus, luego se sumó Andrea Zanoni, y luego, de pronto, llega la radio, llega el final de Carrusel, empieza 80 y la madre [un morning show que presentó en M80 desde 2014] y hay la oportunidad de hacer una sección de fútbol americano.
Planteo esa sección, que al año siguiente se convierte en podcast, porque está el podcast de moda y se convierte en podcast. Y ahí se incorpora Iker [Sagasti], ya estaba Luis Jones, se incorpora Javi Gómez, en aquella época estaba Mac, estaba Moi, estaba gente del Plus, de Movistar Plus en aquel momento, con los cuales tenía relación. Y se va como acotando, ¿no? Los que les apetece hacer unas cosas u otras y se incorpora gente que no conocía de nada y que habla muy bien de fútbol americano y que sabe mucho de fútbol americano. Llega la pandemia y eso explota a lo bestia.
Y en 100 yardas, una vez más, el buen tono, que es clave de nuevo, la buena actitud. El no pensar que todo el mundo que te está viendo sabe fútbol americano, sino al contrario, que has de ayudar a entender y a familiarizar a la gente con las cosas que a ti te gustan. Y 100 yardas pasa de hacer un programa a hacer dos, a hacer tres, a hacer cuatro, a hacer toda la semana.
Hay programas diarios de 100 yardas, el domingo se reacciona en Twitch, en YouTube, en el carrusel que tiene el fútbol americano, porque el fútbol americano a las 7 de la tarde tiene lo que ellos llaman Red Zone, hacen ahí un carrusel tremendo al que nosotros reaccionamos, al que sumamos gente y la comunidad yarder se empieza a convertir en un mundo. Publicamos un libro, 100 historias 100 yardas, llegamos a un acuerdo con La Sal, que son una gente de Vigo, Nacho, una gente que nos ha querido y que nos quiere y que nos trata alucinantemente bien. La gente de La Sal empieza a hacer una línea exclusiva de ropa con temas de 100 yardas, hacen camisetas numeradas del 1 al 100, con lo cual nadie tiene el mismo número ni nadie tiene la misma camiseta, todo el mundo vive de otra manera y se convierte en un fenómeno. Tanto es así que viene la NFL y dice, "oye, que queremos hacer unas ligas en el mundo", 100 yardas se convierte en la liga número uno mundial, por encima de los americanos, de las apuestas que hacemos a ver quién es capaz de llegar y ganar la Super Bowl.
Y la NFL decide, que no lo ha vuelto a hacer ni lo ha hecho con nadie más, que nos convierte en podcast oficial en español para el mundo. Nosotros flipamos, porque esto ha pasado hace dos años. Es que, ¿cuál es tu máxima meta en un deporte? Que te venga a buscar la liga americana y te diga, "no tíos, que mira, ¿veis ahora? Lleváis una medallita y aquí pone NFL, y sois NFL"
Y vas a la Super Bowl y te tratan como un miembro más de NFL. A la hora de todo, de entrevistas, de tener platós y somos parte de la NFL y somos parte del mundo NFL que es precisamente toda la gente que formamos y que son todos de ellos menos nosotros, que somos los primos aventajados del grupo.
Tu relación radiofónica más larga es Ser Aventureros, que es un programa bastante inusual, de madrugada, pero que lleva muchísimo tiempo y si se escucha suena, sin duda, a ti.
Es la confirmación de cómo entré yo a la radio, en ese propósito de hacer cosas diferentes. Yo me voy en Madrid al jefe de programación de entonces y le digo "quiero hacer un programa de esquí, semanal, durante la temporada de esquí, que tenga toda la información de todas las estaciones de esquí y que pueda hablar con protagonistas y que los viernes, por ejemplo, cuando la gente se va a esquiar, tengamos conexiones con todas las emisoras de la SER que tengan estación de esquí y que me cuenten el parte de nieve, lo que hay en las novedades y tal". Mira lo que te estoy contando.
Eso se llama Pistas Blancas y me dan el ok. Pero me dicen, "con una condición". Ese programa dura seis meses, más o menos, la temporada. Me parece mucho seis meses. Pero bueno, había mucha nieve y dura la temporada. A continuación no puedes dejar ese espacio en blanco y tienes que hacer como un programa de deportes, de verano, a lo mejor de viajes... Y ahí nace Ser Aventureros.
Digo, vale, voy a hacer un programa de tíos que suben montañas, que se van a viajar en bici, que dejan todo atrás y se van con su perro a la otra punta del mundo y tal. Así nace Ser Aventureros. Llega el año 99-2000, que yo me voy a Estados Unidos y entonces, en aquel momento Daniel Gavela es el director de la de la SER, el capo, y le digo que me voy a Miami y quiero seguir haciendo Ser Aventureros, pero te voy a ser sincero Pistas Blancas desde Miami... pues suena a un programa de cocainómanos ¿Me va a decir "pero este chalado tío pero cómo va a hacer en Miami un programa de nieve"?
Ahí dejo Pistas Blancas de lado, y por cierto, la creación de Pistas Blancas pone de moda en un montón de rincones de España hacer programas de nieve y programas potentes en tele y tal, porque se dan cuenta que el mundo de la nieve tiene un nicho importante, y me quedo con Ser Aventureros que sólo hace que crecer y crecer y crecer y a día de hoy sigue siendo un referente. Llevamos más de 30 años, es que es una pasada, y seguimos hablando con gente que sigue por el mundo haciendo cosas y con el mismo tono, y con las mismas risas, y con lo mismo.
Y, para terminar, los libros, que también te toca de cerca.
A mí me gusta mucho escribir, y hay un momento antes de la pandemia que yo escribo una historia para hacer un podcast de cinco aviones que desaparecieron frente a las costas de Miami, realmente fueron seis, pero yo escribo una historia al revés. En Estados Unidos, en medio mundo, han escrito la historia del vuelo 19 como el primer gran vuelo desaparecido en una cosa que llaman el Triángulo de las Bermudas, que es una zona especial que va entre Bermudas, Miami y Puerto Rico, y yo escribo para hacer un podcast y ese guion cae en manos de un tío que se llama Gonzalo Albert de Penguin Random House, que se queda fascinado con eso y me llama para que haga una novela.
Te cuento que al principio yo pienso que es una vacilada de alguien y no me lo creo, pero eso es otra historia que ya contaré. Y termino escribiendo El vuelo 19 con el sorpresón para mí de que hago una edición, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, que me pongo número uno en Colombia, que me pongo top 5 en Estados Unidos.
Y de pronto lo que es un mundo muy interior, que a mí siempre me ha gustado muchísimo escribir, porque me relaja, me plantea otro mundo. Pues, venga, me animo a escribir la historia de mi abuelo desaparecido en combate en la Batalla del Ebro, que es La caja azul, y funciona de la bomba, justo con coincidiendo con La caja azul hacemos con el equipo de 100 yardas 100 historias 100 yardas, ahí afortunadamente el trabajo fue menos porque me tocaban sólo 25 páginas, como digo yo, porque era un trozo que escribía Iker, uno que escribía Javi, uno que escribía Luis y mi trozo. Y llegó a mi actual libro Cuando éramos pilotos porque me doy cuenta de que tengo una deuda. Mi primera crónica en El Largero, es de un Dakar, que De la Morena dice "hay un chaval ahí que hace motor en Barcelona, el Ponseti este, pues que haga el Dakar". Así funcionaban las cosas antes.
Y me hice el Dakar. Y me hice el Dakar para El Larguero. Más de la mitad del Dakar me lo hice desde casa, como digo yo. Pero hubo un trozo de que... Y entonces me doy cuenta de que quiero hacer una historia, pero recuperando el espíritu del Dakar de verdad. Del de África, del de los aventureros, de los tíos que se perdían seis días en África y no los encontraban.
Es que se perdió hasta el hijo de Margaret Thatcher. Es es que Thierry Sabine, el organizador del rally, se da cuenta a los dos días que le falta un coche y que es el de hijo de Margaret Thatcher, la primera ministra británica. Y dice, "hay que llamar a la madre y decirle que ha desaparecido" .
Cuando llama a Margaret Thatcher, Margaret Thatcher le dice, "oye, pero lo habrán matado, lo habrán secuestrado, ¿qué ha pasado aquí?". Y Sabune le dice, no te preocupes, que esto es una cosa de los franceses y nosotros lo buscamos.
Lo buscaron que al tercer o cuarto día Margaret Thatcher llama a los argelinos y manda desde Inglaterra a la RAF a buscar a su hijo para que lo encuentren. Afortunadamente bien, el tío está ahí con un transistor, está escuchando que le están buscando, y lo rescatan y lo devuelven a su casa. Que por cierto, esa historia tiene una segunda parte y es que Margaret Thatcher a partir de entonces empieza a tener problemas con los británicos, con sus votantes, porque le achacan, cosa que era cierta, que quién había pagado ese rescate, que había costado millones. Lo había pagado el gobierno, claro, para rescatar al niño del Dakar.
Ese Dakar, de Porcar, de Mas, de Arcarons, de Nani Roma también, y de Isidro Esteva, y de Marc Coma. Y, bueno, pues ese Dakar había que contarlo, porque es el Dakar de Carlos Sainz, que en el 2007 acaba ese Dakar africano y se va para América. Pero ese Dakar es el de todos ellos. Entonces, era un Dakar que necesitaba un extra. Y me animo a contar esa historia.