Cuando tu vendedor de la ONCE gana dos bronces: "Pásame el cupón por las medallas"
Álvaro del Amo conquistó dos medallas de bronce en disco y peso en el pasado Mundial de Atletismo Paralímpico. Además, es vendedor de cupones en el barrio madrileño de Chamartín.

A poco más de un kilómetro de las Torres Kio de Madrid, aquellos edificios inclinados que durante un tiempo fueron símbolo de modernidad en la capital, se encuentra el puesto de la ONCE en el que trabaja Álvaro del Amo, atleta paralímpico español. "He creído que era un currito más", se sorprende Antonio cuando Relevo le señala las dos medallas de bronce que hoy comparten espacio en el escaparate con los cupones que vende Álvaro. No lo sabía, me parece admirable", añade el cliente.
En el pasado Mundial de Atletismo Paralímpico, Álvaro logró dos terceros puestos mundiales, uno en lanzamiento de peso (12,81 metros) y otro de disco (37,60) en las categorías F11 de ciegos totales. "¡Genial! Todo un ejemplo, macho, enhorabuena, más quisiera yo que estoy 'bien' y no hago nada, me da hasta vergüenza…. Pásame el 'rasca' por las medallas, por fi, que ese me va a tocar", dice Miguel Ángel, otro comprador.
Tanto Antonio como Miguel Ángel son clientes de paso, de los muchos que a diario hacen una parada técnica en el centro de trabajo de Del Amo, aprovechando que se encuentra en uno de los centros neurálgicos de la capital española. Y luego están los vecinos de Chamartín, su barrio, que confían al atleta el sueño de aumentar el volumen de su cartera.
"Dos veces me ha dado 150 euros. Lo malo es que también juega él y se lleva toda la suerte", bromea Jorge, él sí es cliente habitual. Las cábalas cuando tu vendedor de cupones es paralímpico son infinitas, tal y como explica el propio Álvaro: "En las competiciones internacionales llevamos el nombre en el dorsal en vez de números. Pero en los dorsales que nos da la Federación de Atletismo de Madrid sí, son tres cifras que cambian cada año y siempre juego al 'triplex' -un tipo apuesta- a ese número con un cliente. Este año, de momento, no nos ha tocado nada", explica a este medio, en una conversación constantemente interrumpida por vecinos que se acercan a su cubículo a saludar y a comprarle un boleto.
"Solamente por aguantarme a mí ya se ha ganado las medallas", se ríe Jesús, otro parroquiano. "Yo me alegro mucho por él, es un fenómeno. A ver si nos toca algo para ir a verte allí a las Olimpiadas de París".
En efecto, además de dos medallas de bronce, Álvaro consiguió la clasificación para los Juegos Paralímpicos de París 2024. "Estoy en una nube -cuenta el medallista-. Imagínate, pienso en cuánto ha costado, en los días que vengo de trabajar y que a lo mejor está diluviando y me tengo que ir de Plaza Castilla a Majadahonda, o que hace 40 grados y tienes que ir al CAR a lanzar… Pero claro, luego te sientas en una terraza a tomarte una cerveza, como me pasó el otro día después del Mundial, y te das cuenta de todo, de la gente que te rodea, del apoyo que te prestan y las facilidades que te dan para que tú puedas centrarte en lograrlo… Y entonces te das cuenta de que ha pasado un año y que tienes dos medallas", relata.

De las Olimpiadas escolares a París 2024
A los 7 años le diagnosticaron retinosis pigmentaria, una enfermedad ocular genética que va provocando pérdida de visión y que en su caso se agravó a los 18 años. Hasta entonces, había practicado varios deportes, en las Olimpiadas escolares de Madrid destacaba en el lanzamiento del peso y cuando jugaba al fútbol era el encargado de los saques de banda. El destino le avisaba de una prometedora carrera como lanzador, pero no se percató de las señales hasta que conoció al pentacampeón paralímpico Alfonso Fidalgo, quien le invitó a un entrenamiento con Sinesio Garrachón. Después llegaría una plata en el Campeonato de España. Y luego… el ruido de los aficionados en el Estadio Charlety el mes pasado.
"Antes del último lanzamiento de peso en el Mundial mi entrenador me dijo que era tercero. Yo no me lo creía, faltaba medir el lanzamiento del croata. Pero me dio la bola, me dijo que era tercero, y sentí esa sensación increíble de saber que era bronce hiciese lo que hiciese… Me puse a pedir palmas y escuchaba a toda la grada gritar como locos, es algo indescriptible", recuerda.
"Le dije que no se trajera una medalla de chocolate porque si no, no iba a hablar con él en una semana", le vacila Jorge. El lanzador es un motivo de orgullo para el barrio. "Sé todo lo que hace y me da envidia, pero se esfuerza mucho, muchísimo".
"Yo le he visto en la tele con las medallas. Mira el tamaño que tiene, ya se ve que es atleta", apunta Paloma, otra cliente. Concretamente 1,78 y 105 kg de músculos, y un peinado a lo mohicano obra de su hija, Daniela, que estuvo en el Mundial y que ya cuenta los días para acompañarle en los Juegos de París. En Tokio 2020 no pudo ver a su padre ganar el diploma olímpico in situ por las restricciones pandémicas. "Estoy muy orgullosa porque él ha trabajado mucho para esto y se lo ha ganado. Y obviamente, presumo de él. En el instituto me piden que me lo lleve un día, quieren conocerle", afirma.

El atleta madrileño vende cupones desde 2012, una labor que le permite desarrollar su carrera como deportista ya que la ONCE le da facilidades cuando le toca competir, sin perder sueldo o vacaciones por sus viajes deportivos. Ahora, sabedor de que llega la recta final antes de París 2024, hablará con su trabajo y con el Comité Paralímpico para ver si le becan y puede pedirse una excedencia para centrarse exclusivamente por unos meses en sus segundos Juegos.
"Sinceramente, con quedar entre los ocho primeros en los Juegos, me vale. Pero, si consigo este mismo color -señala el rincón donde sabe que su hija ha dejado sus preseas de bronce-, uf, ya sería una medalla olímpica. Es es como… ¡Buah! Es una sensación tan rara, como… tengo un símil pero no se puede decir" (se ríe).