MUAY THAI

Una pionera que rompe los estigmas del muay thai femenino en Tailandia

Somratsamee Chaisuya pelea este viernes para ser la primera mujer campeona en el Rajadamnern de Bangkok, el estadio más antiguo de Tailandia.

Somratsamee Chaisuya posa antes de un entrenamiento./
Somratsamee Chaisuya posa antes de un entrenamiento.
Álvaro Carrera

Álvaro Carrera

El muay thai es el deporte más famoso y venerado de Tailandia. Para sus habitantes es una religión. Ese motivo provoca que muchos luchadores de todo el mundo acudan allí para empaparse al completo de la cultura. Para los locales la lucha es el día a día. La tradición es muy difícil de cambiar, lo que es algo positivo a la hora de que el deporte perdure entre la población, pero también tiene su parte negativa. La apertura al muay thai femenino es mínima. La tradición afirma que la presencia de la mujer, por el hecho de tener la menstruación, "viola" un espacio sagrado como es el ring. Es difícil romper esos estigmas, pero poco a poco se está haciendo.

Una de las empresas pioneras en este sentido es Rajadamnern World Series (RWS), que realiza sus shows en el Rajadamnern Stadium de Bangkok. Lejos de cinturones de organismos, en Tailandia hay ciertos estadios que están considerados como templos y la importancia de ser campeón allí es mucho mayor a cualquier otro título. El Lumpinee es el más conocido, pero el Rajadamnern está casi a la par ya que es el más antiguo (77 años) del país. La promotora, que comenzó antes del verano, está apostando por el deporte femenino. Están organizando torneos en todos los pesos masculinos posibles y en agosto iniciaron el primero femenino (categoría 50,8 kg).

El simple hecho de permitir peleas femeninas fue un hito, ya que en ningún gran estadio en Tailandia eran posibles. Las ocho luchadoras que iniciaron la competición, entre las que se encuentra la española Desirée Rovira, ya son historia de este deporte, pero un paso más allá irá la ganadora. Este viernes será la final para la que se han clasificado la tailandesa Somratsamee Chaisuya y la turca Zehra Dogan. El caso de la tailandesa es uno de los más fascinantes de este deporte en la actualidad.

Somratsamee nació en la región de Chiang Mai (norte del país, en la frontera con Birmania). Creció en el seno de una familia muy pobre y su padre falleció cuando era una niña. En su adolescencia vio un combate de muay thai y desde ese momento se quedó prendada, quería practicarlo, aunque no sería fácil. "Pensé que era una buena manera para no tener que pedir dinero a mi familia. Ser luchadora es muy difícil. Tienes que soportar palabras de tu entorno que te dicen que no haces lo correcto, por lo que debes tener un amplio nivel de resistencia. No me importa nada de eso. Lucho para mantenerme y mantener a mi familia día a día", afirma la tailandesa a Relevo.

Con tan solo 20 años, Somratsamee cuenta a sus espaldas con 60 combates (50 victorias y 10 derrotas) y es una de las luchadoras locales con mayor proyección. Ya ha ganado tres cinturones de diferentes organizaciones y ha logrado firmar un contrato de esponsorización con la marca española HuaLaan Muay Thai, pero lo de este viernes es diferente. "Tener la oportunidad de pelear en el Rajadamnern es increíble. Me siento muy orgullosa por haberlo logrado y por conseguir que las mujeres tengan los mismos derechos que los hombres. Siempre he soñado con disputar un combate como la final de este viernes. El tiempo pasa rápido y se hará realidad", apunta la luchadora.

El torneo es un hito en cuanto a repercusión, pero también lo es en lo económico. La ganadora se llevará un millón de baht (entorno a 30.000 euros), lo que supone el mismo importe que están cobrando los ganadores masculinos. "Mi sueño es ser campeona para confirmar que soy una de las mejores. En cuanto al dinero, si lo gano ayudaré a mi familia para que no tenga que trabajar más y donaré parte del premio a los niños pobres de mi región. Ese es mi sueño", concluye Somratsamee. La tailandesa eligió el camino difícil para salir de la pobreza, pero tiene en su mano cambiar su vida y la de su familia. Con su esfuerzo y recorrido, ya ha conseguido que el futuro de las mujeres de su país cambie. Es posible ser luchadora. La igualdad en el muay thai está un paso más cerca.