Ilia Topuria, el luchador que empezó por unas orejas de coliflor y acecha el título de UFC
El hispano-georgiano, tras su victoria en el UFC Jacksonville, se sitúa en la conversación del título del peso pluma.

En el año 2012, Inga Topuria caminaba por Alicante cuando se cruzó con un hombre que tenía orejas de coliflor (lesión provocada en la oreja debido a los golpes, típica en los deportistas de contacto). Sin dudarlo, se acercó a él y le preguntó si era luchador. Sus hijos, Aleksandre e Ilia, llevaban pocas semanas en la ciudad y quería llevarles a un gimnasio de artes marciales para que continuaran desarrollando el deporte que llevaban años practicando. El transeúnte entrenaba MMA y le dio la dirección del Climent Club.
Esa misma tarde, Inga apareció allí con sus hijos. Ninguno lo sabía, pero conocer a los hermanos Climent (Agustín y Jorge) les iba a cambiar la vida. Ilia y Aleksandre Topuria habían practicado durante su infancia lucha grecorromana, pero la opción de las MMA les encandiló desde el primer momento. Con 15 y 16 años comenzó la historia de ambos con ese deporte. Ilia nació en Halle (Alemania), pero sus padres son georgianos y su carrera la inició en España, donde vive y ha nacido su hijo, por eso habla con naturalidad del tema. "Represento a Georgia y España".
Dentro de la jaula, los hermanos Topuria siempre han tenido un talento especial frente al resto. Aleksandre no ha tenido una carrera tan llamativa por el momento debido a las lesiones, pero es el principal sparring de su hermano. El uno no se entiende sin el otro. Ilia debutó como profesional con 18 años y dos meses. Sus entrenadores siempre cuentan que en su estreno finalizó a su rival en dos ocasiones. La primera fue tan rápida que la esquina contraria protestó. Tanta confianza tenían en él que no les importó que la pelea se reanudase. El final fue el mismo.
Ilia fue quemando etapas de manera muy rápida. Estaba por encima del resto. Con seis peleas, en 2019, Topuria ya decía que iba a estar en UFC. Tardó más de lo que pensaba en llegar la oportunidad, pero apareció a finales de 2020. El 1 de octubre le avisaron para pelear el 10. No dudó. Hizo las maletas y se fue con su equipo a Abu Dhabi. Ganó a los puntos. La premura y haber pasado el Covid poco antes del pleito no le permitió estar al 100%, pero ganó y no sólo eso, maravilló. Al terminar, Dana White se acercó a saludarle. El mandamás de la UFC hace eso en ocasiones contadas. Había visto talento.
La alerta que le saltó a White la justificó Topuria en sus siguientes combates. Ha finalizado a cuatro de sus cinco siguientes oponentes. El último, Josh Emmett, le obligó a ir a las cartulinas de nuevo, pero la paliza fue de tal tamaño que nadie duda que entrará en el top5 del peso pluma la próxima semana. Estando en esa privilegiada posición el título es posible no sólo por lo deportivo, también por lo que sucede fuera de la jaula. El Matador destila confianza cada vez que toma un micrófono. Tiene carisma. En España ya se ha convertido en una celebridad y en Estados Unidos encandila cada vez más. "Tiene todo para ser campeón", reconoce la prensa yankee. Esa afirmación cada vez está más cerca. El chico que encontró gimnasio gracias a una casualidad es 11 años después uno de los hombres de moda en UFC.