Agostini: el hombre récord del motociclismo
Hasta este domingo, Giacomo Agostini era el último italiano en ganar con una moto italiana en MotoGP. Ayer, Bagnaia repitió el hito 50 años después.

Elegir al mejor piloto de todos los tiempos es una tarea difícil. ¿Cómo se comparan épocas, diferentes tipos de deportistas, de motos y de competencia? Aunque si se tira de estadística pura, siempre habrá un nombre que entrará en lo más alto de la lista de candidatos a ese título honorífico: Giacomo Agostini.
Agostini (Brescia, Italia, 1942) es el que más títulos acumuló en su carrera, 15, una cifra casi imposible de alcanzar en estos tiempos, una vez que en su época se podía competir en dos cilindradas distintas a la vez. En 1968, 1969, 1970, 1971 y 1972 se hizo con las coronas de 350cc y de 500cc. En 1966, 1967 y 1975 logró otras tres en 500cc, más los campeonatos de 350cc de 1973 y 1974. Todos esos mundiales, menos los dos últimos (los de 1974 y 1975) los conquistó sobre una MV Agusta; los otros con Yamaha, siendo el del medio litro el primero de una marca japonesa en la clase reina.
Ese paso a Yamaha llegó por lo que vulgarmente se conoce como un 'ataque de cuernos'. La casa italiana había fichado para 1973 a Phil Read, y el británico terminó siendo campeón. Agostini no se sintió lo suficientemente bien tratado y decidió dar un cambio, un poco parecido a lo que muchos años después hizo Valentino Rossi, cuando dejó a la todopoderosa Honda para recalar en una alicaída Yamaha, en un intento de demostrar que el hombre estaba por encima de la máquina.
En cualquier caso, el italiano fue la gran apuesta del conde Domenico Agusta, fundador de la fábrica dominadora en los años de más brillo de Agostini. Un dominio tan exagerado que llegaba a ganar todas las carreras de la misma temporada, doblando prácticamente a todos sus rivales en alguna de las pruebas… Es más, para mantener su motivación, el conde Agusta llegó a ofrecer a Mino, el apelativo familiar con el que se le conocía (venía del diminutivo Giacomino), premios por batir récords de velocidad, hitos que el piloto fue cumpliendo.
Agostini nació en el seno de una familia acomodada y desde muy joven se sintió atraído por las motos. Su padre cometió el error de regalarle una Bianchi Aquilotto de 50cc para acudir al equivalente a la escuela secundaria, error porque eso despertó sus ansias por las dos ruedas. A los 18 años se sacó la licencia para conducir, y consiguió que le comprasen una Morini 4T-175cc Settebello, una moto con la que ya se podía competir en la época en Italia. Y lo que le dio entrada a ese mundo, después de engañar a su padre para que le firmase el permiso necesario, porque a éste no le hacía ninguna gracia su idea.
La importancia de Agostini en el mundo de la moto, y particularmente en una potencia motociclista como Italia, está a la altura de su palmarés. Y no sólo por sus resultados: su figura terminó rompiendo el molde clásico del piloto como un tipo valiente que se juega la vida para elevarlo al mundo del 'show business'. Para empezar fue de los primeros en cultivarse física y mentalmente, profesionalizando algo que era muy amateur, y muy de pasión. Después se cuidó mucho de promover su imagen, de trabajar la parte de patrocinadores y comunicación. Un paso hacia lo que hoy vemos como normal en el deporte de élite.
Esto le permitió convertirse en un personaje público, un habitual desde finales de los sesenta de la prensa rosa, pendiente de sus amoríos, e incluso reclamado desde el mundo del cine. Porque a principios de los 70 llegó a participar en varias películas (menores): Amore Formula 2, Bolidi sull'asfalto a tutta birra!, Formula 1, en el infierno del Grand Prix…
Agostini, obviamente, fue elevado al estatus de Leyenda de MotoGP. Sigue siendo embajador de Yamaha, con ese hito del primer título nipón de la clase reina, y continúa en los más alto del ranking de títulos y de victorias en grandes premios, 122, un número que ahora parece inalcanzable. Y, a sus 80 años, sigue paseando por los circuitos del Mundial su sonrisa y su carisma cada vez que se le presenta una oportunidad. En Valencia la tuvo, para ver cómo 50 años después otro italiano conseguía hacer triunfar al combo moto-piloto italiano.