MOTOGP

La resignación de Augusto Fernández, un excampeón de Moto2 con el futuro muy en el aire: "De cara al público no hay armas..."

Augusto Fernández encara este tramo de la temporada siendo consciente de que no podrá seguir en la parrilla en 2025.

Augusto Fernández, en la carrera en Assen./REUTERS/Piroschka Van De Wouw
Augusto Fernández, en la carrera en Assen. REUTERS/Piroschka Van De Wouw
Borja González

Borja González

Si miramos la parrilla de MotoGP en modo futuro veremos que, de los 22 pilotos que hay, 13 ya conocen su futuro: 12 que tienen su sitio confirmado en uno de los once equipos, y uno que se retirará al final del año, Aleix Espargaró (y entrará Fermín Aldeguer). Por lo tanto, quedan nueve por colocar, con tres que lo tienen hecho con sus actuales escuderías, a falta sólo de anuncio: Joan Mir con el Repsol Honda, Alex Rins con el Monster Energy Yamaha y Fabio Di Giannantonio con el Pertamina Enduro VR46.

La situación de los seis restantes es muy diferente. El Trackhouse Racing (Aprilia) ya ha apuntado que quiere mantener a Raúl Fernández, mientras que su compañero, Miguel Oliveira, se está moviendo entre esta opción y la del nuevo Pramac Yamaha, que pretende ocupar la segunda plaza con el actual líder de Moto2, Sergio García. En cuanto a Franco Morbidelli, cuarto en la última carrera disputada en Alemania, su vínculo con VR46 (fue el primero al que ayudó Valentino Rossi) podría ser una garantía.

Los otros tres pilotos bailan más. Jack Miller está moviendo sus pocas opciones, porque si Morbidelli termina en VR46 con Di Giannantonio, la segunda plaza en Gresini Racing, para la que sonaba, iría a parar a las manos de Aldeguer, que tiene contrato con Ducati. En su caso juega a favor su pasaporte, porque es el único australiano de una parrilla demasiado copada por españoles e italianos. En el caso de Takaaki Nakagami también la nacionalidad podría ayudar, además del poco interés que despierta su actual moto, la Honda. La fábrica japonesa querría colocar ahí a Ai Ogura, pero el piloto de Moto2 no quiere subir en estas condiciones.

Así que queda un único piloto que sabe a ciencia cierta que no va a poder continuar en MotoGP: Augusto Fernández. El mallorquín- aunque nació en Madrid- está pasando un año muy malo, muy lejos de ser competitivo. Aunque él no quiera verbalizarlo, lo cierto es que desde la pasada temporada no siente que la comunicación con su jefe de mecánicos, la pieza clave en su garaje, fluya como debe, algo que está arrastrando, o que por lo menos no le ayuda. Y una cuestión sobre la que KTM tampoco ha querido intervenir, una vez que esta figura depende ahora mismo directamente de su equipo, de Tech3. De hecho, ese cambio sí que llegará en 2025, cuando aterricen allí Enea Bastianini y Maverick Viñales.

Sea como fuere, Fernández viene expresándose con un discurso poco animoso desde el arranque de la pretemporada. En 2023 sus dificultades se justificaron por su condición de novato, a la vez que su espejo en el box, Pol Espargaró, estuvo en fuera de juego por una lesión. Pero este año a quien tiene al lado es a Pedro Acosta. "Lo gestiono en modo 'lo que tenga que venir va a venir'. Me olvido un poco, intento centrarme en encontrar las sensaciones de volver a ser yo, de volver a ser rápido", explicaba en Sachsenring a pregunta de Relevo. Un objetivo, el de recuperar la velocidad, que viene repitiendo a lo largo del año.

"Gracias a Dios este fin de semana he vuelto a ver un poco de luz y me divierto un poco más, porque, si no, es muy difícil pasar fines de semana así tan malos. Y luego, sí, ojalá nos podamos mostrar y estar ahí delante y conseguir algo en otro paddock, o lo que sea, buenas condiciones y un buen sitio". Porque el campeón del mundo de Moto2 de 2022 tiene claro que su destino no va estar en una bajada de categoría, sino en un cambio de entorno, en SBK. "Sí, yo si no consigo nada aquí, me iré a Superbikes, no bajaré a Moto2", nos decía rotundo. "Hay que conseguir también una buena moto allí, porque luego allí cada equipo también es un mundo. Y lo que esté más ligado a una marca, a una fábrica, que en un momento puedas hacer una sustitución y te mantenga vivo. No sé, volver en algún momento o hacer una buena carrera allí".

Porque lo que no esconde Fernández es que su tarjeta de presentación, en estos momentos, es muy pobre. "Hay pocas armas. Lo he repetido mucho. ¿Qué voy a decir, que soy campeón del mundo de Moto2? Lo soy, pero soy el primero que dice que el año no está yendo bien. Yo sé por qué no ha ido bien y es lo que estoy intentando transmitir. No han querido confiar más, no pasa nada, pero de cara al público no hay armas". El piloto español no ha cumplido aún los 27 años y afronta una situación compleja en una carrera a la que le quedaría mucho por delante.

Si no encuentra ese sitio apropiado en SBK, un mercado con pocas plazas interesantes, la única vía que le podría quedar sería la de pasar a ser piloto de pruebas, en este caso de Yamaha, una marca que busca reforzarse también en esta área, lo que podría permitirle, incluso, correr algunos grandes premios como invitado. De hecho, los japoneses cuentan ahora sólo en ese rol con Cal Crutchlow, que se saltó el Gran Premio de Italia por una lesión, y que tampoco podrá competir en el siguiente de Inglaterra, en una oportunidad que no quieren desperdiciar y para la que van a usar de nuevo a Remy Gardner, que en Alemania cubrió la baja del lesionado Rins.