MOTOGP

Recordando a Daijiro Kato 20 años después de la tragedia: "Era tan talentoso que iba rápido con nada"

En Suzuka 2003 se perdió trágicamente a un piloto singular y a una de las mayores promesas del motociclismo japonés y mundial.

Daijiro Kato, en Valencia en 2002. /EFE
Daijiro Kato, en Valencia en 2002. EFE
Borja González

Borja González

El 20 de abril de 2003, hace 20 años, fallecía en un hospital de Suzuka el piloto japonés Daijiro Kato, que había sufrido un fatal accidente en el mítico circuito de la localidad nipona, un escenario que ya no albergaría nunca más una prueba del Mundial de Motociclismo (aquel incidente fue el que motivó que se instaurase la actual Comisión de Seguridad, en la que pilotos y organización discuten cada viernes de estas cuestiones).

Era la vuelta 3 de la carrera de MotoGP, en un trazado al que Kato había dado cientos de giros. La rueda trasera de su Honda sufría un bloqueo y el piloto se fue al suelo, rebotando contra el guardarraíl. Su cuerpo quedó tendido en medio de la pista, rodeado por los restos de su moto. El porqué nunca se aclaró, aunque parecería extraño que el piloto se hubiese equivocado al frenar, dado el grado de conocimiento que tenía sobre el terreno en el que estaba pilotando.

"La verdad es que no era consciente de la gravedad de Kato. Cuando me lo han dicho me he quedado helado. Lo único que he podido ver es que se le bloqueaba la rueda trasera, no sé si por el freno o porque llevaba una marcha demasiado corta y, a partir de ahí, he visto la moto dando vueltas y de lo único que me he preocupado en ese momento es de que no me tocara, que no se me echara encima. Y nada más. Me he quedado… Aún me sudan las manos", explicó ese día el español Carlos Checa, uno de los que competía en aquel Gran Premio de Japón.

Era la prueba inaugural de aquella temporada y el mismo trazado en el que el de Saitama se había estrenado en el campeonato, como piloto invitado en los 250cc en 1996 y con un tercer puesto. Una época en la que era habitual que irrumpiesen pilotos japoneses como invitados en la prueba de casa. De hecho, ese día ganó Max Biaggi, por delante de otro 'esporádico', Noriyasu Numata (Suzuki).

Daijiro Kato, durante el GP de República Checa en 2002. EPA
Daijiro Kato, durante el GP de República Checa en 2002. EPA

Aunque el caso de Kato era distinto, él era una apuesta de Honda, marca para la que siempre corrió. En 1997 volvió a correr en Suzuka, esta vez ganando por delante de dos fijos de la categoría, Tohru Ukawa y Tetsuya Harada. En 1998 sucedió lo mismo, triunfo de Kato desde la pole y otros dos japoneses por detrás: Shinya Nakano y Naoki Matsudo (los dos con Yamaha). 1999 fue la última prueba en Suzuka de Kato, que sólo podría ser quinto bajo la lluvia.

"Nos llegó por un trámite de Honda. Junto a Aoyama y Takahashi era uno de los pilotos jóvenes de Honda, y el primero en llegar al Mundial fue él", explica Carlo Merlini, director comercial y de marketing de la escudería Gresini Racing, y mano derecha del fallecido Fausto Gresini, fundador y propietario del equipo italiano, que en estas dos últimas temporadas está dirigido por su viuda, Nadia Padovani. "Llegó en 2000 y ya en esa temporada ganamos cuatro carreras y terminamos terceros, y después 2001 fue el año de su consolidación".

En aquella primera temporada ganó de nuevo en Suzuka, y en el tramo final del curso en Estoril (Portugal), en Jacarepaguá (Brasil) y en Motegi (Japón). Su técnico en Gresini, Fabrizio Cecchini, recordaba cómo se sorprendió el día de ese primer triunfo en 2000. "Faltaban 15 minutos para que los pilotos saliesen a pista y no le veíamos. Así que me fui a buscarle a la oficina y me lo encontré durmiendo. Abrió los ojos, se incorporó, se puso el mono, se fue a la pista y ganó. Nunca había visto a un piloto estar así de tranquilo y todavía menos en su carrera de casa…".

Un aura especial

Esa tranquilidad y esa manera de afrontar la competición es algo que dio un brillo especial al aura de Kato. "Vivía un poco en su mundo, a veces se dormía en el box, y de repente se despertaba, le subías a la moto e iba muy fuerte", recuerda con una sonrisa Merlini. El final de su primera campaña completa fue la señal de lo que estaba por venir. El de Saitama arrasó en 2001: ganó desde la pole los cuatro primeros grandes premios, y se llevó otras siete carreras más; y cruzó la meta en tercera posición en Brno (República Checa) y en Sachsenring (Alemania).

"En la carrera de Sachsenring nos pidió perdón porque había fallado, pero no hacía falta. No se pueden ganar todas las carreras de un año", contaba Cecchini al final de ese brillante año, después de que su piloto se quedase a 52 milésimas del ganador, Marco Melandri. El técnico italiano destacaba la profesionalidad y humildad de Kato a la hora de trabajar.

"Técnicamente la comunicación no era fácil, porque él hablaba cuatro palabras de italiano. Pero con Fabrizio, con algunos gestos, las cosas funcionaban.Era tan talentoso que iba rápido con nada", rememora Merlini sobre Kato, que pese a los problemas idiomáticos logró integrarse muy bien en el grupo de italianos de Gresini.

"Creo que habría llegado muy alto en MotoGP. Tenía el talento y la Honda era una moto superior"

Carlo Merlini Director comercial y de marketing de Gresini Racing

"Se adaptó rápido, porque nosotros funcionábamos como una familia, tratábamos de que se sintiese cómodo. Y se hacía querer por el tipo de persona que era". Porque para el mítico 74, lo de desembarcar en el Mundial fue toda una aventura, en un país como Italia de cultura diametralmente opuesta a la japonesa.

"Llegó desde Japón a Italia, dos mundos opuestos, pero con nosotros se encontró cómodo rápidamente. Se vino con Maki (Makiko), su novia. Luego se casaron, creo que en 2002.Tuvieron a Ikko, su primer hijo. Cuando sucedió la tragedia de Suzuka tenía dos años y Maki estaba embarazada de su segunda hija (Rinka), a la que Daijiro no llegó a conocer".

Sete Gibernau dedica su victoria en el GP de Sudáfrica 2003 a Daijiro Kato.  AP
Sete Gibernau dedica su victoria en el GP de Sudáfrica 2003 a Daijiro Kato. AP

Merlini define a Kato como "un japonés un poco particular", un piloto que contó desde el principio con el apoyo de Honda, que mostraba el típico estilo de conducción de los japoneses, fino y sin salirse de la moto, y con una gran valentía. Siguiendo el camino marcado, saltó en 2002 a MotoGP, en un curso en el que estas motos aún convivían con las 500cc.

"Se veía que era el piloto japonés por el que Honda apostaba. Teníamos siempre muchos ingenieros en el box, mucha asistencia y apoyo técnico. Se veía claramente. Después de ganar 250 en 2002 saltó a MotoGP, aunque él comenzó con la 500cc. Y desde Brno le dieron la 1000cc", apunta.

Con aquella 500cc subió al podio en su tercera carrera, en Jerez, aprovechando la menor necesidad de motor, entrando en meta por detrás del imbatible Valentino Rossi, y por delante de otra 1000cc, la de su compatriota Ukawa. "Creo que habría llegado muy alto en MotoGP. Tenía el talento y la Honda en ese momento, en ese inicio de los 4T, era una moto netamente superior a las demás. Valentino ganaba con una mano detrás. Tengo la certeza que habría estado ahí delante", concluye Merlini.

Algo que la tragedia de Suzuka, el 6 de abril de 2003, no permitió comprobar. Dos semanas después fallecía Kato (había cumplido 27 años el 7 de abril), un tipo peculiar y una de las grandes promesas del motociclismo mundial. Un hombre al que aún se recuerda en el paddock, en el que es habitual ver su famoso número 74.