Rafa Muñoz y Ledecky: la dificultad de batir un récord en natación
El explusmarquista mundial en 50 mariposa habla en Relevo sobre el hito de la nadadora estadounidense y cómo le costó a él gestionar su gesta.

La madrugada del pasado 30 de octubre el reloj se convirtió en el centro de todas las miradas. Más allá del cambio de hora, en una piscina de 25 metros de Toronto, el crono se detuvo en 15:08.64. Ese era el tiempo en el que la nadadora Katie Ledecky había completado la prueba de 1.500 en la Copa del Mundo. Y era una marca para la historia. La olimpista estadounidense había pulverizado el récord del mundo al firmar un tiempo casi diez segundos menor que el registro de Sarah Köhler, anterior plusmarca mundial. Esa gesta hizo a más de uno recordar los récords de Mireia Belmonte, entre otros, pero también uno logrado por un nadador nacional que estuvo reinando durante una década. El de Rafa Muñoz en los 50 metros mariposa.
Málaga, abril del año 2009. Semifinales de los Campeonatos de España de Natación. Un joven nadador cordobés de 20 años se tira a la piscina para completar la prueba de los 50 metros mariposa. El crono se para en 22.43 segundos. Él mira el reloj y no da crédito de lo que ocurre. Rafa Muñoz (Córdoba, 1988) acababa de bajar medio segundo la marca del sudafricano Roland Schoeman, quien desde el 2005 ostentaba el récord del mundo en la prueba con un tiempo de 22.96. "A día de hoy no es que no me acuerde, lo hago, pero es algo que aún me sigo sin creer", relata Muñoz a Relevo. Ahora, 13 años después y apartado ya de la natación, este exnadador recuerda su hito, la complejidad que supuso gestionar lo que vino después, y valora lo que supone lo que ha conseguido Ledecky.
La dificultad de batir un récord
"Bajar un récord del mundo 10 segundos en 1.500 metros son muchos segundos. Lo de Ledecky es una pasada. Más aún cuando sabes que cuando vas nadando no tienes ninguna referencia. No ves el crono, no sabes cómo vas. Vas a ciegas", explica Muñoz. Y esto, precisamente, hace aún más épicas este tipo de cuestiones. "Cuando nadas, nadie te dice qué tiempo estás haciendo. Solo eres consciente cuando tocas la pared al final, se para el crono y lo miras. Te puedes dejar ir por las sensaciones que estás sintiendo, pero estas te pueden engañar o no ser lo que esperabas", matiza. Pero, ¿cómo se entrena para ser más rápido en el agua? A través de sensaciones, fuerza y técnica.
"Hay que valorar las sensaciones en los entrenamientos, las marcas y referencias que tienes. También hay que mejorar la fuerza y la técnica. En natación hay muchos aspectos a tener en cuenta", relata. Y todo eso es muy diferente a cualquier deporte que no es acuático. "Al correr, el suelo está fijo, eso no se mueve y esa es tu referencia. Pero al nadar, el punto de apoyo no es fijo, sino móvil. Uno no puede coger el agua. Tienes que tener mucha técnica porque se tiende a buscar un punto de apoyo y eso no se consigue si no es con técnica", aclara el cordobés.
La otra cara del récord
Lo cierto es que si algo demostró Muñoz en aquel campeonato nacional del 2009 es que la técnica la dominaba a la perfección. Tanto, que su récord no fue superado hasta una década después. En julio de 2018, el nadador ucraniano Andriy Govorov paró el crono de los 50 mariposa en 22.27, 16 centésimas menos que el tiempo que firmó el cordobés en aquella piscina de Málaga. Sin embargo, hay cosas que pesan demasiado. Y aquello, en tiempos en los que todavía el coaching o los psicólogos deportivos no estaban a la orden del día, pesó y mucho en Muñoz.
"Fue algo muy impactante. Tanto a nivel personal, mediático… A todos los niveles. Tenía 20 años y a mí, aunque creo que le hubiera pasado igual a cualquier persona, me vino grande. Cada uno lo gestiona de forma diferente y yo lo gestioné mal. Lo superé y ahora lo hablo, pero fue algo que me marcó bastante", reconoce.

"Cuando hice el récord aún no había tantas redes sociales. Todo venía por los medios de comunicación, la prensa escrita, la televisión, la radio… Hoy es distinto con las redes y se conoce que puede pasar. En aquella época nos limitábamos a que la información nos viniera por la prensa y eso nos podía desbordar", confiesa.
Tras ello, Muñoz siguió nadando y logrando medallas, pero a la vez tuvo que lidiar con la cara más amarga a que le derivó el deporte. Cayó en una depresión de la que finalmente salió y por ello hoy puede hablar de ello. Aunque sea después de haber abandonado al "Rafa nadador" que dejó la piscina a los 28 años.
La retirada y su vida actual
De aquel nadador que fue referente "solo queda el cuerpo", confiesa entre risas. Pero lo cierto es que, como bien reconoce, también quedan "la experiencia, los conocimientos y la sabiduría". "Al final soy quien soy gracias a la natación. Tanto a lo que he vivido positivamente como a lo que no. Sigo siendo la misma persona que era cinco o seis años antes de retirarme. Alguien humilde, campechano. Más mayor ahora, pero la misma persona", asegura.
Eso sí, aunque la piscina ahora le queda algo lejos, el deporte sí que continúa en su día a día. "A la natación no sigo muy ligado, pero sigo haciendo deporte. Hago crossfit y pesca submarina, es algo que me apasiona. El crossfit lo empecé a practicar cuando me retiré porque para olvidarme de la natación tuve que meterme a practicar otro deporte. Y, como dicen: un clavo saca otro clavo", confiesa.
Además, el deporte también continúa en su vida laboral, aunque desde otra vertiente. Ahora, Muñoz es jefe de logística de una empresa que se dedica a la venta de material deportivo.
La situación actual de la natación española
Aunque no sea de forma directa, Muñoz sí que continúa al tanto de lo que ocurre en la natación nacional. "Creo que está habiendo una época de transición. Ha habido años muy buenos con un equipo consolidado, ya adulto, y actualmente tenemos un equipo joven", relata. Eso sí, pese a que parece que los triunfos están lejos de los de antes, al menos durante un tiempo, no pierde la esperanza de que la natación española regrese a su máximo esplendor. "Ojalá me equivoque y no tarden en volver los buenos resultados", cierra el nadador.