La sonrisa de David Meca tiene otra cara que nunca salió en televisión: "Hicimos locuras, pero si yo me iba nadie cobraba ahí"
El nadador más mediático de la historia de España cuenta en 'El Vestuario' todo lo que tenía que aguantar en cada uno de sus retos.

Toda la España de mediana y avanzada edad conoce a David Meca, y si no lo hace es que no tenía un televisor en su casa. Auténtico icono de la natación en el país y el resto del Mundo, saltó a la fama no solo por sus victorias, sino porque un positivo por dopaje lo empujó a hacer retos por el Mediterráneo o el Atlántico, a cada cuál más difícil (justo ahora se han cumplido 25 años de su famosa 'Fuga de Alcatraz'). La sonrisa de David era y es inconfundible, pero detrás de ese famoso patrocinio de Plátano de Canarias hay un deportista que pasó las de Caín en el agua. De ello ha charlado junto a Quique Peinado en la última entrega de 'El Vestuario' de Relevo (ahora también puedes escucharlo en Spotify), donde ha detallado con pelos y señales sus odiseas en el silencio y la oscuridad del mar.
Tú viviste entre, digamos, dos mundos: la competición seria, donde fuiste campeón en aguas abiertas, además volviendo y remontando una sanción de dopaje, y luego todas estas locuras de cruzar el Estrecho de Alcatraz a San Francisco, o de Barcelona Ibiza, todo eso que hacías en aguas abiertas. No sé si en el deporte había cierto resquemor en plan: «Este es un poco friki»
Sí, a ver, claro que sí, en aquel momento que no se permitía. Nosotros somos muy así: los actores no podían cantar, los deportistas no pueden hacer otra cosa y yo lo hacía, pero claro, eso sí, siempre intentaba dar el todo de pecho en todos los Campeonatos de Europa, en todos los Campeonatos del Mundo. Siempre fui oro, plata o bronce, nunca quedé cuarto o peor, por decirlo así. Hacía mis retos mediáticos, hacía mi televisión, pero mis ocho horas de entrenamiento nadie me las quitaba y lo daba todo. Cuando pasó lo del doping, que para mí a veces… intentas que la gente no se acuerde… porque para mí ha sido lo peor que me ha pasado, los retos vinieron porque no me dejaban competir y era mi forma de protestar. Y luego volver por la puerta grande yo creo que es la mejor manera de demostrar nuestra inocencia.
Oye, ¿y cuándo fue la primera vez que tú dijiste: «Venga, cruzamos el estrecho». Lo de Barcelona e Ibiza me parece increíble. Fue alguien en una reunión?
Fui yo, fui yo. La primera fui yo y fue la fuga de Alcatraz. En ese momento, me acusaron de dopaje. Yo no me lo creía, pensaba que todo era una broma, pero no fue así. Seguía día tras día, me levantaba a las 4:40 para a las 5:00 estar entrenando sin saber dónde estaba el final de mi pesadilla, porque fueron cuatro años de sanción, que luego nos dieron la razón y la suspendieron a la mitad. Y en ese momento, nadando, se me ocurrió: pues me voy a fugar de Alcatraz. Distancia, corrientes fuertes, aguas heladas, tiburones y encima con grilletes, porque me sentía preso. Tuvo una repercusión tan grande que a partir de ahí los periodistas me preguntaban: "¿Qué vas a hacer lo siguiente?" Y ahí poco a poco pues fui enloqueciendo.
¿Y cómo fue? Porque los que hemos estado en Alcatraz… yo decía: este tío cómo se tiraba aquí con lo grande que es esto. La primera vez que tú haces esto de Alcatraz, por mucho que tú estés entrenado, tiene que ser diferente porque además Alcatraz está hecho aposta para que la gente no llegara a San Francisco.
Hubo 13 intentos de fuga parece ser y alguien sí logró escapar de ahí.
Pero no se sabe bien, se supone que no escapó nunca.
La verdad es que yo soy un cagón, pero era mi trabajo y tenía que hacerlo lo mejor posible. Al final, si yo abandonaba en medio de la travesía porque me picaba una medusa, me rozaba el traje de neopreno o estaba vomitando del mareo, al final nadie cobraba ahí. Tenía que aguantar, sea como sea. Hicimos locuras: la fuga de Alcatraz, el estrecho de Gibraltar, una, dos, tres veces seguidas. El Canal de la Mancha, Tenerife - Gran Canaria, Península - Baleares... Un montón.
¿Y cómo se sobrevive mentalmente a eso? Porque hay un momento en el que solo se ve mar, en el que el mar no está para ti. Tiene que ser muy complicado.
Todo lo que te pasa por la cabeza es malo Todo. Dolor, "¿Qué hago yo aquí? ¿Estaría mejor en mi casa?" Pero siempre hay algo que te hace seguir. Y no sé si es el amor propio, el hacer historia, siendo el primero en llegar a Ibiza nadando, o los patrocinadores, el dinero. Es que al final todo eso es lo que te hace seguir adelante. Porque lo peor no son los tiburones, es la oscuridad, nadar de noche. Tú vas nadando de noche y no ves lo que pasa debajo tuyo. Todas las cosas te empiezan a tocar. Que a lo mejor son simples bolsas de plástico, da igual, pero es que no sabes. Eso es lo peor. La cabeza hace pam, pam, pam.
Claro, y luego en la época en la que tú lo hacías, no sé si la alimentación era como la de hoy, o lo hacías a puro plátano y a cosas con azúcar.
Y el plátano era un poco...
Patrocinio.
Porque yo como mogollones de plátanos antes y después, pero durante… no. Es que imagínate, yo encima tenía una persona que me lo pelaba perfecto, que cuando veía una cámara de televisión me decía, "¡plátano!" Y yo me acababa de vomitar diez veces, no sé cuántas, y me lo ponía así con la sonrisa. No comía y a veces hasta lo escupía, lógicamente era un bocado, una foto, una imagen.
¿Y con qué hacías las travesías, qué alimentación tomabas? Porque no había geles.
No había geles ni batidos de proteína. Los batidos entonces eran para gente cachas, musculados, para culturistas. Lo que teníamos era muy cutre pero nos daba resultado. Eran electrolitos, unos sobrecitos de sales minerales y le añadíamos glucosa en polvo. Se dice que con azúcar, con glucosa, el cuerpo puede aguantar lo que quiera. Pues yo le metía ahí azúcar.
Pues has tomado mogollón de azúcar.
He tomado bastante y pesaba diez kilos menos que ahora. O sea, imagínate lo escuálido que estaba.
¿Y qué tal te salen los análisis y todo eso?
De azúcar estoy bien. De otras cosas fatal.
¿Qué ha pasado en tu cuerpo? ¿Qué factura ha pasado todo este tiempo, ya no solo de un deporte extremo de alto nivel, sino de todos estos disparates?
Yo que sé, artrosis en los hombros de tanto bracear. Si sumamos todos los entrenamientos y todas las competiciones han sido tres vueltas y media al planeta nadando.
¿Tienes alguna cosa más?
Bueno, dolor de cervicales, dolor de espalda, dolor de todo. Dicen que el deporte es sano, la natación, pero no en exceso. Eran ocho horas al día, y estaba compitiendo desde desde los cinco añitos. Son muchos kilómetros.
¿Y nunca le cogiste manía?
Sí, siempre. Yo me levantaba cada mañana a las 4:40 y seguro que mi frase siempre era: "¿Para qué David? No quiero más, no quiero, no quiero seguir". Es que no quería, ¿quién se acostumbra a las 4:40? Y encima no es para ir a la oficina con un cafecito y al ordenador calentito con el aire. No, no, era para meterte a una piscina y con el sargento o con el animal, que eran mis entrenadores, gritándome y haciendo que a las cinco de la mañana ya tenía que ir más rápido.
Si tú no te lo hubieras montado tan bien mediáticamente, hubieras ganado la décima o vigésima parte del dinero que ganaste. ¿Hubiera sido sostenible?
Bueno, están las ayudas. Cuando eres campeón del mundo tenías una ayuda de 60.000 euros al año, que no está mal tampoco, pero no es sostenible ni comparable con el fútbol, por ejemplo, que ganas un Mundial y es muchísimo dinero. Por eso yo tengo que estar tan agradecido a Plátano de Canarias y a todos los que han venido conmigo durante tantos años, y a la tele, por supuesto también, porque gracias a ello cambió mi vida y la de muchos otros que han venido detrás de mí, porque antes de mí no había nadador que exigiera dinero para participar en una competición. Yo empecé con esa línea. Era mi trabajo, querían que fuera a nadar, pues tenía que cobrar un fijo antes de salir.
¿Y esto te lo hiciste tú muchas veces a puro teléfono? Porque claro, supongo que al principio no habría una agencia de comunicación ni nada a tu alrededor.
Efectivamente, era yo, éramos una familia de amigos y de gente que me ayudaba. Monté mi pequeña oficina, pero no era una de estas agencias de deportistas de hoy en día. Era muy de andar por casa, pero a veces lo hablamos entre nosotros, porque tenía hasta mi jardinero. Mi jardinero me llevaba unas cosas, el otro me llevaba otras. Y es que lo pasábamos bien y me acompañaban, o mis padres se metían en la barca conmigo. Nos cambió la vida.
"En Navidad hacía mucho más frío, pero no había fútbol y podíamos abrir y cerrar informativos"
¿Pero tú llamabas al Marca? En plan: «Oye, que estoy…»
A Marca, a El País, a El Mundo y casi hasta a Interviú, que no sé si lo hubiera hecho. Pero sí, tenías que hacerlo. Luego ya sí que te llamaban ellos y te preguntaban: "¿Qué vas a hacer este año?" Porque además lo hacíamos casi siempre en Navidades. ¿Por qué lo hacíamos en Navidades? Ahora te voy a contar yo el porqué. En Navidad hacía mucho más frío, pero es que no había fútbol en esa semana. Era la única en que podíamos abrir los informativos, cerrar los informativos y nos daban dos días antes y dos días después. Es que no teníamos sombra. Si lo hacíamos en época de que estuviera la final de la Champions, ahí no salías nada.
¿Cuál es el reto más duro de todos?
El triple cruce al Estrecho. Ese fue muy duro. Tenerife - Gran Canaria también fue terrible, porque fue el primero de los largos. Fueron 23 horas y 50 minutos.
Y en el Atlántico, que no sé si es igual que hacerlo en el Mediterráneo.
Horroroso. Encima, claro, está esa otra cosa: vendrá gente y batirá mis récords. Todavía me queda alguno, pero me los batirán porque es ley de vida, la gente cada vez viene más fuerte y, si tú planeas una fecha en concreto y la vas adaptando según las condiciones, puedes hacerlo. Yo no podía, yo sacrificaba las buenas condiciones por los medios de comunicación. Yo decía: "El día 2 de enero me tiro". Y tenía a lo mejor allí en el punto de salida de la meta 20 o 30 cámaras nacionales e internacionales. No les puedes decir: "No, lo suspendo". Me tiraba, hubiera olas, hubiera frío o estuviera lloviendo. Prefería la repercusión a pasarlo mal. Hubo un Península - Baleares que sí fue un desastre. Yo no te quiero contar la de medusas, de roces, de sangre y de vómitos… porque fue terrible. ¿Yo te cuento ahora que el día 5 de enero fue malo? Pues imagínate lo peor.
¿Cuántas veces vomitaste?
Incontables. Es que los nadadores tenemos un problema en cuanto se hace oscuro. Yo llevo gafas negras para no ver demasiado y no me ponen un foco de luz muy potente, porque así es cómo se pesca en alta mar: ponen una luz y eso atrae a los atunes y a los tiburones. Yo no quiero ser el centro de atención. Imagina las gafas negras y sin luz: te empiezas a marear y vomitas. Cualquier vasito de isotónica, cualquier plátano… lo echas y se escuchaba en la soledad del mar. Yo me acuerdo, imagínate, ahí en medio el 5 de enero, todo calladito… (Hace un sonido como de un grito) Eso no era el monstruo del lago Ness, ese era yo que ya no me quedaba ya líquido ni nada dentro. Era terrible terrible.
Leí en una entrevista en la que decías que tú hoy con 50 años crees que, si te lo tomaras en serio, podrías competir a nivel profesional y hacerlo bien.
Yo creo que ahí lo tengo en la cabeza, pero no quiero, no quiero pasar por el sufrimiento de las 4:40 otra vez. No, no quiero. Me gusta ahora salir, tío. Lo de la discoteca, que no lo he hecho nunca, pues ahora lo hago. Y lo de beber, que antes era prohibido, pues ahora de vez en cuando lo hago. Me tomo unos vinos y me tomo lo que sea y hay que disfrutar, tío. Y ya eso sí que a veces lo pienso. Cuando veo los JJOO pienso: "Tío, podíamos ganar una medalla en este deporte, ¿no?" Pero luego digo: "Para qué, David".
Tú crees que si hoy te pones y tuvieras la fuerza voluntaria de levantarte a las 4:40, ¿tú crees que estarías para ganar medalla?
Yo creo que sí. Pero no quiero pasar por ese sacrificio otra vez. Porque es que si lo hago es dándolo todo de nuevo. Y dándolo todo es un precio demasiado caro. No quiero, no quiero. Y es que no me motivaría ni el dinero, que a todos nos motiva, porque me doy cuenta que ya estoy en la cara B del disco.