Ben Titley despide a la fisio que cuidó de Mireia Belmonte y ejerció durante 28 años: "Nunca vi a nadie que despreciara tanto a España"
Mónica Solana explica a Relevo una salida "sorpresa" que no fue por "motivos profesionales" sino por falta de 'feeling'.

El primer recuerdo en la memoria de Mónica Solana sobre su trabajo como fisioterapeuta de la natación española data de 1994, cuando en un campeonato le tocó poner a punto a un tal Martín López Zubero. Un oro olímpico. "Solo hablaba inglés", explica ahora con el paso de los años y con sus manos desgastadas de haber trabajado con las mejores nadadoras que han crecido en España; la más significativa, Mireia Belmonte, quien la reclutó en su equipo de trabajo más íntimo liderado por Fred Vergnoux con el que logró el oro en los Juegos Olímpicos de Río 2016 y esos éxitos que la hicieron pasar a la historia.
El último recuerdo de Solana fue agrio y sucedió el pasado 7 de marzo: 30 años después de sus comienzos, 28 de estar ligada a la Real Federación Española de Natación (RFEN). Después de unas semanas en las que "todo fue infernal", de lágrimas ("aún no me hago a la idea"), se cita con Relevo para explicar el punto final de su longeva etapa. Antes de contar esa reunión en el CAR de Sant Cugat a la que asistieron Ricardo Barrera y Sean Kelly, los responsables técnicos de la natación española, y el preparador físico John David Fuller, "amigo de la infancia", según Solana, de Ben Titley, el técnico británico que brilló con Canadá y a quien le han dado las llaves del grupo de entrenamiento situado en Sant Cugat, Solana pone el contexto.
A los meses de que llegara Ben Titley, en agosto de 2022, abandonó Olaf Wildeboer, quien era el responsable del grupo y debía ser su ayudante. Y Mónica Solana se hizo cargo de la preparación física y siguió con sus labores de fisioterapeuta. "A principios de enero Ben me dijo que me quería convertir en la mejor preparadora física del mundo. Por eso mismo, cuando me convocaron a esa reunión, pensaba que era para temas organizativos". "Me dijeron que Ben creía que la relación personal no era la que quería y que se había acabado", comenta la fisioterapeuta. Ben no estuvo presente. "Nunca me pasó algo así. Me dijeron que no tenían quejas conmigo como trabajadora, que no era algo profesional, sino de feeling", dijo.
El caché de Mónica Solana está fuera de toda duda, no solo por haber trabajado con Mireia Belmonte durante más de una década sino por cuidar a otros nadadores campeones olímpicos como Chad le Clos, Ian Thorpe o la holandesa Sharon van Rouwendaal. "Ojalá hubieran sido más honestos conmigo. Me hacía mucha ilusión este ciclo y este rol de fisio y preparadora física con mis años de experiencia en la natación", deslizó en Relevo.
Después de la natación, el director técnico de todos los deportes acuáticos, Luis Villanueva, le envío un email en el que le explicó lo siguiente: "Me agradeció mi trabajo por todos estos años. Se lamentó de la decisión. Me dijo que yo era la idónea, pero si el entrenador decía eso...". Tiene pendiente la fisioterapeuta (al menos hasta la fecha de la realización de la entrevista) hablar con el presidente de la RFEN, Fernando Carpena. "Las cartas las firma él. Me puse en contacto pero no hablamos. Tenemos una conversación pendiente", detalla.

Detrás de esta decisión se esconde un runrún que existe en la natación española con el trato de la dirección, capitaneada por Sean Kelly y con Ben Titley como hombre fuerte, hacia los entrenadores españoles. Ahora está encima de la mesa que a los Juegos de París viajen los técnicos en España de María de Valdés y Hugo González, las dos opciones más firmes a medalla en aguas abiertas y en natación en línea, ambos podio en los últimos Mundiales de Doha... sin sus entrenadores.
Solana, que ha convivido con infinidad de técnicos, habla primera de la percepción que se desprende de la manera de dirigir del actual equipo organizativo. "A los técnicos españoles se les pone en segundo lugar. Me llama la atención porque los nuevos quieren atribuirse méritos cuando el éxito no es de ahora. Muchos de los nadadores han llegado ahora a la madurez. Es como si no existiera todo lo anterior, como si no formáramos parte del éxito. Hay poca cantera y lo mejor es que la cuiden. Una Mireia sin Jordi Murio (su primer técnico), que sabe hacer iniciación, no habría llegado a nada. O también Taja (del Real Canoe), que ha criado a Hugo González; sin él no tendríamos a un nadador así".
Desde después de los Mundiales de Gwangju, en 2019, cuando la natación española se marchó sin pena ni gloria, con el cuarto puesto de Joanllu Pons como mejor resultado, el presidente Fernando Carpena decidió cambiar el modelo, potenciar los centros de alto rendimiento para agrupar allí a los mejores nadadores bajo el mano del entrenador británico Sean Kelly. Recomendado en su momento por Fred Vergnoux, empezó a llenar los centros de entrenadores conocidos, y reputados en el mundo olímpico o paralímpico, como Bob Greenwood o Ben Titley, quien tuteló una generación única en Canadá capitaneada por Summer McIntosh.
"Nunca se les dio cargos tan potentes y con tanto poder de decisión. Bob y Marinov en Madrid: con ellos he trabajado muy a gusto y me han llamado sorprendidos por el despido. Pero aquí todo está condicionado por Ben, y nunca vi a un entrenador que despreciara tanto a España. Como él dice, yo era un "pain in my ass", subraya Solana, que ahonda en la personalidad del prestigioso técnico de Emma Carrasco, César Castro o Mireia Belmonte. "Es un tío especial, no le gusta hablar. Es una persona que te puede explicar cualquier intimidad pero todo es unidireccional. Cualquier cosa si no le interesa, se va", cuenta la barcelonesa, que finaliza: "El entrenador es el líder, pero debe saber decir lo que quiere de sus trabajadores. Nunca supe lo que quería".