OPINIÓN

El pádel no puede ser un deporte de infieles

Este 2023 está siendo marcado por múltiples cambios de pareja que generan inestabilidad en la competición.

Juan Tello y Álex Ruiz en un partido en el Open de Granada./WPT
Juan Tello y Álex Ruiz en un partido en el Open de Granada. WPT

Este 2023 está siendo marcado por múltiples cambios de pareja que generan inestabilidad en la competición.

Los cambios de pareja en el pádel necesitan una regulación urgente. Todos los aficionados al pádel estamos acostumbrados a que el comienzo de cada año sea un ir y venir de cambios de parejas. Algo que, evidentemente es lo normal. Formar proyectos que sean estables a lo largo de toda la temporada. Pero lo que estamos viviendo en este 2023 está absolutamente fuera de lugar.

¿Dónde quedaron aquellos proyectos sólidos del pasado? Me gustaría poner algún dato sobre la mesa. Al principio del año, antes de arrancar la competición, cambiaron todas las parejas del Top20 salvo dos, Galán-Lebrón y Momo-Álex. Dos meses después del pistoletazo de salida de la temporada en Abu Dabi, ha tenido lugar otra revolución que ha vuelto a poner patas arriba el circuito. Otra vez, de los 20 primeros del ranking, solo se se salvan tres duplas que continúan con sus uniones del principio de la temporada: los superpibes, Tapia-Coello y Galán-Lebrón.

Desde mi humilde opinión, pienso que el vacío legal que existe en cuanto a las variaciones de pareja durante la temporada va contra el espíritu de la competición. El aficionado del pádel suele vincularse emocionalmente con parejas, no lo hace normalmente con un jugador en particular.La sensación de inestabilidad se ha vuelto una constante que afecta negativamente a las tres principales patas de de la industria: los jugadores, la competición y los fans. Lanzo una pregunta al aire: ¿Por qué no existe una regulación más restrictiva al respecto?

La búsqueda de resultados inmediatos y la capacidad de formar duplas con los jugadores de ranking alto hace que los cambios se hayan convertido en caos difícil de organizar. Se ha vuelto casi imposible consolidar un proyecto que pueda plantearse obtener resultados a medio o largo plazo. El pádel siempre ha tenido esa vinculación con el deportista amateur. Un componente romántico. Esa persona que acostumbra a jugar con su pareja de toda la vida y que su relación va más allá del 20x10. El aficionado necesita que esto no se pierda.

Desde la Federación Internacional o desde el departamento de competición de World Pádel Tour deberían hacer una profunda reflexión sobre este tema. Quizá una buen solución para este problema pudiera ser establecer dos ventanas al año donde puedan tener lugar estos cambios de pareja. Por supuesto, incluyendo excepciones en caso de que se produzca alguna lesión grave que impida el normal funcionamiento de la pareja. Equiparándolo al fútbol algo parecido a lo que ocurre con los mercados de fichajes de verano e invierno.