Los secretos de Agustín Tapia, el mejor jugador del mundo: "Tenía un talento innato jamás visto"
El documental producido por Nox repasa la vida del jugador argentino hasta que ha llegado a la cima del pádel.

De rodillas, entre lágrimas y con el dedo índice apuntando a su cabeza. El 14 de mayo de 2023 vivimos el que, sin duda, fue el mejor partido de pádel de toda la temporada. Una batalla que enfrentó a los cuatro grandes jugadores del mundo. Un combate que acabó con dos de sus soldados en el suelo. Pero no derrotados, sino celebrando una ansiada y fatigosa victoria que les colocaba, por fin, en los libros de historia. De ahí las lágrimas que asomaban por en el rostro de Agustín Tapia, reflejo del sufrimiento vivido durante 8.695 días. De ahí la cesión inconsciente de su cuerpo hacia el suelo. De ahí el dedo acusador sobre su frente, como si lo que alojase dentro hubiese sido la culpable de haber alcanzado tan pronto el objetivo de todo deportista profesional, ser el mejor jugador del mundo.
Agustín Tapia lo consiguió ese día. Por eso aquella estampa. En sus ojos múltiples imágenes de su pasado componían las lágrimas que recorrían sus mejillas. Tapia se acordó de cada minuto de entrenamiento, del viaje a España y del adiós a su familia y amigos de Argentina que todavía escuece. Momentos que han estructurado su vida y que ahora se han recogido en el documental de Nox 'Agustín Tapia: Hacia La Cima'.
El inicio de 'El Pollito'
Agustín se comenzó a desarrollar profesionalmente en Catamarca, una provincia argentina de casi 400.000 habitantes al noroeste del país colindante con Chile. Allí dio sus primeros pasos, que no fueron como los de cualquier jugador que aspiraba a ser profesional, Tapia tenía un talento innato jamás visto, una facilidad inherente para jugar al pádel. No "necesitaba" entrenar, sus partidos con su familia y amigos eran casi un trámite para él. Le daba igual la cantidad de horas que pasasen en pista el resto, había nacido para ello y desde bien pronto comenzó a demostrarlo. La historia de Tapia no es la de una resurrección, ni tan siquiera la de una sorpresa, es la de una confirmación, en definitiva, la entrega de una vida al talento con el que nació.
Desde bien pronto su vida estuvo muy ligada al pádel. Nacer en San Fernando del Valle, capital de Catamarca, le facilitó esa cercanía a este deporte. También su familia, que pasaba horas y horas disputando partidos con Agustín. El punto de inflexión de su vida fue el viaje a Rosario, a unos 200 kilómetros de su casa siendo todavía un niño. Debía comenzar a adquirir hábitos de un profesional y allí lo hizo junto a su primer entrenador, Andrés Pronzato, clave para establecer una metodología de trabajo en la carrera de Agustín. Tanto interiorizó este día a día que se mudó junto al club de pádel en el que entrenaba, apenas unos metros le separaban de la que sería a partir de entonces su segunda casa.
En Argentina forjó su identidad, una personalidad discreta que explota cuando entra en una pista. Agustín Tapia es tímido, reservado, imprevisible, como si no quisiese enseñarte algo de primeras, con la capacidad de guardar un secreto, de generar misterio a su alrededor, de ser deseado. De ahí que se le apodase como el pollito de Catamarca en su país natal. Tapia reflejaba, sobre todo, esperanza por lo que podría venir, como aquel pequeño animal que ya desde su nacimiento es entrañable y hermoso y no se atisba rasgo negativo en él.
De pollito derivó a la joya. También en Argentina, donde vieron desde el principio el diamante en bruto que tenían por pulir. En España fue apodado el "Mozart de Catamarc". Precisamente ese carácter también lo mostraba en pista. Tapia es un jugador completísimo, sobresaliente en multitud de escenarios, pero sobre todo imprevisible, capaz de congelar un punto con cualquier golpe de genio, capaz de componer música clásica en las peores situaciones. Tapia es brillante en la normalidad y mago en la adversidad.
🫶 Mil recuerdos dentro y fuera de pista hasta llegar a lo más alto. Todo esfuerzo ha tenido su recompensa, ¡muchas felicidades @agustapiacarp por tu retorno al nº1! #WorldPadelTour #NoxPadel pic.twitter.com/YxrSG6rGq8
— noxpadel (@noxpadel) November 28, 2023
El viaje a España
Separarse de su familia y amigos no fue sencillo. 10.000 kilómetros es un salto considerable, más para un adolescente de 17 años como era Agustín Tapia. Barcelona fue su destino, y desde bien pronto Tapia dejó su impronta. Agustín disputó junto a Lucho Soliverez sin estar allí para ello, competía por entonces en otros torneos, una pre-previa de World Padel Tour. Aquella decisión fue un antes y un después en su carrera. Ganaron la pre-previa, también la previa y en su primera intento Agustín consiguió meterse en el cuadro final de un torneo WPT en Barcelona. Y lo hizo, además, con un desgarro abdominal que se iba haciendo más grande en cada partido que disputaba. Era tan fuerte el dolor, que solo buscaba un gesto comprensivo de su entrenador Pablo Crosetti para retirarse. No lo hizo. Tapia ya había entendido que su talento descomunal debía estar acompañado de esfuerzo y de sacrificio.
El poder de la mente
Agustín Tapia siempre ha sabido dónde apuntar. Y no me refiero a cada golpe dentro de la pista, más bien a sus gestos tras cada victoria. De talento y esfuerzo sobrado, Agustín solo tenía que cuidar lo más importante de todo, la que ordena y estructura el resto, la mente. Su dedo índice sobre la frente es un agradecimiento al equilibrio que le aporta, a la frialdad que consigue mantener en momentos de máxima tensión. Cuando gana, para él no hay ruido o abrazos, hay primero silencio, emoción y agradecimiento, sabe que tiene un arma poderosísima que debe cuidar y por ello siempre es lo primero que hace, señalar su cabeza, culpable de que Tapia se haya convertido en el mejor jugador del mundo.