RALLY DAKAR

Albert Llovera: "Quién iba a pensar que alguien en silla de ruedas iría al Dakar"

El piloto andorrano, en silla de ruedas desde 1985, atiende a Relevo antes de poner rumbo a su octava edición del rally, quinto en la categoría de camiones.

Albert Llovera, a la izquierda, posa en silla de ruedas junto a Petr Vojkovsky y su sobrina, Margot Llobera. /ALBERT LLOVERA
Albert Llovera, a la izquierda, posa en silla de ruedas junto a Petr Vojkovsky y su sobrina, Margot Llobera. ALBERT LLOVERA
Daniel Arribas

Daniel Arribas

Todos sonríen. Amigos, conocidos y extraños. Con Albert Llovera cerca, es inevitable. A sus 56 años, el piloto andorrano irradia un entusiasmo desmedido sobre la silla de ruedas en la que vive desde 1985, cuando un accidente en los Europeos de esquí destrozó sus vértebras dorsales y le provocó un daño medular irreparable. Ahora, casi cuatro décadas después, acostumbrado a romper los límites que se creían establecidos, viaja a Arabia Saudí para disputar su octavo Rally Dakar.

"Es una carrera única", asegura en Madrid, donde Ford Trucks presenta su camión para la prueba, a la que acudirá con su sobrina Margot Llobera como copiloto —pese a ser familia, los apellidos se escriben diferente—. "Esto es una oportunidad, como muchas de las cosas que me pasan. Yo intento aprovecharlas todas", explica.

De no hacerlo, cuenta, no estaría aquí. "¿Quién iba a pensar que alguien en silla de ruedas iría al Dakar?", confiesa sin dejar de mover las manos, lastradas por varias operaciones y algún que otro tornillo fuera de lugar. El rally más duro del planeta, 8.500 kilómetros en 14 etapas repartidas por el temido desierto saudí, no es para todos.

Albert Llovera afronta su octavo Rally Dakar con muchas ganas. DANIEL ARRIBAS

Llovera lo sabe, pero no le preocupa. Le atrae lo improbable. En 1985, un año después de debutar como el deportista más joven en los Juegos Olímpicos de invierno, volvió a nacer en Sarajevo, donde un accidente lo fundió todo a negro. "Cuando me desperté, no sabía que había pasado. Realmente me encontré muy solo. No tenía a nadie al lado".

Tras la gravedad de la caída, tardó tres o cuatro días en volar a Barcelona, donde por fin encontró caras conocidas. "La noticia de lo que te has hecho no te lo acaban de decir. Te dicen que has tenido un accidente y ya está", señala. Y añade: "Lo importante en mi caso era que se curase el esternón, que lo tenía partido por la mitad de arriba a abajo, así como las costillas, la clavícula, el omóplato…".

Un desastre, sí, aunque pronto encontró vía de escape. "Me vino a ver un equipo médico de la NASA. Buscaban un conejillo de indias con mis características, porque estaban trabajando en lesiones de este tipo para mejorar las condiciones musculares de los astronautas en el espacio. Y yo cumplía el perfil", explica.

Albert Llovera recuerda el momento más difícil de su vida, el accidente en Sarajevo. DANIEL ARRIBAS

Fue allí cuando le surgió la oportunidad de jugar en un equipo de baloncesto. "A mí el basket no me gustaba, pero dije, tendré que hacer algo de deporte, no me voy a quedar parado". Y resulta que se le dio bien. Tras unos meses en las filas de los Charlosteville Cardinals, Llovera se proclamó subcampeón de la NWBA, la liga estadounidense de baloncesto adaptado, y subcampeón del mundo por clubes. Un hito que, pese a todo, no le enganchó al parqué.

"Yo soy latino", admite entre risas. "Me quería volver ya a Andorra, a España, que se come muy bien, la gente sonríe…". De vuelta a la Península, le picó el gusanillo de las cuatro ruedas. Adicto a competir, se puso al volante de un coche para disputar la Copa Peugeot de rallies en Andorra. Y todo evolucionó muy rápido.

En 2007 debutó en el Dakar, el rally más duro del planeta. Ahora, con siete ediciones a sus espaldas, echa la vista atrás y reflexiona: "Me dicen que estoy loco, pero no es así. Es cierto que siempre busco complicarme la vida, pero si estás loco, un equipo no te ficha. Les romperías los coches, los presupuestos... Ellos buscan un tío polifacético, que se lleve bien con el equipo, que sea rápido y, con mis características, además, está claro que tienen una buena repercusión para que salgan patrocinios y otras cosas".

Albert Llovera piensa qué le diría a su yo del pasado, antes del accidente. DANIEL ARRIBAS

Sin cambiar la ambición que le caracteriza, ligada siempre a un sentido del humor cristalino, Llovera tiene la mente ya en Arabia, donde el próximo 31 de diciembre arranca su enésima aventura en el desierto. "¿Que qué le diría al Albert de antes del accidente? Joder, tío, ¡mira dónde hemos llegado! Quién nos lo iba a decir", declara con una sonrisa.

Es su modo de ver la vida. Transparente. Y siempre cogiendo el tren que pase, uno detrás de otro. "Si me dieran la oportunidad, no volvería a estar como antes del accidente. Me ha tocado esto y tengo que vivirlo. Pensar en otra cosa no me aporta nada", explica. Y sentencia: "Los límites están hechos para sobrepasarlos, menos el de velocidad, porque te ahí van a perseguir. Entonces, joe, vamos a buscarlos. Al menos eso, ¡buscarlos!".