El peaje de Guillermo Fesser por ser más de rugby que de fútbol: "Recuerdo los lunes con espanto"
El periodista, escritor y locutor radiofónico, conocido por Gomaespuma, junto a Juan Luis Cano, cuenta cómo le llegó su afición por el rugby.

Guillermo Fesser (Madrid, 1960) es una de esas personas polifacéticas que poseen un don especial para hacer bien cualquier cosa que intentan. Durante muchos años se dedicó a la radio con su amigo Juan Luis Cano para formar el dúo Gomaespuma. También ha escrito libros, dirigido películas o presentado programas de televisión. Tal vez su faceta menos conocida sea la de jugador de rugby formando parte de la delantera del TECA madrileño.
Repasando por encima su curriculum se advierte que su faceta como jugador de rugby no aparece. ¿Es por timidez o por modestia?
Pues la verdad es que tampoco me han preguntado mucho sobre eso porque la gente, al contrario de lo que le sucede a Juan Luis [Cano], no nos suele poner al deporte y a mí juntos. De hecho, creo que mi compi de radio cada día juega a una cosa distinta. Yo fui al colegio de los Sagrados Corazones porque era el que quedaba más cerca de casa, y como iba a cambiar de sitio, estaba medio cerrado y no tenía instalaciones deportivas. Así que crecí yendo al Retiro a tirar castañas al no estar en ninguna liga de fútbol, baloncesto o hockey como mis hermanos mayores.
Pues vaya una excusa para no hacer deporte…
Es que crecí pensando que no era para mí. A los que se les daba bien echaban una pachanga en La Chopera, pero como a mí no me salía de natural, nadie me escogía cuando echaban a pies. Eso cambió cuando llegué a la universidad. En mi primer año de Periodismo un amigo me dijo que conocía un equipo de rugby, el TECA, y que nos podíamos apuntar. Me presenté pensando que me iban a rechazar a la primera, pero se conoce que necesitaban gente desesperadamente. Mi sorpresa fue plena cuando vi que me pasaban un balón y que no se me caía de las manos.
¿No será que acabó en el rugby porque el fútbol le dio la espalda?
¡Qué va! La pena es no haber empezado antes porque es mi deporte y el de muchas personas, aunque aún no lo sepan. En mi casa, a mi padre no le gustaba que pusiéramos mucho la televisión, no sé si porque gastaba mucha luz o porque hacía mucho ruido. Hay que entender bien a mi padre, un señor que tenía nueve hijos en un piso bastante apretado, que trabajaba mañana, tarde y, a veces, también por la noche. Así que los fines de semana que tenía descanso, cuando oía un ruido, se le ponían los pelos de punta. Por eso he crecido sin ver fútbol en casa. Tampoco nos llevaron nunca a un estadio. ¡A ver cómo pagas la entrada a nueve hijos!
¿Pero sus conocimientos sobre fútbol cambiarían al llegar a la universidad?
Tampoco mucho. En la facultad, cuando me veía con mis amigos Pepelui, Santi y Juan Luis, estaban hablando del gol de Stielike [Uli], que yo no sabía ni quién era ni en qué equipo jugaba. Había como 45 minutos o una hora en que no tenía conversación alguna, así que le daba al bocadillo de panceta en el bar de Juanito hasta que luego ellos se reincorporaban a la vida normal. Todos los lunes los recuerdo con espanto porque tenía una hora de vacío que no sabía cómo rellenar.
Del rugby tendrá mejores recuerdos.
Claro. De mi época en el TECA mantengo amigos a los que sigo viendo y otros con quienes también tengo encuentros, aunque más esporádicos. Noto que existe ese cariño especial que fomenta el rugby. Para mí, son como una segunda familia. Un grupo que además, como yo era de los más jovencitos del equipo, me ayudaron económica y socialmente a convertirme en un adulto. Luego está el tercer tiempo que tiene una magia que no se da en otros deportes. Se aprenden muchas cosas sobre la amistad, el sentido del humor, la modestia…. Y es que cuando terminas el partido te tienes que tomar por narices una cervecita fría con el tío que te ha placado tres veces, al que sonríes, mientras medio en broma, te cagas en sus muertos.
Seguro que usted, por su forma de ser, disfrutaba de lo lindo en los terceros tiempos.
Lo mejor del rugby es jugar. A nadie le gusta quedarse en el banquillo. Había algunos capullos que no voy a mencionar ahora el nombre, como Rulas, por ejemplo, que decían que solo jugaba porque era amigo del capitán, Alfonso. Ahora bien, si no te convocan eso no te impide que puedas hacer una jugada maestra en el tercer tiempo. En mi caso, si no destacaba mucho en el campo, creo que sí era un jugador aceptable en los terceros tiempos. ¡Menudas risas!. Ahí me han salido jugadas dignas de recuerdo. En el campo teníamos un Julio Jiménez o un Fernando Martín que eran brillantes, y que por eso estaban en la selección. Pero en el tercer tiempo… amigo.

Alguna mala experiencia ya tendrá para contar.
Tenía miedo a jugar contra el CAU porque había un tío que se llamaba Perea, que cuando se derrumbaba la melé pasaba por encima pisando con los tacos como Atila con sus caballos. Sentía terror a caerme y que el tío me pasara por encima. Seguramente nunca lo hizo, pero el temor psicológico a que pudiera ocurrir siempre estuvo ahí. De hecho… Espera, que oigo un ruido. ¿Perea, eres tú?
Pero usted jugaba de segunda línea y en ese puesto están los más altos que imponen cierto respeto.
Cuando llegué en 1977 al TECA me pusieron en ese puesto porque, como era alto, les venía bien para saltar la touch. Entonces, los segundas no eran tan maldelman como los de ahora que me sacan dos cabezas y tres cuerpos de ancho. Es más, casi todos los que jugábamos a rugby éramos bastante normalitos.
Durante su época en Gomaespuma le dieron la oportunidad a una mujer como Cándida Villar para hacer crítica de cine. ¿Se la imagina retransmitiendo un partido?
Y jugando. Cuando llevamos al cine la biografía que había escrito sobre ella, rodamos la película en Rhinebeck, un pueblecito cerca de Nueva York, que es donde vivo ahora. Allí la plantamos en el campo de baseball con casco y bate. Tenía 75 años, y ¡no veas cómo golpeó la bola y cómo corrió de base en base!. Además, hace un mes participó en el maratón pa tós [42 metros y 19 centímetros] de la Fundación Gomaespuma corriendo como la hormiga atómica y eso que ya tiene 93 años y va con taca-taca.
Escuchándola en la radio sí que parecía una gran mujer.
Para mí, Cándida es la demostración de cuántos estereotipos tenemos. La vemos y solo pensamos en ella como una asistenta cuando es una mujer con una imaginación y un talento extraordinario. Si hubiera tenido la posibilidad de ir al colegio, a la universidad o de haber viajado, podría haber sido una brillante presidenta del Gobierno.
Flamenco pa tós, maratón pa tós. ¿Se podría hacer un rugby pa tós y así darle más visibilidad al tema?
Por supuesto que sí. Me apunto la sugerencia. Cualquier cosa que hagas con pasión contagia. Un programa sobre rugby mostrando los valores del campo o del tercer tiempo a los que no lo conocen de nada podría convertirse en una buena disculpa para poder disfrutar de ese deporte tan maravilloso. Solo hace falta que alguien a quien le apasione esto tenga el talento de saber contarlo. Voy a ver si Juan Luis…

¿Fue complicado hablar de fútbol en la radio con un tipo tan del Atleti como su compañero Juan Luis Cano?
No soy futbolero, salvo cuando juega la selección. Soy del Madrid por inercia, porque mis hermanos también lo eran y luego, sobre todo, porque mis hijos se hicieron del Madrid. De natural, mis recuerdos son de jugadores como Juanito, Butragueño o luego Hierro. Y con Juan Luis y el Atleti, no es que estuviéramos picados en el micro por ser de equipos diferentes, es que le llamaba la atención por cansino. No paraba de gritar Atleeeeti a la mínima de cambio.
¿Está pendiente del móvil por si le llama Donald Trump para invitarle a su toma de posesión el próximo 20 de enero?
No, aunque de hacerlo, supongo que me podría un llama-cuelga. De lo que estoy pendiente es de mirar por la ventana y estar preparado para cuando llegue ese tema tan dramático de la deportación masiva. Tengo amigos, vecinos y compañeros que están aquí sin papeles, y no porque ellos quieran. Les han dejado en un limbo a pesar de que durante muchos años han trabajado como perros, pagando impuestos, contribuyendo a la comunidad y de que, en general, son personas tan honradas como Lincoln. Ahora se encuentran con que les pueden coger y meter en un camión para llevárselos a un campo de internamiento y deportarlos. Eso es muy peligroso.
Tampoco parece que se avecinen buenos momentos para la prensa...
Estoy profundamente preocupado de la pandemia de ignorancia que nos ha llevado a donde estamos. No soy tan ingenuo como para pensar que los periodistas, informando rigurosamente, podemos cambiar el mundo… pero si ayudar a que la gente entienda un poco mejor lo que pasa y pueda tomar sus propias decisiones. Sin embargo, vivimos tiempos en los que muchos aceptan la ignorancia como animal de compañía y, en consecuencia, encontrar gente que quiera escuchar noticias basadas en hechos y no en comentarios sobre rumores resulta cada día más difícil. Ahora mismo es imposible publicar datos críticos sin que te insulten. Pero hay que seguir.
¿También está enfadado con Elon Musk y por eso se ha pasado a bluesky?
El problema es que Musk compró Twitter diciendo que quería convertirlo en un lugar de expresión libre en el que todo el mundo tuviera capacidad de contar sus ideas sin censuras, y lo que ha hecho es convertirlo en un nido de bulos que circulan sin ningún control. Es una vergüenza la cantidad de mentiras que permite que corran en favor de Trump… y de él mismo, por supuesto. Porque Musk no ha venido a ayudar a Estados Unidos apoyando a Trump, sino a forrarse con las subvenciones federales que va a conseguir para sus empresas y con la exención de impuestos que se va a conceder a los billonarios.
Pues la cosa no tiene fácil solución
No estoy en las redes sociales para contar mi vida privada, sino que es parte de mi deber como periodista. Creo que a algunas personas les puede interesar mi visión de lo que está pasando aquí y poner en contexto de por qué ocurren las cosas. En Twitter, me niego a llamarlo X, se ha instalado el insulto permanente y mucha gente solo está esperando a que pongas un tuit para insultarte, normalmente antes incluso de terminar de leerlo. Para un periodista es una pérdida de tiempo y no compensa. Bluesky, de momento, es otra cosa más parecida a lo que fue Twitter antes de Musk.
Joe Biden tampoco es que haya tenido un comportamiento muy ejemplar tras indultar a su hijo
Me produce mucha pena. Políticamente, es una cagada. Se ha pasado tres años diciendo que jamás lo haría porque cree en la independencia de la justicia, y cuando su hijo está a punto de ir a prisión, cambia de opinión. Como padre, se puede entender su decisión viendo lo que se viene encima con Trump que ha propuesto nombrar director del FBI a Kash Patel, un tipo sin escrúpulos que ha jurado vengarse de los Biden por haber robado las elecciones en 2020. Pues habrá dicho 'que le den por saco a este tío que le va a destrozar la vida a mi hijo y la mía'. En fin, una fiesta con final amargo.