MUTUA MADRID OPEN

Madrid tiene cosas que arreglar con el tenis, pero ni las va a arreglar ni le compensa

El público de Madrid siempre ha sido más de tenistas que de tenis. Y más de Nadal que de ningún otro. Alcaraz asegura ahora que la fiesta continúe.

Carlos Alcaraz celebra el triunfo en la final del Mutua Madrid Open 2023. /Alberto Nevado / MMO
Carlos Alcaraz celebra el triunfo en la final del Mutua Madrid Open 2023. Alberto Nevado / MMO
Nacho Encabo

Nacho Encabo

Cuando Carlos Alcaraz iba perdiendo 6-2, 3-2 y se enfrentó a cinco pelotas de break en su debut, un escalofrío recorrió la planta noble del Mutua Madrid Open. Una derrota del español a las primeras de cambio habría dejado al torneo huérfano. Diez días después, todo eran sonrisas en los despachos: Alcaraz revalidó el título en una pista central llena hasta la bandera. Hay tenista para rato. Hay futuro para el torneo.

Respiran aliviados los organizadores porque saben que han encontrado un filón en Alcaraz justo cuando Rafael Nadal empieza a dar signos de agotamiento. Nadal ha sido durante casi dos décadas el rostro del torneo, el gran reclamo. Es cierto que Roger Federer y Novak Djokovic ayudaban, qué duda cabe, pero el público de la Caja Mágica lo que quería era ver a Rafa. Ausente en 2023 y al borde de los 37 años, nadie se atreve a pronosticar si Nadal ya ha dicho su última palabra en la Caja Mágica.

Pase lo que pase, lo que está claro es que el Mutua Madrid Open no tiene los días contados. Siempre se decía que la retirada de Nadal dejaría herido de muerte a un torneo construido en torno a la figura del balear. El público de Madrid, poco acostumbrado en general al ambiente de la raqueta, siempre ha sido más de tenistas que de tenis. Y más de Nadal que de ningún otro. Alcaraz y su magnetismo aseguran que la fiesta continúe.

El modelo exitoso del Mutua Madrid Open

Porque el modelo del Mutua Madrid Open necesita de un ídolo local, de un nuevo Nadal. Mientras lo tenga, el éxito está asegurado. Por eso preocupan bien poco la mayoría de los debates que han surgido estos días en torno al evento. Ha habido quejas por el precio de las entradas, por la cantidad de palcos y por el comportamiento de un sector del público. También ha habido polémicas, algunas absurdas como la del tamaño de las tartas de cumpleaños, y otras más serias, como que las campeonas de dobles no pudieran dar su discurso.

Los dueños del torneo saben que hay cosas que no pueden controlar, como que un aficionado grite por Ayuso o que haya más gente intentando ver un entrenamiento de Alcaraz que un partido de una top ten de la WTA. En su mano sí está, por ejemplo, el precio de las entradas y el aligerar el número de palcos. Pero es su modelo, uno cada vez más extendido en el deporte. ¿Qué evento ha bajado el precio de las entradas en los últimos años? ¿Cuál no ha extendido su zona VIP? Gustará más o gustará menos, pero toda la industria camina hacia esa dirección. El deporte como un lujo, no como un pasatiempo.

Habrá cosas que arreglar, pero lo cierto es que no le interesa. Porque el modelo pasaba por Nadal y ahora por Alcaraz. Y eso está asegurado.