Las lágrimas de Juan Carlos Ferrero cierran una mala época junto a Carlos Alcaraz: "Sabemos por lo que he pasado"
El tenista entiende que la emoción de su entrenador concluye una mala etapa en su año.
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Carlos Alcaraz tiene cuatro grandes en su historial, y eso es tan importante, tan rotundo, que en muchas ocasiones se olvida que además de eso es también un chico de solo 21 años. Esa edad implica que está en un momento de aprendizaje, sigue encontrándose nuevos retos, problemas que no ha tenido que solventar previamente.
La victoria en Pekín contra Sinner es importante por muchas cosas, entre ellas demostrar que es capaz de ganar en pista cubierta, pero quizá por encima de todas por el hecho de probar que es capaz de volver de momentos muy bajos, casi depresivos.
Estas son las cosas que no se explican en el momento, pero que importan y están ahí. Normalmente solo se conocen a posteriori, cuando la alegría vuelve y ya se puede hablar de las cosas que parecían rotas. En el palco de Alcaraz en Pekín se veía una lágrima en Juan Carlos Ferrero, su entrenador, un mohín algo extraño en él, que es una persona muy cerebral, y que necesitaba leyenda para interpretarlo. La explicación la dio el propio tenista.
— GRvideos (@grvideos3) October 2, 2024
Hasta llegar a esa explicación, Carlos Alcaraz dio algun rodeo. "No le he visto llorar, pero supongo que es algo bueno. Es una victoria muy especial para mí, levantar este trofeo delante de mi equipo, de mi familia, es un gran momento", empezó su contestación cuando le preguntaron por Ferrero.
Pero si hay algo que tiene Alcaraz, algo que llama la atención en todas sus ruedas de prensa, es que no se escuda en un discurso prefabricado, no se dedica a despejar balones y decir frases hechas. Así que, unos segundos más tarde, cuando siguió el discurso, fue un poco más allá.
"Supongo que se ha emocionado al final porque todos sabemos por lo que he pasado el último mes o los dos últimos. Ha sido un momento realmente difícil, tanto en la pista como fuera de ella", relataba Alcaraz a la prensa. El murciano señala un tiempo de bajón, que era evidente en lo deportivo, los resultados no estaban a la altura, pero quizá era más desconocido en todo lo demás.
"Como he dicho en el discurso [en la entrega de trofeos] les agradezco que me hayan devuelto la alegría para jugar partidos y que me hayan motivado. De nuevo quiero viajar y jugar torneos. Probablemente después de la gira americana estaba un poco bajo, no quería tocar una raqueta por un tiempo. Vamos a decir que no quería viajar", añadía el número 2 del mundo, demostrando así que estos meses han sido algo más delicados de lo que se podía imaginar.
"Tras haber hablado mucho en esos días he sabido que tenía que volver a entrenar, a estar fuerte física y mentalmente, solo para superar esos problemas. El último mes he estado trabajando muy muy fuerte, en la pista y fuera de ella, solo para ser capaz de volver a sentir esto. Supongo que por eso se puso emocional. Para mí es especial, para la gente que tengo alrededor es especial. Creo que es por eso", cerraba el tenista murciano, que habla con frecuencia y sin ambages de los detalles de su día a día.
El aprendizaje de ese chico de 21 años no se detiene. La temporada anterior, después de su victoria en Wimbledon, sus resultados en el otoño se resintieron. No fue capaz de retomar el vuelo en meses. Era una sensación rara, porque perdía partidos contra rivales que no debería, perdió el brillo que había desplegado en otros momentos del calendario.
Carlos Alcaraz no es, ni quiere ser, un gladiador, uno de esos deportistas que solo tienen en su cabeza el deporte. Hablando con Relevo, tras ganar en Wimbledon, explicó que nada de lo que está haciendo tiene mucho sentido si luego no tiene también ratos para disfrutarlo, para incorporarlo a una vida más allá de las pistas. El problema de esto es que no siempre es fácil la transición, y es algo a lo que tiene que aprender, entender cuáles son los caminos para optimizar su tenis, excelso, y que no haya agujeros en la temporada.
Las lágrimas de Ferrero vienen también de eso, de las semanas en las que Alcaraz no estuvo a la altura de su talento y en las que levantarse por la mañana y meterse en una pista a responder pelotas una y otra vez se hacía muy cuesta arriba. La victoria es dulce porque siempre lo es, porque ha ganado a quien se dibuja como su rival generacional, pero sobre todo porque en el deporte no hay nada más grato que levantarse después de haber caído.