Llamadme loco, pero esta derrota es una buenísima noticia para Alcaraz

Seguramente Carlos Alcaraz se vaya hoy a la cama triste y disgustado después de perder en las semifinales de Pekín. Es lógico. A los deportistas las derrotas les tienen que doler, les tienen que remover las tripas. Esa frase tan manida de "lo importante es participar" está bien para una taza de Mr. Wonderful, pero en la élite más absoluta del deporte lo importante no es participar, no os dejéis engañar: lo importante es ganar.
El cómo ya es otra película, pero no entraremos aquí en debates de si el tiqui-taca es mejor que un contraataque o de si la plasticidad de Federer está por encima del músculo de Nadal. Podríamos estar horas y horas y al final sería perder el tiempo.
Otro asunto bien diferente es no hacer un drama excesivo de la derrota. Masticar y digerir los malos momentos es algo que se aprende con el tiempo. Siempre me ha gustado una reflexión de Nadal que va un poco en contra del 'mainstream' deportivo: "De las victorias se aprende mucho más que de las derrotas", ha repetido en más de una ocasión. Lo dice uno de los deportistas que más ha ganado de la historia, pero también uno que ha perdido mucho más de lo que la gente se piensa. ¿Saben cuántas veces se ha ido Nadal a la cama después de una derrota? Nada menos que 244 veces. Eso es bastante para uno de los mejores deportistas que ha habido nunca. Por contextualizar: Lionel Messi ha perdido 137 partidos en toda su carrera.
Eso no quita que uno no extraiga conclusiones positivas tras perder un partido. Claro que sí. De hecho, Nadal, Federer y Djokovic han repetido siempre por activa y por pasiva que han sido tan buenos jugadores porque han tenido unos rivales enfrente que les han llevado mucho más allá de cualquier límite. El deportista necesita una némesis, un rival que te gane, que te estrangule, incluso que a veces te humille. Que te enseñe a ser mejor, a levantarte y a reinventarte. Que lo des absolutamente todo y que no ganes. Que estés seis horas jugando un tenis estratosférico y que pierdas una final de Grand Slam. Que se lo digan a Nadal en Australia 2012. Que te mantenga siempre alerta, siempre activo, que no te permita bajar la guardia.
Casi todos los analistas coinciden en que Carlitos lo tiene todo para sentarse algún día a comer en la mesa del Big Three. Alcaraz tiene la mentalidad, los golpes, el físico y el gen de campeón. Con 20 años ha ganado ya dos Grand Slam y ha sido el número uno más joven de siempre. "Mi sueño es ser uno de los mejores tenistas de la historia. Sé que es un sueño muy grande, probablemente demasiado grande, pero en este mundo tienes que soñar y pensar en grande", decía Alcaraz hace unos meses en Madrid.
Pero hay un factor que el propio Alcaraz nunca podrá controlar: el de su némesis. ¿Y si no tiene un rival a la altura? ¿Y si se aburre de ganar? Alcaraz es consciente de eso. "Es superimportante tener a alguien ahí, con el que luches, con el que tengas esa batalla, esa rivalidad bonita, es importante para mantener la motivación durante tanto tiempo", respondía Alcaraz a la agencia EFE en Wimbledon. "Ahora mismo creo que lo tengo y no tengo miedo a decirlo: para mí es Sinner. Esa rivalidad bonita que tenemos, esos partidos grandes que hemos jugado, en grandes escenarios. Conforme pasen los años va a haberlos mejores y vamos a pelear por los grandes títulos".
Por eso la derrota de este martes es una buena noticia para Alcaraz y para el tenis. Sinner está ahí, susurrándole a Carlitos que no se confíe y que no se despiste. Con el italiano apretando, Alcaraz tendrá lo único que le falta para intentar cumplir ese sueño "demasiado grande".