OPEN DE AUSTRALIA

Los rincones del jardín donde Djokovic recarga pilas abrazando árboles: "Hay un ficus brasileño que es amigo mío..."

Visitamos el Real Jardín Botánico de Melbourne, el lugar en el que Djokovic se pierde cada año durante el Open de Australia. "Me encanta abrazar árboles".

Novak Djokovic y un aficionado se hacen una foto durante una visita al jardín en 2019. /Royal Botanical Gardens Victoria
Novak Djokovic y un aficionado se hacen una foto durante una visita al jardín en 2019. Royal Botanical Gardens Victoria
Nacho Encabo

Nacho Encabo

Melbourne.- Después de tantos y tantos años viajando por el mundo, los tenistas suelen tener ciertas rutinas en las ciudades que los acogen cada temporada. Las rutinas, dicen, ayudan a encontrar la tranquilidad y la calma. Y cuando esas costumbres va acompañadas del éxito, se convierten casi en una superstición.

Un buen ejemplo es Rafael Nadal. Hasta que la pandemia le obligó a cambiar en 2020, siempre que iba a París para jugar Roland Garros se alojaba en el mismo hotel. Aunque su estatus invite a pensar en el lujo, Nadal se alojaba en un hotel de cuatro estrellas de la cadena Melià. Al igual que el mallorquín, la mayoría de los tenistas tienen restaurantes fetiche, casas que alquilan una y otra vez, monumentos que visitan cada año...

En el caso de Novak Djokovic y Australia, donde tiene el récord de títulos con diez trofeos, hay una tradición un tanto extraña que el propio serbio se encargó de revelar en los últimos días. "No soy supersticioso. Obviamente me gusta visitar ciertos lugares que me han traído suerte y me hacen sentir bien. Por ejemplo, el jardín botánico que está aquí cerca, es un parque maravilloso donde me gusta pasar el tiempo y estar solo rodeado de la naturaleza. Voy simplemente a descansar, a abrazar a los árboles y a trepar en ellos. Me encanta hacer eso y sí, lo he hecho durante los últimos 15 años", señaló el número uno del ranking mundial en una rueda de prensa en Melbourne.

Así es el parque que visita Djokovic cada vez que juega el Open de Australia. Relevo

Efectivamente, el Real Jardín Botánico de Melbourne está "cerca" de las instalaciones del torneo. Saliendo del reciento, hay que cruzar el río Yarra a través de un puente y caminar unos diez minutos bordeando la orilla para alcanzar una de las dos puertas que hay en la parte norte.

Atravesando la verja de entrada, ya sólo hay naturaleza. Árboles, plantas, flores, agua, pájaros y varios senderos por los que perderse y buscar una sombra en la que resguardarse del sol. En el corazón de Melbourne, el Jardín Botánico abrió las puertas en 1846 y guarda en su interior 8.500 especies de plantas, con el 98% de los países representados a través de la naturaleza.

"Yo tengo un amigo ahí, un ficus brasileño al que me gusta trepar y con el que me gusta conectar. Posiblemente es lo que más me gusta hacer", dijo Djokovic en 2019 tras visitar los jardines y fotografiarse con algún aficionado, tal y como publicó la cuenta del parque en Facebook. "Trepar a un árbol quizás no es lo más divertido que uno se imagina para celebrar una victoria, pero no soy de grandes fiestas".

Dentro de las instalaciones está también el Herbarium Nacional y durante un paseo rápido el visitante puede ver pájaros de todos los colores. Según la guía oficial, hay unas 50 especies de aves diferentes. Hay cacatúas, cisnes negros y periquitos multicolor, además de tortugas, peces, anguilas, ranas, murciélagos y zarigüeyas australianas.

El templo budista de Wimbledon

Djokovic es muy de perderse en la naturaleza. En 2018, por ejemplo, después de perder un doloroso partido ante Marco Cecchinato en los cuartos de final de Roland Garros el serbio aparcó unos días la raqueta y se fue a recargar pilas a la montaña. Concretamente se fue con su mujer, Jelena, a las montañas de Saint Victoire, cerca de Marsella. En los dos meses siguientes ganaría Wimbledon y US Open. "Nos aislamos y tomamos las cosas desde una perspectiva diferente. Desde entonces, el tenis es completamente distinto para mí", dijo tras aquel título en Estados Unidos.

Y en Wimbledon se le ha visto varias veces huir del bullicio del torneo y resguardarse en un templo budista que está a unos pocos minutos del All England Club. "Lo conocemos desde hace bastante tiempo", dijo el gran monje del templo en un reportaje en The Independent en 2015. "Novak viene aquí solo. Entra, saluda y se pone a meditar por su cuenta".