El 'clic' de Madrid y cómo Nadal ha recuperado la fe para pensar en 2025 y más allá
Tras asegurar hace un año que 2024 sería su última temporada, el español dice en París pretende estirar todavía más su carrera.

"La sensación es que es mi último Godó", dijo Rafael Nadal el 15 de abril en Barcelona.
"Para mí es importante jugar por última vez en Madrid (…) Si hoy fuera París, no algo a pista", añadió el 24 de abril en el Mutua Madrid Open. Diez días más tarde fue homenajeado en la pista central.
"Hoy parece imposible pensar en ir a Roland Garros a competir por algo", comentó el 12 de mayo en Roma.
Y hoy, 25 de mayo, en París, Rafael Nadal anuncia que no, que este no va a ser su último Roland Garros. Que le queda todavía mucho tenis dentro. Que aunque en diez días vaya a cumplir 38 años, va a seguir viajando, compitiendo e intentando engordar su palmarés. Que no se ha cansado de tanta lesión. Pero, ¿qué ha pasado en los últimos días para ese cambio de discurso? ¿Qué ha ocurrido para que haya pasado de verse sin opciones de competir en París a soñar con hacerlo en 2025?
En realidad, Nadal lleva muchos meses jugando al gato y al ratón con este asunto. En mayo de 2023, cuando convocó a los medios en su academia para decir que no jugaría Roland Garros, dijo que la temporada 2024 sería su última en el circuito profesional. Pero desde entonces, tanto Nadal como su entorno ha ido deslizando varias veces que quizás no, que quizás, si su cuerpo respondía, no iba a retirarse.
"Él tiene una fuerza mental y unas ganas de competir que solamente él las alimenta, porque todo su círculo íntimo dice 'bueno, creo que este es el último año'. Pero no, él tiene ese poder de convencimiento de que todo lo puede, y no va a parar", decía hace un año a Clay el argentino Juan 'Pico' Mónaco, íntimo amigo de Nadal. "Si vuelve y gana, no se despedirá del tenis".
El 'clic' de Madrid
Nadal volvió, pero no ganó. De hecho, sus experiencias sobre la pista desde que regresara de la lesión en el psoas no han sido muy esperanzadoras. Jugó tres partidos en Brisbane en enero, se volvió a lesionar, y no reapareció hasta la gira de tierra batida, donde apenas ha disputado ocho partidos.
"Por mi experiencia sé que hay muchas opciones de que me vuelva a lesionar, pero no me quiero obligar a decir que es mi último Roland Garros"
Cuando reapareció en Barcelona, y en la semana posterior en Madrid, la sensación dentro del equipo era de que cualquier partido podía ser el último. Entendían que iba por una línea ascendente, pero sabían que en cualquier momento algo podía romperse. Pero el físico aguantó y el partido de tercera ronda ante Pedro Cachín en el Mutua, que se fue más allá de las tres horas, fue un clic. El cuerpo respondió bien a la exigencia y el día siguiente se levantó sin problemas. Tanto él como su equipo respiraron aliviados: el primer gran test estaba superado.
Los siguientes entrenamientos en Roma siguieron la misma tónica y, más allá del cabreo por la derrota ante Hurkacz, el objetivo antes de Roland Garros estaba cumplido: Nadal estaba sano y había acumulado kilómetros en las piernas. Es cierto que alguno menos de lo que deseaban, pero cuando el balear aterrizó el lunes en París lo hizo con el pensamiento de que si los entrenamientos continuaban por el mismo camino, sus posibilidades iban en aumento.
Y las jornadas de entrenamiento en la tierra batida no han podido ir mejor. El exnúmero uno se ha ejercitado todos los días en sesiones dobles, no ha perdido un sólo set y las sensaciones son más que positivas. Nadal ha recuperado la sonrisa entrenando, algo que le ha costado mucho en los últimos meses.
Nadal está de vuelta por sus fueros y da a entender lo que muchos que le conocen opinan y dicen: que mientras esté sano y mientras esté competitivo, el balear va a estar su carrera. "Si dentro de cuatro días me vuelvo a lesionar y se tiene que acabar, como lo sentía hace un mes y medio, pues lo siento. Por mi experiencia sé que hay muchas opciones de que me vuelva a lesionar, pero no me quiero obligar a decir que es mi último Roland Garros".