Lo que no se contó de la plata de Argentina en 2019: "Laprovittola me pidió hacer un podcast"
Germán Beder es el pegamento de una generación de la que sabe casi todo: el adiós del Chapu Nocioni, Campazzo y su futuro en los medios...

Cuando se cruza el charco, lo cierto es que Germán Beder (Bahía Blanca, Argentina, 1983) no necesita presentación alguna. Mientras que en España seguramente baste con decir que es… "el amigo del Facu". Aquel que siendo jefe de prensa de la Confederación Argentina de Básquetbol (CABB) entre 2014 y 2019, popularizó aquellas charlas de 'A la cama con Facu' durante las estancias de Campazzo con la selección, poco antes del Preolímpico de México de 2015. O el que durante la pandemia hizo junto a Nico Laprovittola ese famoso podcast de 'Hola, qué tal, cómo estás?' por cuyos micrófonos pasaron Ricky Rubio, Manu Ginóbili, Luis Scola… Y un sinfín más de jugadores.
La realidad es que a día de hoy se puede decir que German Beder fue una pieza clave en aquel combinado nacional argentino que se colgó la plata Mundial en China en 2019. Una voz más que autorizada para hablar de baloncesto y cargada de anécdotas de jugadores -como cuenta en su libro 'El Legado' (2020)- como Luis Scola, Nico Laprovittola, Facundo Campazzo o el Chapu Nocioni, a quien incluso 'ayudó' a escribir aquella mítica carta de despedida cuando anunció que se retiraba del baloncesto.
Un periodista que saltó a la fama gracias al base del Barça y que ahora, desde otra perspectiva fuera del basket, llena teatros y salas gracias a su programa 'Paren la mano'. Pero, sobre todo, un referente a su manera en esto de la pelota naranja que ha tenido a bien atender la llamada de Relevo cuando apenas le quedan unos días para iniciar el trabajo más complejo del mundo: ser papá.
Buscando información sobre ti, vi un tuit del año pasado cuando el Ché García dejó de ser seleccionador que decía «Germancito, es el momento de que endereces la nave como solo vos sabes hacer. Sos nuestra salvación». Dejaste huella durante tu paso por la CABB…
Cuando me fui hubo mucha gente que, por suerte, me escribió valorando lo que había sido acá mi paso por la CABB. Y bueno, después también en las redes sociales, que son una gran mentira, pero bueno, me decían que vuelva, etcétera y a mí eso me ponía muy contento. Te lo digo con total humildad, yo siento que mi paso por la CABB estuvo bueno. Que yo influí y ayudé al grupo es que llegó al subcampeonato de China más que en el área de prensa. Siento que di una mano y colaboré. Tengo amistad con muchos integrantes del equipo, con Oveja Hernández [entonces seleccionador de Argentina] también. No me sentía uno más. Capaz que sí lo era, pero no me sentía uno más. Y eso al día de hoy me sigue pareciendo una experiencia muy enriquecedora para mi vida.
Desde fuera se veía que lo eras. De hecho, durante esa etapa nace aquello de 'A la cama con Facu' y fue un éxito absoluto. ¿Hubo que convencer mucho a Campazzo para hacerlo?
Facu es un chico muy dado, un personaje que tiene mucho carisma por encima de lo que es dentro de la cancha, que también es muy talentoso. Pero fuera él tiene un ángel especial. La gente lo quiere mucho. Él es muy cercano con todo el mundo y tiene aura. Le gusta. En todos los contenidos que nosotros hacíamos con él, él se destacaba porque más allá de ser deportista de élite es un chico que el día de mañana si quiere trabajar en los medios va a tener las herramientas para hacerlo. Entonces un poco fue una idea mía, pero también potenciada por él y los que venían a participar en el programa. Como tenían amistad con nosotros dos, también ayudaba mucho. Era un contacto muy informal. La verdad es que eso salió increíble. Al día de hoy, cuando lo veo, además filmado con un teléfono, con una escasez de recursos gigantesca y eso después fue creciendo y terminamos haciéndolo con más cámara y con sponsor.... Y en un momento ya era cualquiera y también tocó su techo porque era un proyecto muy artesanal que se estaba volviendo muy profesional y en realidad estábamos dejando de lado lo importante, que era lo deportivo, y por eso hasta ahí, en 2019 lo cerramos.
Ahí se veía que al final tu conexión con los jugadores era brutal. E incluso muchos se abrieron en tu libro, 'El Legado', contando a nivel personal anécdotas e intrahistorias del Mundial de 2019 y el camino que os llevó a esa plata.
Correcto. 'El Legado' es mi libro favorito, porque es un poco una experiencia de todo mi paso por la Confederación resumida. Participan todos los jugadores, además con sentimiento y compromiso en el libro. Todos los testimonios tienen algo que cuenta, no se lo sacaron de encima. Encima, es un libro que se vendió recontra bien acá en Argentina. Eso, por supuesto, me puso muy contento y me sirvió para cerrar una etapa también. Al final de ese año 2019, después del Mundial de China, hubo elecciones en la Confederación y hubo cambio de autoridades y ahí yo renuncié, me fui y nunca más estuve con el básquet.
Ahí cuentas, por ejemplo, cuando Lapro decía que se quería retirar o el propio Facu dudaba de sí mismo al irse a jugar a Murcia. Eso muestra que más que un jefe de prensa, eras como una especie de confesionario de todos los jugadores.
Muchos de los integrantes del staff, te diría que en todos los equipos, tienen un vínculo con los jugadores que excede lo laboral y muchas veces trasciende incluso lo personal. En mi caso, generé amistad, sobre todo con Facu y con Lapro, que son con los que más amistad tengo, pero también yo hablaba con más jugadores, con Tortu, con Nico Brussino, con Marco Delía, con Luca Vildoza... Con Patito Garino, que es como que generacionalmente compartíamos mucho. Y encima yo entré al equipo cuando ellos entraron y se asentaron. Entonces transcurrimos el camino juntos y por eso también me daban el lugar que me daban. Pero no solamente a mí. El kinesiólogo Pablo Macari también tenía ese espacio. El utillero Facundo Bartañán también lo tenía. No es solamente mío, aunque sí se daba que el que comunicaba alguna de esas cosas era yo. Entonces el que aparecía era yo. Pero en realidad había más gente que hacía un poco de red del plantel cuando terminaban las prácticas y antes y después de los partidos.
Hablando de comunicar, incluso enseñaste a algún que otro reconocido jugador 'a escribir' sus cartas de despedida…
Sí, lo que pasa ahí... En un momento había una moda de muchos jugadores que cuando se iban de un equipo a otro o se iban a alguna otra liga, hacían carta de despedida. Se había puesto como una tendencia que hoy ya desapareció. Y bueno, en ese tramo yo ayudé a varios, pero sobre todo a Chapu Nocioni cuando anunció que se retiraba. Y esa carta estuvo buenísima. Chapu es de los mejores amigos que yo hice en el básquet, pero por lejos. Con él tengo mucha amistad, mucha cercanía.
¿Siempre tuviste tan buena onda con todos los jugadores?
Yo, digamos, trato de ser ameno siempre, de caer bien en la gente. Entonces no tenía mucho roce al comienzo. Después, cuando ya establecía vínculo y confianza, sí me peleaba con todos. En algún momento me peleé con todos, hasta con Scola, que me daba miedo. Él me generaba un gran temor, pero yo igual en algún momento tuve roce con él por situaciones de prensa siempre, viste. Pero eso también, después a la larga, a los vínculos los potencia, los afianza. Pero en líneas generales me llevaba bien con todo el mundo por ahí, con algunos más que con otros, como en todo grupo humano.
Tras aquella época en la CABB, llega la pandemia y el podcast de 'Hola, qué tal, cómo estás?' con Nico Laprovittola y a partir de ahí no has dejado los micrófonos.
Sí, Lapro, antes de la final del Mundial de 2019 con España, en el colectivo que iba para la cancha ese día me dice: "Tenemos que hacer un podcast, que es algo que está creciendo mucho últimamente y puede estar bueno y lo tenemos que hacer juntos, vos tener que estar porque yo solo no me animo". Y bueno, yo ahí le dije: "Mirá flaco estamos por jugar la final, ¿viste? Enfócate en eso". Él tiene una manera de pensar muy particular. Y cuando terminó el torneo y yo me fui de la CABB, él me insistió y lo largamos. Y ese podcast a mí después, más allá de que las entrevistas que conseguimos eran tremendas, hasta Ricky Rubio en un episodio que es una nota que realmente al día de hoy todavía recomiendo porque Ricky se confiesa muchísimo, y está Manu (Ginóbili), está Scola, están todos los de la generación dorada, nosotros ahí, yo, por lo menos en lo personal, gané confianza en una situación de pandemia además, para estar frente a la cámara, para decir de corrido un par de frases y no trabarme y no sentirme intimidado. Me permitió crecer. Fue una experiencia muy grande, enriquecedora. Después lo largamos porque él fue padre y yo incursioné ya definitivamente en medios, pero sin ese trampolín yo no lo hubiese podido hacer realmente. Por eso cada vez que puedo le agradezco a Nico. Yo hablo todo el tiempo con él, pero eso se lo debo a él, es todo mérito suyo.
La realidad es que te tocó vivir una etapa muy interesante desde dentro. El fin de la llamada Generación Dorada y la transición posterior.
Bueno, compartí el Preolímpico de México 2015 y los Juegos Olímpicos de Río 2016 que fue donde se retiraron Chapu Nocioni y Manu Ginóbili. También estaba Carlo Delfino en ese proceso; estaba Luis Scola, que siguió jugando… No estuve con el núcleo fuerte de la Generación Dorada, porque no coincidí con Magnano, Prigioni o Pepe Sánchez, pero sí con jugadores muy importantes y atravesé toda la transición posterior. Fueron unos años fuertes porque había mucho temor e incertidumbre, pero se pudo sacar adelante, al menos momentáneamente. Después se vino todo a pique.
Es curioso que teniendo una tripleta de bases top en Europa, como son Facu, Lapro y Vildoza, jugadores con nombre como el Tortu (Gaby Deck), entre otros, a la selección no le ha terminado de ir del todo bien como se ha visto este año.
Lo que pasaba también es que con la Generación Dorada salieron en camadas cercanas jugadores de altísimo nivel en distintas posiciones. Un poco le pasó a España eso también con su Generación ÑBA. Argentina de lo que padece es de problemas con los pívots desde siempre. Pero con Oberto y con Scola se maquilló durante muchísimo tiempo. Sobre todo con Scola, que era un eje determinante en la ofensiva de la selección del 2000 al 2020. O sea, 20 años donde un tipo te garantizaba entre 15 y 20 puntos en todos los partidos. Y si el partido era trascendental, más aún. Eso desapareció y obviamente su ausencia pesó muchísimo porque no tiene reemplazo. En algún momento se iba a sentir mucho y ahora está pasando. Si bien hay jugadores que tienen potencial más allá de Tortu. Me voy a jugadores más jóvenes, como Juan Fernández, que está jugando ahora muy en ACB. Ellos tienen potencial, pero bueno. Esto es parte de un proceso y hay que bancar que la transición es pesada y, además, dolorosa. Porque Argentina ahora inicia un camino de recambio verdadero y largo. Y encima con el agravante de no haber podido jugar el Mundial, que un poco te quita roce con potencias europeas. A nosotros nos hubiese llevado mucho poder competir este Mundial, aunque sea estar ahí.
Como dices, en España con la Selección pasa algo similar. Aunque en la NBA, quitando a Santi Aldama, parece que no hay españoles como tal que terminen de cuajar. Pero es que en el caso de Argentina, este año no hay ninguno.
Yo igual noto en España que tienen más recursos, porque la escuela de formación tiene más recursos, más presupuesto. Tiene más variantes. La competencia europea es mucho más fuerte que la de acá de Argentina. Ni siquiera a nivel regional podemos hacer algo parecido. Encima se da que España nacionaliza jugadores y, por encima de todo, tiene a Scariolo, que es un comodín, un as y una persona que siempre ha potenciado la Selección en todos los procesos. Argentina hoy día eso tampoco lo tiene, porque Priogioni es un gran entrenador, pero está en formación como muchos de los jugadores del equipo. Entonces nada. Nosotros estamos pasos atrás, pero hay que asumirlo, aceptarlo y crecer en base a eso.
Quien sí que ha crecido a nivel personal eres tú. Porque con el programa de 'Paren la mano' estáis llenando teatros incluso fuera del país. Como cuando un deportista se retira y triunfa aún más después. ¿Cómo estás llevando esta nueva vida?
Sí, sí. Se vive una situación atípica en mi vida de popularidad y bueno, lo llevo como puedo. A veces vamos con mi esposa caminando por la calle y nos sacan una foto y después la veo que la suben a alguna red y eso me hace también estar preocupado porque me da miedo sentirme tan observado. Yo en mi vida fui siempre anónimo, caminé toda mi vida desde el anonimato total, pero anónimo en un 100%. Y ahora esa situación cambió y a veces, bueno, me cuesta porque es raro, es algo atípico. Lo mismo la situación de los teatros que cuando nos presentan, que la gente nos ovaciona. Es una parte confusa de la vida, inesperada, que encima me llegó a los 40 años. Algo muy raro, pero bueno. Pies sobre la tierra, perfil bajo, equilibrio.
Eso es algo que se puede aplicar también al deportista, ¿no?
Sí, de hecho a Facu le conté todo esto y él me dice que no mire comentarios. Yo trato de estar siempre tranquilo, que nada me movilice mucho, saber que los elogios desmedidos también pueden derivar en una crítica desmedida, porque así son los tiempos actuales en las redes. De hecho, por ahí hay veces que recibo algún tipo de hateo por algo y me pongo muy triste, aunque sea uno sobre diez o sobre 100, no sé. Eso a mí me pone muy triste. Y yo trabajo para que no me afecte tanto, pero a la vez entiendo que es un proceso que yo no estoy acostumbrado, porque yo toda mi vida, cuando yo ponía algo en Twitter o en Instagram, eran 20 personas las que me contestaban. Y de pronto ahora cuando pongo algo, la repercusión es muchísimo más grande y es imposible gustarle a todo el mundo, ¿no? Entonces yo estoy haciendo todo un proceso en mi cabeza de aceptar eso y de no querer agradar y buscar la unanimidad, porque a una escala ya es imposible. Pero bueno, me cuesta, me cuesta mucho, lo sufro. Ayer mismo [por el día previo a esta entrevista] antes de irme a dormir estaba viendo el teléfono, ahí vi que uno me puteaba y me fui a mi re triste y no me sirve para nada, realmente no me sirve. Es lo malo que tiene la popularidad.