Roger Grimau, ante el espejo de Chus Mateo
El Clásico de la final de la Copa ACB deja un duelo entre dos entrenadores con caminos similares en sus inicios al frente de ambos banquillos.

Málaga.- Llegó el día. Un Clásico para la final de la Copa. Pero no un Real Madrid-Barça más (18:30 horas). Es el primer título en juego de este 2024. El segundo que esta temporada tiene la opción de ganar el Real Madrid de un Chus Mateo que hace tiempo dejó atrás esa "travesía por el desierto" que sufrió cuando cogió las riendas del equipo. Una situación muy similar a la de un Roger Grimau que ahora pelea su primera final, pese a que hace sólo un mes y medio parecía que nadie -fuera del club, claro- apostaba por él, pero que ha conseguido dejar claro que este Barça va muy en serio a por la Copa.
Cuando se analiza la situación de los dos banquillos que hoy tendrán que tirar de pizarra y del talento de sus jugadores para luchar por el título copero, la realidad es que podría decirse que ambos entrenadores son un reflejo en lo que bien podría llamarse el espejo del técnico. Por un lado, está Chus Mateo, un entrenador que, cuando a principios de la temporada 2022-2023 se hizo cargo del equipo blanco, con la alargada sombra de Pablo Laso demasiado presente, tuvo que aguantar críticas, señalamientos y estar en el foco porque las cosas no salían bien. Como lo fue la pasada Copa de Badalona en la que el Real Madrid fue eliminado antes de la gran cita del domingo.
Pero también, un técnico que tras desquitarse de todo aquello, ha disputado todas y cada una de las finales posibles: Euroliga, con victoria; Liga Endesa, con derrota; Supercopa, con victoria; y ahora la Copa de Málaga.
🗣️ @facucampazzo: "Va a ser un partido que se va a definir por detalles".
— #CopaACB (@ACBCOM) February 18, 2024
🗣️ @nicolapro7: "Toda Europa y mucha gente nos va a estar mirando hoy".
Las palabras previas a la FINALÍSIMA de la #CopaACB de Facundo Campazzo y Nico Laprovittola. pic.twitter.com/VaJN43IyZ9
Por otro lado, está Roger Grimau, un entrenador que ha vivido en primera persona un camino similar al de su homólogo en el banquillo blanco. Porque le tocó llegar de nuevas a un vestuario donde había algún que otro hueco importante que llenar -como el de Mirotic o el propio Jasikevicius-. Porque tuvo que forjar un equipo nuevo y con muchas caras nuevas -quizá demasiadas, para muchos- y acoplar todo ese talento para hacerlo jugar junto. Porque también ha sufrido esa "travesía en el desierto" en el que las cosas parecía que no funcionaban y los resultados no terminaban de llegar. Un camino que incluso puso en jaque su silla, como le ocurriera al técnico blanco, pero que finalmente mantuvo su asiento porque así lo quiso el club.
Al igual que le ocurriera al Real Madrid de Chus Mateo, cuyo momento clutch fue, sin duda, los playoffs de la Euroliga ante el Partizan y la consecución del título europeo en la final four de Kaunas, el Barça de Roger Grimau podría tener esta Copa como su antes y después. Más que nada porque ya en semifinales, ante Lenovo Tenerife, se vio la capacidad de creación en ataque y defensa que puede llegar a tener el conjunto culé cuando juga con orden y es capaz de aunar todo el talento individual que tiene.
Por todo eso, la final de esta tarde apunta a ser una lucha de gigantes. Porque el Real Madrid quiere volver a levantar un título que no alzan desde hace cuatro años y mantener ese pleno de final jugada, final ganada que iniciaron esta temporada con la Supercopa. Aunque para eso suponga sufrir hasta el final y ganar por la mínima. "Espero que mantengamos el nivel. Mi prioridad es ganar por un punto aunque fuera jugando mal, si encima conseguimos jugar bien, mejor", aseguró Chus Mateo.
Pero el Barça quiere demostrar que está en su mejor momento desde que Grimau tomó las riendas del banquillo. Y hacerlo con un título ayuda, sobre todo si sirve para corroborar que la buena dinámica -"estamos bien y las últimas semanas hemos estado bien", como aseguró el técnico culé- con la que llegaba el equipo no era casualidad.