El 'Profe' del basket que antes fue bancario, agente y periodista explica el traspaso de Doncic a los Lakers: "Harrison no es Brad Pitt en Moneyball"
En 1983 era ejecutivo en un banco en EEUU y 'scout' de los Suns: la 'operación Magee' cambió su vida, para convertirlo en uno de los representantes y analistas más reputados de la canasta.

El perfil de Miguel Ángel Paniagua en X incluye una pequeña imagen suya frente al micrófono de la COPE y otra grande en cabecera con Edward R. Murrow, el legendario locutor de la CBS al que George Clooney retrató en su película Buenas noches y buena suerte. Basta este detalle para situar algunas de las filiaciones de Paniagua: nacido en Madrid y crecido en Segovia, nada más terminar su primera formación universitaria emigró a Estados Unidos y en Arizona empezó a trabajar para los equipos de baloncesto de la universidad y como ojeador de los Phoenix Suns. Y mientras, anhelaba dedicarse al periodismo deportivo.
Su experiencia personal y la trayectoria profesional —cada 11 de septiembre recuerda sus días en el piso 78 de la torre 2 del World Trade Center, donde trabajó como ejecutivo de un gran banco— sumadas a la pasión por el baloncesto, conspiraron para conformar un perfil distintivo: un conocedor del juego, de ojo clínico para auditar jugadores, mejorado con una fina perspectiva del modelo de negocio del básquet. Así ha sido, sucesivamente, agente de referencia en los albores de la ACB, precursor de la conexión Europa/NBA, divulgador del baloncesto en diarios, revistas, emisoras de radio; y, desde hace unos años, también docente en el ámbito universitario.
Lo que no has hecho, por más que el apellido lleve a equívoco, fue jugar en el Real Madrid. ¿Cuántas veces te han confundido con Vicente Paniagua?
Muchas, hasta el punto de que cuando nos vemos ya bromeamos con el intercambio de perfiles entre nosotros. A él le preguntan de los clubes, qué pasa con tal americano, que no llega y no sé qué, y a mí por mis años de jugador... Curiosamente no tenemos relación familiar, más allá de que él nació en Alcázar de San Juan y yo tenía familia en Alcázar de San Juan. Es un gran tipo, siempre nos reímos mucho con todo eso.
Estos días se cumplían 25 años de la muerte de Antonio Díaz-Miguel, quien también nació en Alcázar de San Juan.
Es curioso. Aparte de ser un nudo ferroviario, Alcázar ha producido gente ilustre del baloncesto como Antonio y Vicente. Y sé que es un nudo ferroviario porque mi padre trabajaba en RENFE. Eso sí, nunca estuvo destinado en Alcázar, que ya sería el acabose para la confusión con Vicente... pero paraba por allí muchas veces.
Entonces, ¿a qué nivel y dónde jugaste al baloncesto?
Nací en Madrid, pero mi familia se trasladó a Segovia por el trabajo de mi padre y allí empecé a jugar al baloncesto en el colegio. Llegué hasta cierto nivel: lo que sería una LEB, LEB 2 o así ahora mismo. Después también jugué algo en Estados Unidos, pero en esa época lo hacía ya por entrenar al equipo A de la Universidad Estatal de Arizona. Allí entre otros conocí a Byron Scott, que llegaría a ser jugador y entrenador de los Lakers, nada menos...
"En la Universidad Estatal de Arizona trabajé con el equipo universitario, como 'scout'; luego los Phoenix Suns me dijeron si quería hacer informes de partidos y, cuando volviera a España, ser su ojeador europeo: y ahí enlazamos con la historia de Kevin Magee"
Periodista deportivoHas sido agente de jugadores, comentarista pionero de la NBA en España, analista de baloncesto en diarios y revistas, especialista en la radio, profesor universitario... ¿Por dónde empezamos?
Es una cuestión de épocas y hay un tiempo para todo. El Eclesiastés dice que hay un tiempo para sembrar y otro para recoger. Y a mí el tiempo me ha llevado a través de diversas inquietudes. Pero hay una muy básica: la pasión por el baloncesto, que viene de muy atrás: como jugador primero, y después en una faceta muy bonita como ojeador para equipos de la NBA, cuando la NBA ni siquiera miraba a Europa. En esos tiempos jugar al baloncesto no te permitía vivir del baloncesto. Alguna vez hemos hecho ese ejercicio con los alumnos de la universidad: el jugador que más ganaba a finales de los 80 y principios de los 90, ajustado a inflación, estaría ahora en unos 350.000 euros. Hoy en día los grandes equipos tienen jugadores de 2 y 2,5 millones de sueldo. Pero entonces no se podía vivir y gran parte de mi generación, que jugábamos al baloncesto de una manera profesional o semiprofesional, también estudiábamos. Y a mí los estudios me llevaron hacia el Periodismo y la Economía.

Y a Estados Unidos.
En mi pasión por el baloncesto hubo siempre una pasión subliminal por el estadounidense, cuando aquí sólo había todavía vagas imágenes de la NBA de los años 60. Y también pasión por los Estados Unidos en cuanto a experiencia. Así que, en cuanto terminé los estudios, para mí la salida lógica era aventurarme a ir a Estados Unidos... y allí me planté. En la Universidad Estatal de Arizona trabajé con el equipo universitario, como scout; luego, se corrió la voz y los Phoenix Suns me dijeron si quería hacer informes de partidos y, cuando volviera a España, ser su ojeador europeo, el hombre de los Phoenix Suns en Europa. Y ahí es donde enlazamos con la historia de Kevin Magee, José Luis Rubio y el CAI Zaragoza.
Estamos en 1983, albores de la Liga ACB y tú en Estados Unidos trabajando para los Suns. ¿Cómo fue todo aquello?
Magee había sido el último descarte de los Suns en esa temporada y me llamaron para decírmelo y preguntarme si podía encontrarle un club en Europa que lo fichara. Yo no tenía muchos conocimientos intrínsecos de lo que era el principio de la ACB en aquellos años. Pero sí conocía a Eduardo Portela, a quien considero mi mentor. Era el recién nombrado presidente de la recién instaurada ACB, así que lo llamé y le dije: tengo esta circunstancia, tengo a este jugador. Y él me ayudó a ponerme en contacto con varios equipos. Algunos ya tenían la pareja de extranjeros hecha, otros a lo mejor uno de ellos no les funcionaba... Pero ahí tengo que decirte que quien estuvo más rápido, más avispado y lo tuvo más claro fue José Luis (Rubio). El otro equipo que sí mostró mucho interés y me preguntó parámetros económicos y demás fue Baskonia. Era una cantidad económica importante para la época y el único que se atrevió fue Rubio. Él y otras personas siempre me han dicho que hay un antes y un después de la llegada de Magee a Zaragoza: aquella Copa del Rey que ganó el CAI puso en la élite a un equipo que no había sido hasta entonces así de relevante.
Los recuerdos de mis días un despacho del piso 78 de la Torre 2. Siempre en la memoria. Never forget!! #911memorial #memorial911 #911Anniversary pic.twitter.com/0ABDkX8Vav
— Miguel Á. Paniagua (@pantxopaniagua) September 11, 2023
Tuvimos esta misma conversación con José Luis Rubio hace pocos días y él me puntualizó: no es que Magee cambiase el baloncesto en Zaragoza, es que cambió el baloncesto en España.
Puede ser, desde luego. Fíjate que Magee llegó aquí en noviembre, un ultimísimo descarte de los Phoenix Suns, en un universo NBA en el que había 23 equipos con plantillas de 12 jugadores. Si multiplicas, ves las posibilidades de trabajo comparadas con las 30 franquicias con 15 por plantilla actuales, más los que van y vienen a la G League con los two way contracts, los contratos de doble sentido... Magee no era especialmente alto, para la NBA estaba en una posición indefinida: no se sabía si era un alero fuerte o un pívot pequeño. Pero para Europa era un jugador de una calidad estratosférica. Al llegar, efectivamente, suscribo la frase de José Luis: cambia el baloncesto en España porque aparece un perfil de jugador que no existía aquí. Madrid y Barcelona se podían permitir grandes jugadores pero los muy buenos, como Magee, se quedaban en la NBA, no se planteaban venir a Europa. Hoy en día la traslación a un jugador de ese nivel que venga a España es muy difícil de hacer. Es imposible que alguien así venga a Europa. Fue un shock traumático en positivo. Y también para mí: porque me desvió de mi ruta profesional. Magee también cambió mi vida.
¿Qué ocurrió después?
A partir de esa mediación, el propio Eduardo me sugirió la idea de traer a España el concepto de representación deportiva. Había gente que hacía cosas, como José Antonio Arizaga, que ha fallecido hace bien poco, con Fernando Bermúdez, quien como yo trabajaba en un banco. Ellos traían jugadores americanos, pero representación como tal no había. Eduardo me dijo que podía ser una vía interesante y, después de haber traído a Magee, mi primera entrevista como futuro agente fue con Fernando Martín. Con lo cual parece que empecé la casa por el tejado porque arranqué, tanto con extranjeros como con nacionales, muy en la élite. A partir de ahí fue un tsunami.
"Empecé a representar jugadores porque me lo propuso Eduardo Portela. Aquí nadie lo hacía. Nunca pensé que sería agente: me veía como un ejecutivo bancario, viajando... Intenté compaginarlo, pero aquello fue un tsunami"
Periodista deportivo¿Has dicho que antes de eso trabajabas en un banco?
Yo no pensaba aún que iba a ser agente, me habían fichado para trabajar en un banco, viajaba, estaba muy contento. Pero los clubes, no sólo españoles sino también europeos, empezaron a interesarse en que trajera jugadores; y también se empezaron a interesar los propios jugadores, al ver la operación de Fernando Martín con la NBA, aunque después no cuajó por circunstancias que ya hablaremos. Pero aquello fue la génesis de todo. Y, como te decía antes, ahí se ve cómo los tiempos me fueron arrastrando a un perfil que ni yo esperaba. Mi perfil de carrera era ser ejecutivo bancario, con un buen sueldo, estar destinado como estuve en Londres, luego en Nueva York, Roma... Vivir esa vida de ejecutivo. Pero el baloncesto, que nunca ha dejado de ser mi pasión, me arrastró a una trayectoria que ni esperaba. Y aunque al principio traté de compaginarlo, pronto se hizo imposible y dejé la banca para dedicarme a la representación. Empecé con Fernando Martín y muchos otros jugadores españoles que eran casi coetáneos míos, incluso alguno era mayor que yo. Después, cuando pasa el tiempo, con los jóvenes el discurso es como si yo fuera su padre. Y luego, el del abuelo. Y al abuelo ya sabes que lo tienes considerado como a un tótem sagrado, pero no lo escuchas. Le oyes, pero no lo escuchas. Me di cuenta de eso y, aparte, por una especie de conjunción astral —aunque yo no crea en esas cosas— llegó el tema de la docencia. Hace diez o doce años entré en el Instituto de Empresa (IE) y estoy encantado.
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¿En qué momento entra en ese mix de facetas personales y profesionales el periodismo deportivo?
Hice un MBA y luego, cuando estaba trabajando en el Chase Manhattan Bank en Nueva York, me formé en la Universidad de Columbia en una cosa que se llamaba Continuing Education Program: un programa de educación continua para gente que ya está graduada. Ahí me apunté en periodismo deportivo y aprendí yo creo que mucho más que en la facultad o en cualquier posgrado. Columbia, como sabes, es una de las universidades de la Ivy League; y la gran ventaja de aquel programa es que hacías prácticas continuas en inglés y, además, con gente extraordinaria: allí hay profesores que tienen un Premio Nobel en su casa. Se respiraba periodismo y me fui al periodismo deportivo porque me gustaba mucho la idea de cooperar con el periodismo deportivo.
¿Cómo empezaste a hacerlo?
En paralelo a todo esto que te he contado, en el Mundial de España de baloncesto (1986), José Joaquín Brotons me preguntó si me apetecería comentar partidos. Estuve ahí y la audiencia manifestó que le había gustado mucho el modelo de narrador/comentarista. Después tuve una carrera en la COPE, luego en la SER, donde conocí al equipo de Paco González, Pepe Domingo, Lama, etc., y de nuevo otra vez en la COPE, en una historia que es ya suficientemente conocida.
Tenemos un recuerdo de verte con Vicente Salaner, el 'alter ego' de Víctor de la Serna en el baloncesto, en programas muy iniciales de la NBA con Ramón Trecet.
Víctor, que en paz descanse, y yo teníamos en común que él se educó primero en Suiza y luego en Estados Unidos, con un estatus social mucho más alto que el mío. Estudió en Columbia, de hecho, en una época anterior a la mía. Nuestras vidas habían sido un poco paralelas y, de alguna manera, fuimos los pioneros, los que más conocíamos el baloncesto NBA en este lado del charco, porque habíamos estado allí. Incluso a nivel de entrenadores profesionales se desconocían muchos aspectos del trabajo táctico en Estados Unidos, se pensaba que no se defendía. Nosotros hacíamos un poco esa labor de instruir a la gente, dentro de nuestra modestia, y defender que la NBA era, con sus virtudes y sus defectos, una liga muy seria.
"Con Vicente Salaner teníamos vidas un poco paralelas, los dos estudiamos en Columbia y, dentro de nuestra modestia, fuimos pioneros en instruir y defender a este lado que la NBA era una liga seria"
Periodista deportivoEn aquel momento no había especialistas ni casi gente que viera la NBA en España.
Claro, en un momento dado la NBA ofreció sus derechos a RTVE y un ejecutivo de la casa dijo: "Hemos comprado una cosa que se llama NBA... ¿quién quiere hacerla?". Esto siempre lo cuenta Ramón Trecet: él levantó la mano porque sabía inglés y le gustaba, aunque él en realidad era y es un gran entendido en rugby. Y se hizo la cara visible. Nosotros íbamos a muchos de aquellos programas. Víctor tenía un conocimiento muy empírico del juego y yo me especialicé en todo aquello que tenía que ver con el modelo de negocio, que a día de hoy es una cosa que todavía enseño en mis clases: modelos de negocio deportivos. Y uno de los más relevantes es el de la NBA. Para la generación posterior de aficionados la cara de la NBA, y muy merecidamente, fueron Andrés Montes y Antoni Daimiel.
¿Leí en algún lado que Víctor de la Serna había sido también asesor deportivo del Real Madrid?
Él era un madridista acérrimo, más madridista que el escudo. Y siempre que podía ayudaba al club a identificar jugadores americanos que les pudieran interesar. Mucho antes que Arizaga y los demás. Y lo hizo magníficamente bien: a él se debe, entre otros muchos, la llegada al Madrid de Clifford Luyk, de Brabender, de Walter... y su asentamiento en España. Sólo con esos tres ya tienes un trío de ases en el ideario y el recuerdo de los madridistas y, en realidad, de los aficionados al baloncesto en España. Tú fíjate lo que influyeron Brabender, Luyk, la fertilidad anotadora de Walter. El inductor de esos fichajes fue Víctor de la Serna. Y además él lo hacía por amor a la bandera, por amor al escudo: siempre me dijo que nunca había tenido ningún afán económico en esas operaciones.
This. Truly special player. Truly special coach. Truly special people. Both.👇 https://t.co/ZeyprA6OoL
— Miguel Á. Paniagua (@pantxopaniagua) May 7, 2022
Antes hablabas de Fernando Martín, que fue tu segundo gran cliente. ¿Cómo fue aquel salto pionero a la NBA?
Enlaza mucho con lo que hemos hablado de Kevin Magee: en aquella NBA había 23 equipos con 12 jugadores, 256 puestos de trabajo. Sólo dos clubes miraban a Europa, y en los dos fui ojeador: Phoenix y Portland. Ambos tenían vocación internacional: visionarios como Jerry Colangelo o Harley Frankel preveían que, más tarde o más temprano, el baloncesto internacional desembarcaría en la NBA. Quizá no de la forma que lo ha hecho después, que eso tiene otra explicación, pero sí que llegarían más jugadores extranjeros allí. A los europeos los consideraban, en general, inferiores, que no podían competir con la calidad física de la NBA de entonces. En ese momento, tanto en informes que le hice a Phoenix como luego en Portland cuando fiché como ojeador, les abrí un abanico de posibilidades que pasaban por un jugador de Europa occidental, Fernando Martín; y varios del otro lado del entonces Telón de Acero, Yugoslavia y la Unión Soviética: jóvenes entonces como Vlade Divac, Dino Radja, Toni Kukoc, Arvydas Sabonis, Marciulonis... Pero a aquellos no se les podía tocar porque las autoridades políticas sólo les permitían salir a Europa con permisos especiales, como habían hecho Delibasic y Dalipagic. Y con un un costo para los jugadores, porque tenían que donar parte de su sueldo al Partido, el gobierno o lo que fuera. Así que el único disponible era Fernando Martín.
"En varios informes a Phoenix le propuse fichar a Fernando Martín y a varios jugadores del Telón de Acero: Sabonis, Marciulonis, Divac, Radja... Las autoridades no los dejaban salir y por eso el primero que llegó a la NBA fue Fernando"
Periodista deportivoPrimero probó en el campamento de verano de New Jersey Nets. Pero, ¿es cierto que pudo ir a los Lakers?
Eso me lo explicó él, porque yo entonces no me dedicaba todavía a la representación. Después de los Juegos de Los Ángeles hay un momento en el que los Lakers lo tantean, con cierto interés, pero eso se quedó ahí. A él le generó mucha inquietud, tenía la vista puesta en la NBA porque en España era de largo el mejor jugador y se le quedaba algo pequeño, y mostró interés en probar en Estados Unidos. Habló con Antonio Díaz-Miguel y éste le puso en contacto con un agente amigo suyo allá, que fue quien le consiguió el campamento en New Jersey. Fernando, que en paz descanse, siempre sostuvo que ese agente no tenía demasiado interés en ponerlo en la NBA. En el campamento sintió que estaba por compromiso, pero que no había en verdad una idea de ficharlo. Y cuando volvió, con ese carácter competitivo que tenía, lo hizo bastante cabreado: ahí es cuando habla conmigo. Nos conocíamos porque vivíamos cerca. Me propone una reunión y me dice que quiere ir a la NBA pero en serio, y que confiaba en mí para ello porque sabía que era alguien que conocía el mercado estadounidense.
Y acabaría en Portland.
Ya hemos dicho que 21 de los 23 equipos no estaban interesados en Europa. O iba a Phoenix o a Portland. Con la desgracia para Fernando de que ambos eran dos equipazos: no aspirantes al título pero sí equipos de playoff. Phoenix estuvo tibio, pero Portland sí me dijo que estaban muy interesados. Que querían verle en el campamento de Los Ángeles, pero casi seguro tenían decidido ficharlo. Y así fue, lo ficharon en Los Ángeles. Fernando tuvo una doble mala suerte. El entrenador era novato, venía de la universidad, y es casi una regla no escrita que un técnico en esa circunstancia se entrega a los veteranos para mantener su puesto. Aparte de que tenía un equipazo: una mega estrella como Clyde Drexler, uno de los 75 mejores jugadores de la historia de la NBA; un tirador formidable como Kiki Vandeweghe; Maurice Lucas, una bestia en el 4, Kevin Duckworth, Sam Bowie... Iba a ser muy difícil jugar.
Todo esto parece increíble de concebir ahora, que la NBA está plagada de extranjeros. Y que España ha visto la llamada ÑBA...
Para mí era infinitamente más difícil llegar entonces de lo que lo ha sido después, cuando la NBA ya sí que mira de forma decidida a Europa. El Dream Team en Barcelona, además, provocó que muchos europeos pensaran en jugar en la NBA. Ojo, por más que se diga que ahora es fácil, sigue siendo extremadamente difícil llegar. Pero mucho más, con una diferencia abismal, en la época en que lo hizo Fernando.
Todo comenzó el 31-10-1986 🗓️❤️
— NBASpain (@NBAspain) October 31, 2023
Hace 37 años, FERNANDO MARTÍN debutó en la NBA.
🇪🇸🏀Abrió el camino y demostró que SÍ se podía. Todo lo que vino después, hasta el día de hoy, es historia.
Eterno.pic.twitter.com/4386JBj6HE
Aquellos pioneros de los 80 fueron ampliados y mejorados por los juniors de oro y las generaciones que han seguido. ¿Temes ahora una transición similar a la que vivió el baloncesto español en los 90?
Yo estoy más tranquilo, aunque aquí siempre somos algo cainitas. Tengo claro que la generación del 99, la que gana el Mundial junior, es probablemente irrepetible en cuanto al talento acumulado que había ahí. Casi todos los jugadores que salieron de ese equipo conforman el que consigue el Mundial de 2006, que supuso un avance extraordinario. Siempre existe la sensación de que vamos a entrar en una especie de túnel. Pero estoy tranquilo porque vienen jugadores muy buenos, muy preparados, bien alimentados, con muy buenos fundamentos. El trabajo de los entrenadores de base en España es muy bueno: el nivel de fundamentos y de conocimiento del juego es simpar. A nivel competitivo, el baloncesto español va a ser atractivo, va a estar en los puestos de élite. Lo que sí perdemos es la garantía de estar, como se dice en el argot, en el cajón: no veo a la Selección con lo que sí teníamos en la época de Pau y todos los demás, Garbajosa, Calderón, Navarro, Ibaka, Mirotic... esos te garantizaban que, si no jugabas la final, jugabas por el bronce. Creo que tendremos épocas en las que estaremos ahí compitiendo por oro o bronce... y otras en las que igual quedamos octavos.
¿Veremos más estrellas españolas en la NBA ?
Aquí el gran problema es que la NBA sigue creciendo. Hemos tenido la potra de que está en venta Boston Celtics, una venta histórica desde el punto de vista del negocio de la NBA y tan cara —se habla de 6.000 millones de dólares—, que se está retrasando. Si no, la ampliación a 32 equipos sería inminente. En un futuro muy lejano los tendremos. Y los equipos se nutrirán también con talento internacional. Por tanto, la amenaza de la NBA sobre muy buenos jugadores españoles estará ahí. A nivel de Selección tendremos muy buen nivel, pero tengo dudas de que ese talento se quede en la ACB. Hugo González, por ejemplo, se proyecta como un top 20 en el draft de 2026: salvo que él quiera quedarse algún año más, esa amenaza va a ser constante. Quizás no vamos a tener a una super estrella a la que le retiren la camiseta como ha pasado con Pau y Marc Gasol, pero sí tendremos mucho talento yendo a la NBA. Así que la ACB sufrirá más que la Selección, porque la Selección sí puede recoger a los jugadores que estén allá.
La ACB parece cada vez menos una estación de paso necesaria. ¿Lo ves como un problema?
El pivote esencial de toda esa nueva generación me parece Santi Aldama. Tiene que ser el referente: enorme calidad, una ética de trabajo extraordinaria, magnífico rendimiento en la universidad y también como profesional... Pero, desde el punto de vista técnico, y esto lo asevero con pleno conocimiento de causa, es un jugador americano a todos los efectos. Tiene incluso los tics de un jugador que, sí, tuvo un periodo formativo aquí, pero su verdadera formación ha sido toda en Estados Unidos. Por tanto, cuando vino a la Selección por primera vez estaba muy despistado con respecto a todo lo que es el baloncesto FIBA. Esa dispersión, esa diáspora si me permites el término, lo que va a producir son jugadores españoles que no van a tener el sello de identidad del baloncesto FIBA. Pero la parte buena es que hay talento. Lo ha demostrado Santi Aldama: en el primer torneo andaba despistadillo, pero ya a partir del segundo, las concentraciones, el trabajo... al final la calidad siempre se impone, como decía Johan Cruyff. En los mayoría de los casos va a pasar eso: se formarán donde se formen, tal vez tardará un poquito más en cuajar en el baloncesto FIBA, pero el talento prevalecerá. Por eso soy optimista, porque el talento sigue fluyendo. Lo que pasa es que, cuando has probado caviar, las huevas son de otro rango.
No sé si vamos a aceptar bien eso, conociéndonos...
La gente tiene que estar preparada para no tocar metal en cada torneo al que vayamos. Bastante milagro fue ganar el Mundial en China. No vamos a tener esa casi garantía de que, si no estaba Estados Unidos, éramos el gran favorito; y si estaban, el segundo gran favorito. Va a haber mucha más competencia. Sobre todo si juega Antetokoumpo con Grecia, Luka (Doncic) con Eslovenia, Jokic con Serbia... Francia va a ser el próximo gran transatlántico, produce talento casi a diario y en gran cantidad, tanto en Estados Unidos como aquí. Va a ser mucho más duro.
¿Y eso qué futuro le augura a la ACB como competición? Ramón Trecet me decía que había sido muy audaz en su inicio y que después había cometido un pecado de vanidad...
En la época pionera de Portela y compañía, la ACB fue un concepto muy agresivo. Cambió totalmente la faz del baloncesto en España. El modelo de negocio era claramente compatible con el modelo de la NBA: hizo una abstracción para dejar el modelo federativo, que era decimonónico aunque luego se fue adaptando, y crear una asociación que generara sus propios recursos para sostenerse. Fue un movimiento muy audaz. Aquello coincidió también con el éxito de Los Ángeles 84, cuando se gana la plata, y se dio un crecimiento del interés por el baloncesto. Y luego hay otro factor para mí determinante: en el decurso de ese inicio magnífico de la ACB, el fútbol entra en huelga. Y entonces la atención del aficionado al deporte, eso que los americanos llaman el couch potato, el tío que se sienta en el sofá y consume deporte casi de la mañana a la noche, al no tener fútbol pasa a consumir baloncesto. Ahí es donde en un momento la ACB está por encima del fútbol, porque no hay fútbol. Es eso que Ramón, que siempre usa palabras más agresivas que yo, llama el pecado de vanidad. Ha ocurrido también en Estados Unidos: cuando el béisbol o el hockey hielo entran en huelga, el interés del aficionado que va al sports bar pasa de la pantalla donde ponen béisbol, que no hay, a otra donde ponen otro deporte. Eso le pasó al baloncesto. Y cuando el fútbol vuelve, siempre va a estar por delante. Eso lo tienen que asumir todos los demás deportes. Hay también, a nivel de los medios de comunicación, una cierta venganza del periodista de fútbol. Es decir, del periodista que vive con, por, para y del fútbol: y este dice, qué se habrán creído estos del baloncesto. Y de repente todo lo que eran viajes a competiciones europeas, carruseles y tiempos de juego alrededor del baloncesto, publicidad en los triples... todo eso va desapareciendo y el fútbol toma cada vez más espacio. Es lógico y natural, pero hay un punto como de venganza subliminal contra el baloncesto por haber estado ahí arriba y no haber reconocido sus limitaciones.
"Estoy tranquilo con la transición en el baloncesto español, hay talento y muy buenos formadores. Eso sí, tenemos que aceptar que la generación del 99 es irrepetible y que no siempre vamos a pelear por el podio"
Periodista deportivo¿Ves también razones endógenas? ¿Qué ha hecho mal el baloncesto español a lo largo de estos años?
El baloncesto ACB entró también un poco en crisis. Yo siempre he dicho que no se ha vendido bien. Creo que ahora, con Antonio Martín como cabeza visible, está resurgiendo un poco. El problema es que va a ser muy difícil que la gente se identifique con los equipos si no hay talento nacional en el campo. Al aficionado de Unicaja, sí, no le importa excesivamente que sólo esté Alberto Díaz: es aficionado de Unicaja y ha celebrado efusivamente con champán la Copa del Rey. Pero habrá un problema de identificación, con jugadores de aquí y de allá, y muy poco talento nacional. Que a su vez, al ver eso, van a tener más tentaciones para irse fuera. La ACB ahora está mejor que en otras épocas, pero tiene una ecuación muy difícil de resolver: la percepción del público hacia el talento local. Y después, hay una cosa muy clara: el marketing de la NBA, que se estudia en las universidades, la visibilidad que tiene, es infinitamente superior. Vas por lo que serían el equivalente de los playgrounds en las ciudades españolas y no ves niños con una camiseta de la ACB. O tienen Dallas o Milwaukee o Lakers... A mí el quiosquero no me pregunta por la ACB, me pregunta si los Celtics van a ganar o no porque Cleveland está muy fuerte. Con todo, la ACB está luchando como gato panza arriba contra la NBA, contra la profusión cada vez mayor de partidos de la Euroliga... Está ahí como la Alemania nazi, si me permites, amenazada de invasión por varios frentes. Se defiende bien, pero habría que hacer un análisis profundo del tema del jugador nacional. Y al final daña un producto que es bueno, como se ve en la Copa del Rey.
Hablamos así de la ACB por proximidad y afecto: es lo nuestro. Pero, ¿qué puedes decir de la Euroliga como modelo?
La Euroliga tiene un modelo eminentemente fallido. Hasta tal punto que la NBA la está amenazando directamente. Al fin y al cabo, la ACB puede hacer una resistencia numantina, encerrarse como los galos de Asterix: Valencia siempre va a poder jugar contra Zaragoza o Málaga o Sevilla, Bilbao, Obradoiro o el que sea. Pero la Euroliga está flanqueada de manera muy evidente, verbalizada además por el comisionado Adam Silver, de que o cambia o la NBA hará otras cosas en Europa por otras vías. Ya manifiesta abiertamente que va a aterrizar en Europa. Cuando era la mano derecha de David Stern, Adam Silver ya tenía una abierta vocación internacional. El primer informe que llegó a mis manos referido a una expansión internacional lo hace él con un equipo de gente de la NBA. Así que la Euroliga tiene un modelo fallido en lo sustantivo. Luego es verdad que es una competición muy igualitaria, que el primero va con siete derrotas... todo eso está muy bien, pero desde el punto de vista del negocio es mucho más vulnerable. Tiene mucho dinero invertido y ese dinero, en el momento que se desvíe hacia otros proyectos que considere más atractivos, va a dejarla abierta. Tiene que ponerse las pilas.
Which ERA wins? pic.twitter.com/3GLlVfnfII
— Ball (@BallTalkO) February 17, 2025
Vamos a ponernos en plan lúdico para acabar: te acabo de mandar una imagen de diversas generaciones de la NBA desde los 70 hasta hoy. ¿Cuál gana?
Ésta siempre es difícil, pero yo te diría que los Baby Boomers.
Alguien en las redes sociales dijo: “¿Cuál ha sido el mejor 'Dream Team' de todos? Pues ahí tienes la respuesta”.
Sí, veo muy difícil batir que puedas batir a Magic Johnson, Michael Jordan, Larry Bird, Charles Barkley y Olajuwon. Y mira que los demás... incluso la Generación Silenciosa: buenísimos todos. La X es increíble, los Millennials, espectaculares, la Z también increíble. Pero, no sé... a mí, en la CPU que tengo de baloncesto, me resulta difícil que alguien pueda batir a los Baby Boomers con este equipo que me pones. ¡Madre mía! ¿Te puedo preguntar tu opinión?
Claro... esto me recuerda la frase que me dijo Michael Robinson: “El deporte siempre evoluciona a mejor”. Pero la verdad, me cuesta mucho imaginarme a un jugador mejor que Michael Jordan.
Siempre lo digo. Estoy dispuesto a discutir quién es el GOAT, el más grande de todos los tiempos. Pero la trascendencia de Michael Jordan, más allá de la cancha de juego, lo que supuso su asociación con Nike, que es un caso que también se estudia en las universidades, su trascendencia como icono mundial, como herramienta de marketing para todas las marcas y para la propia NBA, su influencia en los niños que después fueron jugadores NBA a nivel internacional... He visto camisetas de Chicago Bulls con el número 23 en un sitio tan singular como Sri Lanka. Falsas, por supuesto, pero ahí estaban. No es casualidad que cuando el Madrid ficha a David Beckham, una operación pura de marketing, y él pide el 7 que era el número de toda su vida y lo llevaba el intocable Raúl, lo cambia y elige el 23. Para mí todo eso hace a Jordan incomparable. Aun estando dispuesto a discutir si es el mejor entre las cuatro líneas del campo, que para mí lo es.
¿La vigencia de LeBron James y el impacto en las cifras de su larguísima carrera te hacen dudar?
Desde luego que la resistencia que ha tenido, cómo sigue jugando a su edad, cómo se cuida... todo eso es muy notable. Es quien más se le acerca, por supuesto, pero está ya en otra época, no ha tenido esa influencia de Jordan dentro y fuera de la cancha. Estos temas son generacionales. Como siempre digo: a mi padre no lo podías sacar de que el mejor jugador de la historia del fútbol había sido Di Stefano, aunque luego viera a Pelé, Maradona, Cruyff, Messi o Cristiano. Siempre era Di Stefano. Si le preguntas a alguien que vio a la Silent Generation, te dirá que el mejor fue Bill Russell. La generación X tiene a Kobe, con toda justicia; los Millennials a LeBron... Ahora tienes para elegir, pero para mí el mayor representante de la última generación, por su condición distintiva, es Wembanyama. Cuando Jordan se retiró definitivamente, David Stern dijo aquella frase: "¿Qué vamos a hacer ahora?". Pero eso es lo que tiene la NBA: una capacidad de regeneración extraordinaria, en eso es totalmente reptiliana. Siempre produce talento nuevo, estrellas nuevas. Y lo venden muy bien. Pase lo que pase, siempre sabes que te vas a divertir mucho.
"Creo que Dallas tenía aprensión a la fama de Doncic de no cuidarse, entró en bucle con eso y el coste estratosférico de su contrato. Aparte, Nico Harrison no está considerado un genio del 'management', Rob Pelinka es un lince y le ganó la partida"
Periodista deportivoHagamos como si fuéramos alumnos de tu clase: ¿Puedes explicar el traspaso de Doncic a los Lakers para 'dummies'?
Es muy difícil, pero siempre hay una motivación. El convenio colectivo actual de la NBA permite a los clubes gastar una cantidad ingente de dinero. Pero tiene lo que se llama el first upend y el second upend: es decir, les pone muchísimas excepciones. Eso, para empezar, y aunque no es el caso de Dallas, condiciona mucho el gasto presupuestario en plantilla. Hay una serie de jugadores, como Luka, que van a ganar muchísimo dinero. Y cuando hablas de 350 millones de contrato, esas cantidades estratosféricas, tienes que estar muy seguro de que tu jugador va a ser realmente un jugador franquicia y que no solamente va a ayudarte a ganar sino que va a ser un ejemplo, en los entrenamientos, en la manera de comportarse... Creo que Dallas entró en una especie de loop, de bucle en el que de alguna forma asociaron el costo del contrato y la enorme cantidad de dinero que iban a invertir en él en estos años con el aura de jugador que no se cuida, que está con sobrepeso, etc. Hay una imagen icónica de un asistente de Dallas quitándole un bote de cerveza. Y luego, hay que tener en cuenta que en las sinergias que hay en los negocios de la NBA, Nico Harrison no está considerado precisamente un genio del management. O sea, no es Brad Pitt en Moneyball. Y Rob Pelinka, sin embargo, es un lince. Es un antiguo agente que se las sabe todas. Han tenido mucha relación antes, cuando Nico estaba en Nike, y yo creo que ahí Rob Pelinka le ganó la partida.
¿Había abierto Dallas la puerta para que eso ocurriera?
La idea de Dallas era: no estamos seguros de que este jugador se cuide lo suficiente y tal. Y los Lakers vieron una gran oportunidad. Rob Pelinka es un genio. Es muy difícil de explicar. Yo jamás habría hecho ese intercambio. Creo que la aprensión de Dallas hacia Doncic les hace pensar en sacrificar a su estrella, que ya vendrán otras y eso es seguro, pero el intercambio es muy unilateral. Luka en los Lakers puede ser devastador. Si miras atrás, los Lakers siempre han tenido un icono, en todas las generaciones: Jerry West, Wilt Chamberlain, Magic, Shaquille, Kobe, LeBron y ahora Luka. Por primera vez ese icono es extranjero, desde la perspectiva estadounidense. Pero si realmente Luka es un profesional, como se supone, si todo va bien y se cuida, su era en los Lakers puede ser devastadora.
¿Te atreves a ponerle la ficha a algún equipo para ganar el título, en un año tan exuberante de Cleveland y Oklahoma?
En el oeste apuesto por Oklahoma: están jugando a un nivel altísimo y tienen a un jugador espectacular en todos los sentidos que es Shai. Luego, en el este le tengo mucha fe a Boston. Cleveland está haciendo un campañón, eso no se lo quita nadie. Pero cuando las campanas tocan a rebato Boston tiene el talento, la tradición, el orgullo histórico de los Celtics... Son muy difíciles de batir. Como en una final de conferencia, que es algo perfectamente factible, Boston gane un partido en Cleveland, los Cavaliers no salen vivos de Boston. Eso lo tengo clarísimo. No suelo cambiar de caballo: como dije cuando me preguntaron al principio de temporada en la COPE, mi final sigue siendo Boston frente a Oklahoma. ¿El campeón? Difícil, 50,5 contra 49,5... pero sigo en lo mismo: Boston.