BALONCESTO

Cómo ligar al rebote de Fernando Martín y otras historias del pub que enseñó la NBA a España

El Pub Rebote congregó durante décadas al mundo del baloncesto español, un lugar lleno de anécdotas con un reclamo básico, poder ver a las estrellas de la NBA.

El DR. J hace un mato ante la mirada de Larry Bird. /GETTY
El DR. J hace un mato ante la mirada de Larry Bird. GETTY
Gonzalo Cabeza

Gonzalo Cabeza

Para leer este artículo un par de generaciones tienen que hacer un ejercicio de imaginación y todas las anteriores uno de memoria. En los años 80 hay un bar en la calle Campoamor de Madrid, muy cerca de la parada de metro de Alonso Martínez, en el que se puede encontrar algo que no existe en ningún otro lugar en la ciudad: la NBA. No se puede ver en la televisión, no hay teléfonos móviles, con muchísima suerte se puede encontrar un póster en alguna revista, pero eso y nada es prácticamente lo mismo.

Sin embargo allí, en una sala de unos 200 metros cuadrados, hay una pantalla enorme que proyecta partidos que son tesoros. "Íbamos allí los baloncesteros a ver la NBA, que sabíamos que existía y era la leche, pero nada más. Esta gente conseguía películas en vídeo con un tipo que las grababa con una cámara en la tele de Estados Unidos. El tipo cogía la cinta de vídeo, se iba al aeropuerto, se la daba a alguien que viajaba y se la traían por aquí. Estos lo recogían aquí y esa cinta valía oro. Se proyectaba en una pantalla que tenía una calidad dudosa, hoy en día la gente joven no aguantaría ni diez minutos porque imagínate, un partido grabado con una cámara delante de un televisor", explica Fernando Laura, periodista y fotógrafo deportivo, y parroquiano del bar que abrió en los 80 —nadie parece ponerse de acuerdo exactamente cuándo— y cerró en el año 2005.

"Esto venía un poco a rebufo de los pubs de rugby que ya existían en Madrid. Entonces yo inicié un grupo con la idea de montar uno similar de baloncesto. Éramos siete socios. Cuando empezamos a ver locales para montarlos todos eran carísimos y no los podíamos afrontar, pero entonces vimos uno de otro chico, que también jugaba al baloncesto, en categorías inferiores y que lo tenía en propiedad. Era una antigua lechería que llevaba cerrada 30 años", explica Jorge Trenco, uno de los dueños del muy exitoso bar que, como todos sus socios, tenía relación con el baloncesto madrileño. Entrenadores y jugadores unidos para crear un local con un reclamo muy particular: "Juntamos alcohol y deporte, que eran cosas antagónicas, y parece que maridaron bien".

La complejidad para poder ver cintas americanas en Madrid era tremenda, para empezar porque en aquel momento en España y en Estados Unidos ni siquiera se usaba la misma tecnología en la televisión. Eso implica que, como cuenta Laura, muchos de los partidos sean una grabación en cámara de una pantalla. Juan de Miguel regentaba una empresa que se dedicaba a transformar las cintas estadounidenses en otras que se pudiesen ver en el sistema español. Su papel es clave en esa historia.

"Me las traían a Videorepor y las convertíamos de 525 líneas a 625. Los que iban a Estados Unidos traían cintas: Víctor de la Serna, Lolo Sainz, Mario Pesquera, la propia gente de Rebote, muchos entrenadores. Lo que iban consiguiendo lo convertíamos. Aíto también trajo alguna y Antonio Díaz Miguel muchísimas, claro, era el que más traía", explica De Miguel, que en la época fue dueño de otro pub parecido de baloncesto. La lista de nombres que dice incluye a cuatro personas que llegaron a ser seleccionadores españoles. El baloncesto era una cosa casi familiar, todos se conocían y se ayudaban. Tenía algo de tribu y esa tribu tenía una sede social: el Pub Rebote.

"Yo no fui socio de milagro, porque algunos de los que lo fundaron eran amigos míos, como Pablo Casado, que falleció, y como Antonio Blanco, que es amigo mío desde jovencito. Es cierto, pasaba por allí todo el mundo del baloncesto, todo el mundo que venía a jugar a Madrid iba. Era de los primeros sitios donde podíamos ver algunas cosas de NBA y tal, y algunas cosas que iban llegando, y la verdad es que lo pasábamos muy bien allí". Esta la dice Pepu Hernández, miembro de la tribu y él también exseleccionador nacional.

El club social del baloncesto

"Cuando acababan los partidos de ACB todos iban allí. Algún entrenador iba a preparar algunos partidos, incluso en sesiones especiales sin público, porque había algunos vídeos de determinados equipos con los que iban a competir. La verdad es que fue un desarrollo no solamente lúdico, por así decirlo, sino que también podías ver e incluso estudiar baloncesto", explica Pepu.

Jugadores, entrenadores, árbitros y periodistas, todos ahí confraternizando. "Estaba todo el mundo que tenía que ver con el baloncesto, era el lugar donde hacer todo tipo de cosas, hacer una entrevista, si te veían por Rebote ya te trataban con más atención, era el lugar donde estaba la gente enrollada del baloncesto, la que vivía el basket fuera de la casa también", recuerda Fernando Laura.

"Era una cosa especial, uno de nuestros mejores clientes era Fernando Martín, el año antes de irse a la NBA era uno más, no había discriminación por el ego. Teníamos los premios Rebote, que se hacían una vez al año, y venía toda la gente representativa del baloncesto español, se daban diez o doce premios, eran casi los Oscars del baloncesto en Madrid", explica Trenco, el dueño.

En internet se venden algunos objetos del Pub.
En internet se venden algunos objetos del Pub.

"Había reuniones de entrenadores, había cuestiones y criterios técnicos que se desarrollaban allí con la colaboración de muchos, porque al final llegaban allí los entrenadores de todos los equipos y seleccionadores. A mí me hace gracia, porque también yo lo hablo mucho con los entrenadores de ahora. Los entrenadores en aquella época no teníamos ningún recurso, nada a lo que acudir, muy pocas cosas y estábamos ávidos de información. Ahora realmente la tecnología les concede absolutamente toda la información", cuenta Pepu.

"Llegó un momento en el que nos llamaban los equipos de ACB para poder ver a los jugadores que querían fichar. Esto pasó con Essie Hollis, que fue el mejor jugador de ACB durante los años que jugó. Vinieron los directivos de Vitoria para poder ver sus vídeos antes de ficharle", recuerda Trenco, que cuenta una anécdota similar con unas cintas de John Pinone en la universidad de Villanova.

Aquí cabe un inciso. Lo que se ve en esas pantallas no es solo el mejor baloncesto del mundo, que es lo que sigue siendo hoy en día la NBA, sino algo que va mucho más allá. La diferencia no ha parado de estrecharse desde entonces, hoy hay europeos que no solo juegan allí, sino que son superestrellas. En aquel momento no están ni cerca, los baloncestistas que juegan en los Lakers, los Celtics o los Sixers se parecen más a extraterrestres que a los chicos de los que cada domingo juegan en Magariños con el Estudiantes o en el Palacio con el Real Madrid.

"Empezamos a verles en movimiento allí y a mí quien más me llamó la atención fue Julius Erving. Es más, he visto alguna imagen últimamente de Julius Erving y me sigue alucinando, fíjate, cuando hemos podido ver otras cosas que pensábamos que no íbamos a ver jamás, pero yo ¿qué quieres que te diga? A lo mejor me quedo con esa pequeña nostalgia de haber visto imágenes que me impactaron cuando tenía a lo mejor 18 años", cuenta el exseleccionador nacional.

Aunque para muchos los 80 son Magic y Bird, no sin razón, el ídolo de Pepu era compartido por otros muchos. "El héroe nuestro era el Doctor J. Teníamos ese mate fuera desde detrás del tablero, ahí grabado en la memoria. Cada partido del equipo del Doctor J era lleno total", explica Fernando Laura.

Huelga decir que se veían partidos, pero no se seguía la liga. No había posibilidad, era complicado saber si lo que ponían era algo de playoff o un partido de liga regular. Los parroquianos comentaban las jugadas, alguno que había estado de viaje en Estados Unidos podía presumir de algún conocimiento más, pero sin excesos, lo que sale en esa pantalla enorme es ajeno a casi todos los presentes, pero quien llega se enamora de lo que ve.

"Lo que queríamos es que todo el mundo lo viviera a la vez y pudiese comentar, teníamos técnicos y periodistas como Manolo Saucedo. Solía haber una tertulia tras cada partido, que estábamos como 150 personas de medio lado, porque casi no cabíamos", dice el dueño.

Ligar al rebote

Mucho baloncesto, las anécdotas son casi interminables en ese sentido, pero no está de más recordar que el Pub Rebote era, eso, un bar, y a un bar se llega por el baloncesto pero tiene otras funciones en la vida.

"Era una gozada, porque se ligaba muchísimo [ríe]. Yo estaba soltero en esos tiempos. Se ligaba porque conocías a la gente y allí nos juntábamos todos", dice Laura. Rebote debía ser el bar con mayor media de altura de la ciudad, por motivos obvios. "Allí era todo el mundo grande, bueno, menos el encargado, que era bien bajito", remata el periodista. "Las chicas altas iban allí, a ver qué había, estaban las del Canoe, que eran en esos tiempos las que mandaban en la liga española", explica Laura.

"Yo ya empecé a ir a la NBA y me traía zapatillacas de esas que aquí no existían, porque aquí estaba John Smith y claro yo llegaba con unas Converse de aquellas que llevaba el Doctor J y la gente flipaba, ligaban solas", dice con gracia Laura, que es una máquina de contar anécdotas. Esas zapatillas que ligaban solas se las había comprado tras entrevistar a Michael Jordan en Chicago para la revista Gigantes ("se portó con nosotros como un auténtico gentleman"), una visita sobre la que después dio alguna conferencia en Rebote. Era fotógrafo y de su cámara salió una mítica foto de Sabonis rompiendo un tablero que decoraba el local. Eso también le sumó unas cuantas cervezas gratis.

Como en cualquier grupo humano por la noche, había graduaciones. "Esto iba por orden, los que más ligaban eran los jugadores. Llegaba Fernando Martín y te ponías al rebote, tú sabías que había que esperar un rato a que volvieran las aguas a su cauce y tú ya te ponías con lo tuyo", cuenta el fotógrafo que era amigo personal del primer español que traspasó la pantalla y se coló en la NBA.

Martín era alguien bastante especial, todos le recuerdan allí. "Tenía un carácter que era un poco retraído, no era abierto, pero allí conseguía abrirse, allí estaba suelto y tranquilo. Era vergonzoso, pero allí era uno más", cuenta Trenco.

El pívot del Madrid, el "mejor relaciones públicas" que tenía Rebote, cogió las maletas y se marchó a Portland para que sus amigos del pub pudiesen verle en la pantalla. Hoy es, sin duda, un momento clave en la historia del deporte español, pero quizá los 38 años que han pasado desde entonces han dulcificado un poco lo que realmente ocurrió.

"Fernando iba donde estaba la gente del baloncesto, pero sabes que era un tío que no quería mostrarse públicamente en exceso. Por supuesto que iba. Yo recuerdo la despedida-homenaje que se le hizo, a la que yo asistí. Lógicamente en Rebote. Yo te cuento las cosas como las vi. Cuando Fernando Martín se va a Estados Unidos a jugar en el NBA, él se va contento, se va haciendo lo que tiene que hacer, pero nadie más se alegraba. Ni en su club se alegraban, ni en la selección española se alegraban. Te lo digo como lo sentimos en ese momento y como lo sigo sintiendo ahora. No fue una despedida agradable, algunos decían ¿dónde irá este tío? Nosotros le dimos un homenaje de despedida y creo que fue una de las pequeñas alegrías que se llevó", concluye Pepu Hernández.

El pub cerró en 2005 tras años y años de éxito. Llegó la televisión de pago, llegó internet y algunas de las cosas que allí sucedían dejaron de ser originales. Los tiempos iban por otro lado, pero a todos los consultados se les sigue iluminando la voz con los recuerdos. Son solo recuerdos o nada menos que recuerdos, se han buscado fotos para ilustrar este artículo, pero los dueños no conservan ninguna. Claro, no había móviles, por eso también era tan especial ver cada noche, con una cerveza en la mano, cómo volaba el Doctor J.