30 años del 'enigma' Poirier

Vincent Poirier cumple hoy 30 años. No tiene que subir ningún piso porque normalmente ya está arriba cuando el balón es elevado por los pases de Campazzo o del Chacho. Sin ascensor. Le dan 2,13 en la ficha oficial y una capacidad considerable para saltar en tráfico, para saltar tras reverso eludiendo la defensa cercana del pívot rival, una suerte de complicidad en la comunicación visual con los pasadores, normalmente cuando finta que subirá a bloquearlos.
Debajo del "peral" (traducción de su apellido) no se está muy bien. Este año está poniendo muchos tapones (hasta seis hizo contra Dallas Mavs), con una notable característica de colocar muchos de esos gorros con su mano izquierda, contra diestros, el efecto espejo. Lo que pasa es que este alto tallo desde que está en Madrid juega a la sombra y a las sobras del minutaje del tronco más alto trasplantado a Europa, un Edy Tavares en su 'prime', que acabó la Euroliga del 23 en su estado más alto de forma, con más espacios que nunca con la lesión de Deck y la sanción de Yabusele. Pero su inicio con la infección respiratoria ha puesto en primera línea a un Vincent Poirier más rápido en la asociación y con una reconocida habilidad para rebotear, ya fue máximo capturador de rechaces con la camiseta de Baskonia, previo a su paso infructuoso por los Celtics.
El rendimiento de Vincent Poirier no es sencillo de decodificar. Partidos desde el banquillo con brillantez defensiva y ofensiva. Ratos en cancha de bloqueos en la toma de decisiones y uso impreciso y vacilante del cuerpo para cometer faltas a destiempo. Una infancia con cierto complejo por la altura, esa indeseable tendencia humana a emplear la broma repetida hasta la náusea hacia lo diferente. Jugador de fútbol frustrado, arrinconado como tantos pívots exitosos en la posición de tercer portero del equipo. Aburrido en el banquillo y aburrido en la portería. Reboteador llegado de rebote al baloncesto, deporte le hizo sentirse importante y realizado ante iguales. Un desarrollo vital contado a través de su propia piel pues los hechos, lugares, símbolos y personas más importante de sus tres décadas están tintados en sus brazos, en su pecho, en su espalda. Una forma de expresión que no explica todo pero que crea un rastro a seguir de amarres y vacíos existenciales.
Un inicio brillante de temporada en base a sellar segundas ayudas y recibir balones picados para definir, alley-oops que a veces se suceden con tanta continuidad que hasta desde el sillón pedimos clemencia a los bases a la hora de pedirle con el pase otra puerta atrás y otro salto más alto. Es lo que tiene ser un rematador aéreo con alta velocidad de desplazamiento y de cambio de dirección del cuerpo. Las diferentes opciones de tener dos centers desiguales en la forma de la recepción, similares en la forma de la finalización. Mate, tiro corto, tapón y rebote. Las torres de Madrid nacieron en los Altos del Sena y en Cabo Verde.
Edy Tavares volverá a ocupar su trono, hay partidos y minutos para ambos jugadores. Octubre está siendo un viaje delicioso por el juego y los resultados. Los títulos de Euroliga del Real Madrid de 2018 y 2023 vinieron precedidos de otoños e inviernos farragosos, sin un juego fluido, con problemas. Campazzo le ha dado sentido a muchas cosas y ha puesto en forma temprana a un colectivo veterano que mide los tiempos. Y también ha resuelto ¿temporalmente? un enigma como es Vincent Poirier. Que está jugando su mejor baloncesto desde que llegó de la NBA.