EUROLIGA | PARTIZAN - REAL MADRID

El baloncesto, una filosofía de vida en Belgrado

El Partizan invita a los aficionados a llevar flores y encender velas frente al Stark Arena como homenaje a las víctimas del tiroteo antes del partido frente al Real Madrid.

La pista de baloncesto del Kalemegdan. /GETTY
La pista de baloncesto del Kalemegdan. GETTY
Noelia Gómez Mira

Noelia Gómez Mira

Belgrado.- "En Serbia, nuestra filosofía es que no hace falta que tengas mucho porque siempre va a haber alguien que te abra la puerta y te ayude. Lo más importante no es el dinero, sino tu gente: la familia y los amigos". Eran las doce de la noche de ayer cuando, al acabar de cenar, Niko, un serbio de 40 años que tomaba algo en la mesa de al lado, quiso acercarse a hablar con un grupo de periodistas que, cómo no, no dejábamos de hablar de baloncesto. Él es seguidor del Partizan y, aunque ahora reside en Canadá, intenta volver a Serbia siempre que puede aunque lo de ahora haya sido forzado por la enfermedad de su madre. A priori, puede parecer que poco o nada tenga que ver esto con el baloncesto. Pero todo lo contrario.

Escuchar a un trío de periodistas españoles mencionar el nombre de jugadores míticos del ayer y del hoy captó su atención y quiso unirse. Esa charla era la forma de evadirse, la forma de romper con la realidad y de refugiarse, de sentir que comparte algo. Eso es el baloncesto para Serbia y, más concretamente, para la ciudad de Belgrado, donde incluso en el interior de lo que sería su gran monumento, el Kalemegdan, hay canchas de baloncesto. ¿Te imaginas una pista en El Escorial, la Sagrada Familia o la Alhambra? Sería impensable.

"Creo que los belgradenses es un pueblo apasionado de los deportes, y el ocio y las conversaciones giran en torno a los éxitos y fracasos de los equipos. La ciudad está plagada de canchas, y por tanto es un deporte de encuentro, reunión e intercambio. También es una vía de escape contra los problemas del día a día, que se ventilan en las terrazas con televisores, varios vecinos en un salón y las casas de apuestas", explica a Relevo Miguel Roán, director de Balcanismos y autor de Belgrado Brut.

Aquí la vida no es boyante en el sentido económico. De hecho, hubo gente que se dejó lo que era el sueldo de un mes en una entrada para ver el primer partido del Stark Arena (tercero de la eliminatoria de Euroliga) entre el Partizan y el Real Madrid de baloncesto. Un ejemplo es que el sueldo medio ronda los 600 euros -"aquí con 900 euros ya vives mejor que bien", aseguraba Niko-, pero hay una gran mayoría que se queda en la mitad o incluso menos. Y el motivo no es otro que el mismo que hizo a Niko sentarse junto a nosotros: evadirse de lo de fuera y disfrutar de algo que te gusta junto a los tuyos.

"En Belgrado el dinero funciona como un espejismo, nadie sabe cuánto gana el otro, entre las divisas del extranjero, contactos familiares y segundas fuentes de ingresos los indicadores reflejan tendencias generales, pero nada más. Hasta el más pobre con buenas relaciones sociales se hace con un par de entradas. Una cosa es el capital económico y otra el relacional. También la pasión por el deporte y la experiencia colectiva abaratan cualquier gasto, porque los aficionados se vuelcan con estos partidos como si fueran el último", indica Roán.

"Por otro lado, los hinchas participan de una cultura gregaria con relaciones muy estrechas de pertenencia, con el club, con los dirigentes e incluso con la clase política, donde hay todo tipo de intereses y negocios imbricados, desde los legales a los ilegales. Muchos de estos hinchas estoy convencido de que habrán accedido gratis o con precios inferiores a los oficiales a través de la gestión de los líderes", reconoce Roán. Pero el partido de hoy va a ser distinto, porque hay cosas que no se pueden dejar atrás por mucho que uno lo intente.

El tiroteo que protagonizó un adolescente de 14 años en una escuela y que la mañana de ayer se cobró la vida de ocho niños y un guardia de seguridad lo cambió todo. Tanto que, según contó a Relevo esta mañana Jakov, un taxista de un barrio de la ciudad, "hay gente que no quiere ir al partido porque ha sido un golpe muy duro para la sociedad aquí". Según explicaba, "el baloncesto es como una religión, pero también lo es la familia y tu gente. Y lo del tiroteo es algo nunca visto aquí que ha conmocionado a todo el mundo. Eso debe ir primero antes que todo porque se ha cobrado nueve vidas".

La realidad es que hoy, en los aledaños del Stark Arena, sí que se nota que todo es distinto. Tanto a nivel deportivo como extradeportivo. Todo está gris, hasta el cielo, y a diferencia del martes, que había sold out y ya con el despliegue de seguridad desde mediodía te hacía ver que lo de luego era una cita grande, esta vez el ambiente no te invita a una fiesta, sino a otra cosa.

Ayer, de hecho, incluso el exseleccionador de Serbia, Aleksandar Djordjevic, habló de la posibilidad de suspender el partido, pero esto no se ha llevado a efecto. Hoy el Partizan vestirá de luto con su equipación negra y el nombre del colegio en la parte delantera. No habrá música, ni espectáculo durante el encuentro. Tampoco en la previa, en la que el club ha invitado a los fans a traer flores y velas para encenderlas frente al Stark Arena o en el Kalemegdan, donde se ha instalado una pantalla gigante para seguir el partido, y rendir homenaje a las víctimas. Otro ejemplo más de que aquí el baloncesto también es una religión, algo que compartir en familia, en lo que, más allá de evadirse, uno puede apoyarse y arroparse ante una tragedia de tal calibre.