EUROLIGA | REAL MADRID 90 - PANATHINAIKOS 86

La carta de una niña y un grito al cielo de Alberto Abalde explican la reacción del Real Madrid

El equipo blanco supo dar ese paso al frente a nivel de juego, compartir el balón y entrar en comunión con la afición.

El grito de guerra de Alberto Abalde tras su último triple en el tercer cuarto. /EFE/JUANJO MARTÍN
El grito de guerra de Alberto Abalde tras su último triple en el tercer cuarto. EFE/JUANJO MARTÍN
Noelia Gómez Mira

Noelia Gómez Mira

Cuando Chus Mateo entró en la sala de prensa, después de la victoria ante el Panathinaikos (90-86), lo hizo esbozando una media sonrisa. Esa que sale cuando uno sabe que las cosas han ido en la línea de lo que se quería, tanto a nivel interno como externo. Esa que sale cuando el resultado, por fin, respalda el trabajo que se lleva haciendo desde el principio. Esa que sale cuando uno, por fin, respira. Esa que seguro que tenía Paula, una niña de 11 años que durante algún momento del partido le hizo llegar su carta al técnico blanco y le dio, como él mismo dijo, "aire". El mismo aire que dio ese triple de Alberto Abalde en el tercer cuarto al Real Madrid y al WiZink Center, que supo estar a la altura de las circunstancias y arropar a los suyos cuando el runrún hacía más ruido que nunca. Si algo ha repetido Chus Mateo hasta la saciedad es que, obviamente, se "construye mejor desde la victoria" y lo cierto es que el triunfo que firmó el Real Madrid ante el Panathinaikos es de esos que pueden sentar las bases para construir… a sabiendas de que todavía faltan herramientas o vigas que completen la estructura.

Chus Mateo lee la carta que le escribió una niña de 11 años. NGM

"Hay partidos que pueden ayudarte a conseguir una dinámica positiva y muchas veces en una temporada hay un antes y un después. No sé si va a pasar o no, lo que sé es que vamos a seguir peleando, ganando, perdiendo y sufriendo en muchos partidos. La Euroliga, por si alguien tiene otra idea, siempre es muy dura. Es muy difícil ganar fuera de casa", dijo Chus Mateo. Pero lo cierto es que, al menos a nivel de sensaciones, el Real Madrid se llevó más que la victoria la noche de este jueves.

Es cierto que el equipo blanco sigue teniendo carencias. Una muy clara es la soledad de Edy Tavares en el puesto de '5' porque Serge Ibaka no está siendo, al menos por ahora, un relevo consistente del caboverdiano; mientras que con Usman Garuba, como dijo el propio Chus Mateo, "hay que tener paciencia": "Nos gustaría tenerle ya con nosotros, pero estas son las cosas del baloncesto, a veces hay que apretar los dientes sin alguno de los jugadores. Cuando pasan estas cosas, el resto del equipo tiene que sacar la cabeza; eso es lo que estamos intentando hacer".

Otra, la dependencia absoluta que se tiene de Facundo Campazzo, del que se puede decir eso de 'no Facu, no party' porque cada vez que se fue al banco -que no llegaron a ser ni ocho minutos y medio en todo el partido- al Real Madrid se le apagaron las ideas. Porque aunque Llull sujetó al equipo, a la vista quedó que lo hizo mucho más jugando de '2', mostrando aún más que, ante la baja de Andrés Feliz (que apoyado en dos muletas estuvo presente en el WiZink), quizá necesitan más reforzar esa posición que otra… aunque el técnico mantenga que "no echa de menos ningún perfil, porque los suyos son los mejores" y va con ellos "a muerte siempre".

Pero a la par de todo ello, que es algo que ya se venía vislumbrando desde atrás, lo que sí que ha ganado el Real Madrid es un impulso a nivel de confianza que parecía no terminar de llegar. Ya no sólo por la victoria (que pone el balance entre triunfos y derrotas 4-5), sino por la esencia, el juego colectivo y la capacidad de reacción y paso al frente que mostraron y dieron ciertos jugadores cuando su equipo más lo necesitaba, como fue el caso de Abalde.

Esencia, juego colectivo y el paso al frente de jugadores como Abalde

Lo primero, la esencia, se resume en la carta de Paula, una niña de 11 años cuya misiva leyó Chus Mateo en la rueda de prensa. "Hoy me ha dado una niña una carta que dice: 'Me llamo Paula y tengo 11 años, soy supermadridista y me encanta el baloncesto. Te quería decir que eres un entrenador buenísimo, que sois un equipazo. Que sepáis que vuestra afición siempre va a estar ahí para animaros. ¡Hala Madrid! Paula'. Esto me ha dado un aire que no veas", reconocía el propio Chus Mateo. Y es que, ese sentir que recogió la pequeña Paula en su carta se vivió en el WiZink Center cuando se vio al público volcado y metido totalmente en el partido como pocas veces lo ha hecho. Y si esto se logró fue también gracias al juego colectivo.

Esa manera de compartir el balón que se mostró de inicio y que dejó claro que el Real Madrid es capaz de jugar sin tener que buscar siempre a Tavares en el poste bajo. Porque la circulación de balón por línea exterior, en esa búsqueda de liberar jugadores para buscar el tiro de tres era algo que, en lo que va de temporada, todavía no se había visto. Y lo hicieron de tal forma que acabaron firmando un 6/10 en triples en el primer cuarto, un porcentaje que parecía muy lejos según lo visto hasta entonces: la media de acierto exterior la tenían en 36,5% mientras que ante Panathinaikos la elevaron a 45,5%.

Chus Mateo habla sobre el trabajo de Alberto Abalde. NGM

"Me gusta cuando el equipo juega con ambición, con carácter, con hambre, con ganas de hacer las cosas bien; y cuando juega con la concentración de perder solo cuatro balones contra un equipo que defiende muy bien. Este equipo estaba recuperando nueve balones. Hoy contra un equipo que anticipa hemos sido capaces de controlar bien el juego y esa es un poco la línea. En algún momento podíamos haber controlado un poquito más, pero estoy muy contento por la agresividad, por cómo hemos sido capaces de repartir el juego entre los jugadores y dar responsabilidad a todos ellos para llevarnos el triunfo colectivo", dijo Mateo. Y aunque lo cierto es que ahí quien tuvo gran culpa fue Campazzo -de ahí lo de la dependencia del argentino-, hubo otro jugador que también dio ese paso al frente que tanto se pedía: Alberto Abalde.

En mitad de la vorágine, con el equipo blanco falto de líderes, a excepción de Sergio Llull, el gallego se reivindicó también como uno de los 'veteranos' del equipo. Salió de inicio, aprovechó los minutos que tuvo durante las rotaciones -más fluidas y acertadas- que se dieron en los puestos de '2' y '3' y mantuvo el tipo, sobre todo en la defensa a una de las estrellas rivales, Kendrick Nunn. Y apareció en ataque cuando más falta le hacía al Real Madrid, con ese triple en el primer cuarto, pero, sobre todo, con los diez puntos que firmó en el tercero, culminando con ese tiro de tres tras el que soltó ese grito al cielo que puso en pie a todo el pabellón. "No puedo pasar por aquí y no nombrar a Abalde, un jugador que ha defendido como ha defendido él. Nos ha dado una energía enorme. Ha habido un momento que ha seguido peleando y estaba ya exhausto y ha tenido que seguir hasta que hemos podido darle el cambio. Es un guerrero y siempre está ahí", dijo el técnico sobre él.

De este modo, ahora es trabajo de Chus Mateo mantener esa creencia y nivel de confianza en sus jugadores. Porque aunque las carencias sigan presentes a expensas de comprobar si finalmente logran aumentar o no de efectivos pronto, la clave está en, como dijo el propio Abalde, "recoger un poco la energía de este partido, en el que hemos tenido también conexión con nuestra afición" para seguir. Porque como bien aseguró el alero, "esto es una trituradora de partidos y hay que seguir". El domingo se enfrentan al Bàsquet Girona en Liga Endesa y el próximo jueves reciben en casa al Estrella Roja en Euroliga.