Chus Mateo, ese hombre tranquilo convertido en un gran entrenador

No sé desde cuándo conozco a Chus Mateo. Probablemente desde hace casi quince años, cuando era ayudante en la Selección. Y sigue siendo ese hombre tranquilo en la derrota y en la victoria, como se vio en la celebración de la undécima Copa de Europa del Real Madrid. Pero la profesión o la procesión, nunca he sabido como se dice, va por dentro.
Sus situaciones como primer entrenador nunca han sido fáciles. Desde una primera experiencia en Zaragoza con la presión de devolver al equipo a la élite desde la LEB (siempre recuerdo a Abós, Q. E. P. D., explicándome la diferencia del peso de las derrotas en Inca a en la capital maña), un Unicaja convulso pero en el que fue capaz de poner a jugar a Álex Abrines /pero no pudo evitar en su segundo curso sumar quince derrotas en dieciséis partidos) o un Fuenlabrada en el que el banquillo siempre es un hot seat.
Pero persistía en su empeño, en el de ser primer entrenador. Resiliencia siendo uno de nuestros primeros técnicos en emigrar a China o volviendo al Real Madrid para ser ayudante de un Laso, como lo fue de Scariolo, Imbroda o Lamas. Un hombre de club que recibía un caramelo envenenado en forma de oportunidad. Y es que lo que no te mata te hace más fuerte.
Una de las claves de la gestión de grupos es la unión ante las adversidades. Y el Madrid no ha podido tener más tras la fase regular de Euroliga: de la apendicitis al problema en el gemelo de Poirier, un 0-2 en contra frente al Partizan, la sanción de Yabusele, la lesión de Deck… Suma y sigue. En una temporada llena de turbulencias desde que se hizo cargo del equipo, lo que cuenta es lo de dentro del vestuario porque lo de fuera es fuera y lo de dentro es dentro.
Y así lo demostraba el MVP Tavares, "el jugador más determinante de Europa", según Sergio Rodríguez en la rueda de prensa de los campeones, emocionando a un casi imperturbable Mateo. "Lo único que quiero hacer es felicitar a este hombre que está aquí conmigo. Creo que sufrió más que nosotros tratando de poner todo en orden para que juguemos juntos, para luchar por este club. Creo que todo el mérito es suyo. Quiero felicitarle. Creo que estamos aquí gracias a él. Estamos aquí porque él creyó en nosotros", decía el gigante de Maio.
"Creo que todo entrenador y todo jugador en su primer año es difícil de gestionar. En Madrid, es super difícil ser el primer entrenador. Porque la gente de nuestro lado no creía en nosotros y en él y en que podía hacerlo", añadía. Aún recuerdo cuando Pablo Laso estuvo en el alambre en el verano de 2014 en una temporada en la que el club blanco sólo cosechó Copa y Supercopa. Después llegarían dos Euroligas (2015 y 2018).
Una canción de Saratoga dice que Todos guardamos un as/ Aprendiendo a ser yunque/ Para llegar a ser martillo/ Aprender, resistir/ Y no caer en el camino. Y eso es lo que ha hecho el Real Madrid y su entrenador esta temporada. Aunque los ases han sido múltiples: desde Ndiaye en la posición de cuatro para frenar a LeDay y Mirotic, pasando por la confianza en Sergio Rodríguez en el momento clave de la temporada donde ha demostrado su mejor nivel, hasta la zona 2-3 con una primera línea de mucha actividad, buenos ajustes, especialmente del tercer pequeño, y un Tavares como hombre boya en el centro de la misma.

"Cada vez la gente duda menos de nosotros", decía tras ganar al Barça. "Nos gusta el más difícil todavía", apostillaba. El relato se iba construyendo minuto a minuto desde la remontada del playoff frente al Partizan. El guión, el mismo de los tres últimos partidos, "creer hasta el final", especialmente en la zona 2-3, y ver como los porcentajes del rival se desplomaban en la segunda parte.
Porque ese efecto de desgaste de la defensa alternativa hace que te olvides de atacar. O de seguir con el mismo criterio para buscar buenos tiros. El Barça empezó con un 9/14 en triples en la primera parte en la semifinal. 5/25 en la segunda. En la final frente al Olympiacos, 8/22 en la primera mitad para sólo un 4/14 en la segunda.
Causeur se sumaba al quinteto clave de Rodríguez-Llull-Rudy-Hezonja-Tavares como sexto hombre para, como es habitual en él en las grandes citas, meter un par de triples providenciales cuando el Olympiacos amenazaba con el break.
Y de nuevo, Sergio Rodríguez haciéndose el dueño y señor del timing del partido. Adaptándose a las situaciones defensivas planteadas por los rivales y castigando una y otra vez. Ya lo hizo sobre Satoransky y Laprovittola en semifinales. Sus víctimas Sloukas, Walkup y Canaan en la final, al que fastidió el cumpleaños con ese triple clave a 46,8 segundos del final para poner el 78 a 77. Ni siquiera el desgaste por acumulación de minutos de Tavares y la presencia de los siete pies de los reds fueron capaces de parar al Real Madrid nuevamente campeón de Europa.
"Hay entornos que solo entienden que tienes carácter si te ven gritando. Se tiene que tener mucho carácter para cuando tienes ganas de gritar no hacerlo si no es lo adecuado. Ser un entrenador tranquilo y dialogante tiene que dejar de ser algo atípico". Palabras de Jaume Ponsarnau, aplicable a un Chus Mateo que, además de confiar en la zona decidió quién se tenía que jugar la última: Sergio Llull. Y acertó.
Como decía Florentino Pérez en los micrófonos de DAZN, "a partir de ahora es un gran entrenador, que nadie tenga duda".