El traje antibalas de Facundo Campazzo, el héroe de un Madrid perfecto: "Le decían cosas de la hija, que se muriera"
Cuando se cumple un año del adiós del base argentino a la NBA tras ser cortado en Dallas, vive el mejor momento de su carrera con el Real Madrid.

"Un Campazzo que nunca se fue", "Súper Campazzo vuela para darle al Madrid la Supercopa", "El Real Madrid al ritmo de Campazzo", "Campazzo se viste de líder"... Hay quien dice que vale más una imagen que mil palabras. Y, en este caso, estos cuatro titulares podrían ser la descripción perfecta para demostrarlo. Facundo Campazzo es el jugador de moda del Real Madrid. Pero también de la Euroliga y la Liga Endesa. Un base hecho a sí mismo y lleno de talento que desde joven tuvo que trabajar incluso más que el resto para ganarse su sitio por ser más bajito que la gran mayoría. Un jugador al que hoy todo le sonríe -no es para menos dado su nivel y los resultados-, pero al que no siempre las cosas le fueron bien. Y basta con echar un año la vista atrás para comprobarlo.
El 28 de noviembre del pasado 2022, Campazzo se despedía del que había sido su sueño: la NBA. Aunque quizá hay que remontarse un poco más atrás para entenderlo todo. Porque la realidad es que aquella ilusión acabó tornándose en una pesadilla. Un mal sueño del que, eso sí, terminó despertándose con un escudo prácticamente inquebrantable.
Cuando en el año 2020, el Facu dejó el Real Madrid y puso rumbo a la NBA, lo hizo siendo uno de los mejores bases de Europa. Por eso, tampoco había resultado extraño que los Denver Nuggets se fijaran en él. Todo el continente y, cómo no, su Argentina natal estaban rendidos a ese bajito base de Córdoba de sólo 1,81 y aguardaban a cómo sería su experiencia en la liga estadounidense. Y lo cierto es que durante la primera temporada la toma de contacto fue bastante buena para un recién llegado. Jugó más de 21 minutos de media en los que promedió 6,1 puntos, dos rebotes y 3,6 asistencias en 65 partidos en los que bien se puede decir que hacía algo que nadie más solía hacer: pensar, con lo que eso significa. Si bien, en su segunda temporada en Denver, cuando todo parecía ponérsele de cara para incluso ganar más peso dentro de la rotación tras la baja de Jamal Murray, todo se torció.
Su bajo porcentaje en el tiro exterior era su talón de Aquiles, un punto débil muchas veces acentuado por su altura que, eso sí, bien podría decirse que suplía con lo demás. Pero no a ojos de la NBA, la cual también tenía en el punto de mira su tamaño (huelga decir lo atlética que es dicha competición). Sus minutos bajaron y, por tanto, también sus porcentajes (5,1 puntos, 1,8 rebotes, 3,4 asistencias en una media de 18,3 minutos durante 65 partidos). Y aquello le provocó una oleada de odio que afectó al argentino hasta el punto de que tuvo que trabajar para 'romper' con las redes sociales.
"Facu, cuando estaba en Denver, vio que los estadounidenses son bravísimos para el hateo. Son muy crueles. Le decían barbaridades, cosas de la hija, que se muriera… O sea un nivel de cinismo muy alto", cuenta a Relevo su amigo y exjefe de prensa de la selección argentina de baloncesto, Germán Beder. Y aquello hizo que, además de trabajar sobre el parqué, también tuviera que hacerlo a nivel mental consigo mismo. "Él se curó un poco, se armó un caparazón y ya no le entran más las balas. Pero bueno, tuvo que atravesar ese proceso y el consejo de él es no mirar las redes porque no te va a servir para nada", explica Beder.
"Hacía mi trabajo, tareas extra... Y me enteré que me cortaban por Twitter"
En 'La Nación'Lo cierto es que tras ello, pese a su traslado a Dallas, la cosa tampoco mejoró. Y ahí también tuvo que trabajar la frustración de currárselo, no obtener recompensa alguna e incluso acabar 'despedido' y enterarse… por las redes. "Hacía mi trabajo, me entrenaba, hacía las tareas extra, me quedaba tirando y esperando mi oportunidad. Pero todo resultó como no pretendía porque me enteré que me cortaban por Twitter. Cuando Adrian Wojnarowski publica sobre un corte es porque algo va a pasar. Nadie me había dicho nada. Les escribí a mis agentes y me dijeron la versión de que estaba muy fuerte. Yo sabía que mi contrato no era garantizado, entonces sabía que podía pasar, pero la verdad es que fue un poco movido todo", reconoció un tiempo después el Facu al diario argentino La Nación. Y aquello fue lo que terminó por marcar el antes y el después de Campazzo.
Su regreso a Europa, con parada en Belgrado -su vuelta directa a Madrid no pudo darse en ese momento-, le hizo volver a reencontrarse con el juego en Estrella Roja… Aunque tuviera que esperar hasta marzo para poder hacerlo en Euroliga por la sanción de la competición continental al club. Y su retorno unos meses después a Madrid ha terminado por ser su particular anfiteatro romano para erigirse como lo que es: un gladiador "con mucho carisma por encima de lo que es dentro de la cancha, que también es muy talentoso", como explicó Beder.
A día de hoy, Campazzo es el segundo jugador más valorado de la Liga Endesa, está en el top-5 de la Euroliga y es el líder de asistencias de la competición continental con 8,7 por partido. Ante la Virtus, el pasado jueves, batió su récord (39 de valoración con 18 puntos, 11 asistencias, seis rebotes, tres recuperaciones y nueve faltas recibidas) y ha sido MVP del Real Madrid en siete de los 17 partidos oficiales disputados desde que empezó la temporada. Y esta última semana por partida doble. Pero, sobre todo, es un gran lector de juego, capaz de anticiparse, de saber dónde y a quién tiene que poner el balón.
En palabras de Chus Mateo, es la pieza clave para "entender el estilo y el juego" del Real Madrid. O como bien dijo su compañero Mario Hezonja hace una semana en el programa de radio Tirando a fallar, "el mejor jugador disponible en el mercado de verano". "El que da un nivel más, encuentra a todo el mundo y hace jugar más bonito y más rápido, que es lo que toca en este baloncesto moderno". Y, en definitiva, el líder que tras dejar atrás el hate, está en el momento más dulce de su carrera.