OPINIÓN

Valencia Basket se olvidó del corazón y de la Euroliga

Álex Mumbrú, con parte del banquillo de Valencia Basket al fondo, ayer, en Belgrado. /GETTY IMAGES
Álex Mumbrú, con parte del banquillo de Valencia Basket al fondo, ayer, en Belgrado. GETTY IMAGES

Cuando ayer terminó el partido entre Estrella Roja y Valencia Basket (92-73), recordé una frase que me dijo un compañero. Acababa de terminar la presentación de un acto y era de las primeras que hacía, así que nada más bajar del escenario le pregunté: "¿Ha salido bien?". Y me contestó con una frase que se me quedó grabada: "Cuando las cosas se hacen con el corazón, siempre están bien hechas". Aquella certera sentencia me vino a la memoria después de escuchar el bocinazo final a través de la retransmisión del partido de Euroliga que se había disputado en Belgrado. Y no fue precisamente para bien. A Valencia Basket se le olvidó poner el corazón cuando más falta le hacía y, ahora, su anhelo del playoff de la Euroliga ha pasado a ser un deseo improbable dadas las circunstancias.

Perder es parte del deporte. Es, de hecho, una parte fundamental que hace que se mejore. Y eso no hace falta explicárselo a los de Álex Mumbrú. Ni tampoco a su afición. Sin embargo, tras lo de ayer quise chequear qué pensaban los seguidores taronjas. Y para eso me fui a la que ahora llaman la plaza del pueblo de las redes: Twitter. Ahí me topé con lo siguiente: "Hoy es el día que más crítico soy con el Valencia porque le ha faltado lo que nunca le había faltado en toda la temporada, ganas/corazón. Puedes estar acertado o desacertado, tener un equipo mejor o peor, el arbitraje, … pero nunca pueden faltarte, insisto, las ganas". Más razón no cabía en esos 280 caracteres de @basketenequipo.

La realidad es que Valencia Basket es un buen equipo. Lo dije hace meses y lo mantengo. Además, creo que tiene un buen director de orquesta en el banquillo, algo que me parece fundamental. Porque sí, Mumbrú es un gran entrenador cuya pizarra no deja de crecer. A eso habría que añadir el efecto Chris Jones, que fue precisamente el mejor de los suyos, después de haberse confirmado hace solo unos días su renovación. Y, por qué no, no se debe olvidar la aspiración de ganar para meterse en unos playoffs que, más allá de lo que significa jugarlos, le aseguren la continuidad en la Euroliga una temporada más. La realidad es que había demasiados alicientes para intentarlo. Pero no fue así porque se les olvidó lo más importante: el corazón. Ese tuitero tenía razón. Y tras ver lo que sí se había conseguido en momentos complicados esta temporada, la derrota así dolía más.

Cuando en enero todo se había vuelto gris por culpa de la enfermería -hasta se rescató a Guillem Ferrando de la LEB para reforzar un mermado banquillo-, Valencia Basket demostró que las ganas ganan partidos. Hasta cinco victorias consecutivas lograron, haciendo creer a propios y ajenos que todo era posible, que el carácter taronja existía y la base estaba en creérselo. Sin embargo, cuando todo empezó a volver a la normalidad la ilusión se fue resquebrajando a la par que las aspiraciones (el balance en Euroliga tras la Copa es de 1-6). Y así se vio ayer.

Valencia fue a remolque, se olvidó del juego interior al regalar la pintura a un Estrella Roja que incluso en ocasiones parecía que le invitaba a reengancharse, pero sobre todo se dejó lo más importante: el corazón. Y sin eso, sin ganas, sin creer que puedes, por muy entrenado que esté un equipo o mucho talento individual que se tenga, no se consigue ganar.

Siendo realistas, aunque lo cierto es que aún existen opciones matemáticas de playoffs, realmente estas son remotas. Primero, porque Valencia Basket tiene que ganar los tres partidos que quedan. Y, bueno, aunque sea complejo, si recupera las ganas quizá lo consiga. Pero, segundo, porque, además de ganar, tiene que esperar que aquellos que aspiran a esa plaza pierdan. Es decir, que se pasa del corazón a la fe de que, precisamente, otros no le pongan corazón.

Que hay que luchar es seguro, pero quizá ahora sea tiempo de trabajar y dejar hacer -en este caso a Mumbrú de seguir al frente del banquillo- pensando en lo que será el año que viene. Si el conjunto taronja quiere aspirar a ser realmente grande, más allá de nuestro país, tiene que planificarlo y apostar de verdad por ello. Y dejar ir. Aunque a veces eso duela y, en definitiva, también afecte al corazón.