Yo jugué con Oscar Schmidt: "Si se hubiera ido a la NBA, no se hubiera hablado tanto de Larry Bird"
Compañeros, entrenadores y amigos del jugador brasileño conocido como 'Mano Santa' recuerdan cómo fue jugar con él.

Este reportaje arranca con una inocente conversación de Whatsapp entre dos amigos a los que separan 25 años de edad. "Estoy buscando información porque voy a hacer un reportaje sobre Oscar Schmidt, que jugó en Forum Valladolid entre 1993 y 1995", arrancaba servidora. "¡¡¡Qué jugador, impresionante!!!", respondía el segundo. -"¿Tan bueno era?". -"Mejor que bueno. Increíble". Y con eso ya se empieza a poner en situación lo que fue la figura de Oscar Bezerra Schmidt (Natal, Brasil, 1958) en la historia del baloncesto. Por eso, que se diga de él que "si hubiera aceptado jugar en la NBA, habría hecho toda su carrera allí y hubiera sido All-Star" o que incluso "no se hubiera hablado tanto de Larry Bird" no es ninguna exageración.
Mano Santa, que es como se conoció a este jugador carioca de 2,05, dejó su firma en Europa y en el mundo de la canasta en general -por algo está dentro del Hall Of Fame de la FIBA desde 2013 tras jugar hasta los 45 años- y fue un ejemplo de "profesionalidad y valores" para quienes jugaron con él… Y quienes lo vieron jugar. Tan grande fue (y es) su figura, que incluso ya retirado, llegó a colapsar una autovía de Río de Janeiro, un enclave donde el fútbol es el rey, cuando circulando con su coche fue visto por otros conductores. Por eso, quienes jugaron y entrenaron con él en su etapa en España, no dudan en asegurar que compartir vestuario con Schmidt les hizo ser mejores.
"Eran los Juegos Olímpicos de 1988 en Seúl y unos días antes de que empezaran, al llegar a la Villa Olímpica con la selección, salimos a cenar a la cafetería y vimos que por allí iba a toda leche corriendo Oscar Schmidt. Estaba haciendo preparación física. Fue la primera vez que lo vi en persona, porque por televisión sí que le había visto y ese momento me impresionó porque ahí ya se vio el tipo de competidor que es", confiesa a Relevo Anicet Lavodrama, mítico jugador cuya selección, República Centroafricana, tuvo que medirse a la Brasil de Schmidt en la fase de grupos.
"Era un anotador compulsivo, le veías y tenía la mirada fija en lo que es el objetivo. Se veía que era un jugador muy concentrado e inconmensurable a la hora de cumplir con su deber que era recibir el balón y anotar. Era un competidor y una persona con mucha clase", explica Lavodrama, que unos años más tarde se enfrentaría en la ACB e incluso terminaría compartiendo vestuario (y amistad) con la Mano Santa, como también hizo Mike Hansen.
Un ejemplo de trabajo
"Como jugador era impresionante. Uno de los más grandes. Un jugador todo pasión y corazón, a parte del talento que tenía para meter", reconoce Hansen, el joven base que en la segunda temporada de Schmidt en Valladolid fue su compañero de habitación en los viajes. "Pero ese talento, como él decía, no nació con él. Fue a base de horas, horas y horas… y millones de tiros durante toda su carrera. No sólo cuando ya era famoso y las metía, sino cada día. Ese es el secreto de Oscar Schmidt", explicó Hansen a Relevo. Y en la misma línea se manifestó Chechu Mulero, que en aquella época fue entrenador ayudante de Wayne Brabender en el Forum Valladolid.

"Fui su entrenador ayudante con 26 años y la primera visión de aquella pretemporada fue ver entrar a Oscar al pabellón de La Rubia, un barrio de Valladolid ya que el Pisuerga estaba cerrado, con una bandera inmensa de Brasil celebrando que había ganado ese verano el Mundial de fútbol de EE. UU. Iba dando vueltas como un niño, corriendo por todo el pabellón y esa bandera la plantó en el vestuario", recuerda Mulero. "Yo era el encargado de rebotearle cuando se ponía a tirar antes o después de los entrenamientos. Era incansable. Es una mentira grande decir que a Oscar no le gustaba entrenar, totalmente falso, entrenaba siempre y entrenaba mucho. Vivía por y para el baloncesto", explica.
"Lo que más impresionaba era que con 36 años disfrutaba como si fuera el primer entrenamiento de su carrera"
Exjugador de baloncesto"Lo que más impresionaba de él era que con 36 años y habiéndolo hecho todo con su selección, ganar los Panamericanos de Indianápolis, ir a los Juegos Olímpicos, lo que hizo en Italia en la Lega… disfrutaba como si fuera el primer entrenamiento profesional de su carrera", rememora Hansen. "Llegaba al entrenamiento contento, sudaba, trabajaba al 100%, se lo pasaba bien, competía… Siempre quería competir contigo. No sé cuántos concursos de triples me he echado con él tras los entrenamientos. Ya ves tú, yo con 23 años y él con 36 y estaba disfrutando como yo o más. Eso a mí me marcó mucho y creo que a todos, que un jugador como él, que estaba en sus últimos años en Europa parecía que acababa de llegar. Seguía teniendo una profesionalidad admirable. Llegaba el primero y se iba el último. Siempre trabajando en su arte, su arma ofensiva, que era el tiro. Era de los mejores tiradores que jamás he visto", admitió Hansen.
Y es que Schmidt incluso llegó un día a bajarse del autobús, meterse directamente al pabellón y empezar a tirar triples sin cansarse, como rememora Mulero: "En pretemporada fuimos a jugar el torneo Diputación de Álava a Vitoria contra Baskonia y el Dinamo de Kiev. Salimos de Valladolid y fuimos directamente a tirar al pabellón. Hacía bastante frío porque estaban ampliando el pabellón y no estaba aún terminada la obra. Pues llegamos, se bajó del autocar, se puso a tirar, yo a rebotear, y tal cual, primer balón que tocó, metió los 52 primeros triples seguidos. Aquello me impresionó".

"Recuerdo el partido de Málaga en la temporada 1994-1995. Anotó ocho triples sin fallo, jugó un partidazo increíble y el diario Marca le calificó con un '4'. En el siguiente entrenamiento llegó con la crónica del partido y las calificaciones enmarcada y la colgó en el vestuario", indica Mulero. "Todo eso lo dice todo de él y creo que es el secreto de poder jugar tantos años. Ahora lo vemos con LeBron James, ese tipo de jugador a que esas edades puede seguir metiendo y ser el máximo encestador de la liga lo dice todo", indica Hansen.
Un tirador compulsivo con un brazo de hierro
Schmidt era quien acaparaba siempre todas las miradas. Tanto de su compañeros en busca del tirador que la enchufase como de los rivales para tratar de frenar a alguien que era imparable. Y de eso bien se acuerda Lavodrama, que primero lo sufrió como rival. "Yo estaba jugando en OAR Ferrol y nos enfrentábamos a Forum Valladolid que acababa de fichar a Schmidt. Antes del partido hicimos sesión de vídeo y scouting y todos vimos cómo Schmidt anotaba desde cualquier parte del campo, así que cuando pasaba la media cancha ya era peligroso. Entonces nuestro entrenador, que era Javier Casero, le dijo a uno de nuestros aleros americanos, Roy Fisher, que él iba a defender de inicio a Schmidt", indicó.
"Empieza el partido, salto inicial, yo toco el balón pero cae en manos del base de Valladolid y se lo pasa a Schmidt. Estaba como a un metro y medio de llegar a la línea del triple, levantó las cejas y echó la mirada hacia arriba. Entonces Roy saltó como para ponerle un tapón… Y ahí se le vio la cara de 'hostia, la he cagado' porque era a mucha distancia. Pero estaba tan condicionado por lo que le habían dicho que fue mirar Schmidt a canasta y saltó", contó Lavodrama, que no dudó en elogiar cómo era como jugador.
"Se suponía que yo era uno de los más atléticos y físicos de la liga ACB cuando fiché por Valladolid. La preparación física que hacíamos era correr durante unos 45 minutos y la gente como Mike Hansen, que era Speedy Gonzalez, eran los que cuando había que hacer recorridos largos siempre iban delante. Y Oscar, con su 2,05 y pese a su edad, era siempre el que iba detrás de ellos. Eso ya mostraba el nivel de ética de trabajo, de competitividad y lucha y de siempre querer superarse", explica Lavodrama que, cómo no, destacó su forma de tirar.
"La forma de tirar que tenía era compulsiva. Le tocabas el antebrazo derecho y ¡era como metal o cemento!"
Exjugador de baloncesto"La forma de tirar que tenía era compulsiva. Yo se suponía que era fuerte, pero cuando a Schmidt le tocabas el antebrazo derecho… ¡Era como metal o cemento! Lo tenía muy duro. Cuando recibía el balón no lo bajaba, tiraba desde cualquier distancia y esa parte del antebrazo denotaba obviamente lo tremendo trabajador que era a la hora de prepararse tanto física como mentalmente", explica Lavodrama. Y en ello coincide Mulero: "Oscar tenía los antebrazos duros como una piedra".
"Cuando jugábamos y me llegaba el balón, le buscaba a él porque sabía que era el metedor de puntos. Él tiraba y yo iba al rebote y eso me facilitaba el trabajo. El tener un jugador tan perfecto, tan trabajador, tan prolífico… Era perfecto", indicó Lavodrama.

El rechazo a la NBA para defender los colores de Brasil
La gran pregunta de todos era: ¿por qué Schmidt no está en la NBA? Y la respuesta se resume a una norma. "Una de las razones por las que él no jugó en la NBA era porque en aquella época si jugabas en la NBA no podías representar a tu equipo nacional, en este caso Brasil, en los Juegos Olímpicos, la Copa del Mundo… En esa época, EE. UU. siempre eran selecciones de jugadores de la liga universitaria, porque si jugabas en la NBA ya eras profesional y la FIBA la consideraban 'la Federación Internacional de Baloncesto Amateur'. Entonces tomó la decisión de no ir, y eso que podría haber ganado mucho dinero, y se sacrificó porque quería jugar y representar a Brasil. Eso es otra muestra de su compromiso con su país", aseguró Lavodrama.
"Si no hubiera existido la norma en la NBA, hubiera hecho carrera allí y hubiese sido All-Star"
Exjugador de baloncesto"Si no hubiera existido esa regla, cuando la NBA se interesó en Schmidt, no tengo ninguna duda de que hubiese hecho toda su carrera en la NBA", aseguró Hansen, que también aseguró que "hubiese sido All-Star y ahora mismo estaríamos pensando de él que estaría entre los tres mejores anotadores de la NBA. No ha habido nadie como él, de ese tipo de jugador", confesó por su parte Hansen. Y lo cierto es que Lavodrama va un paso más allá.

"Si Schmidt hubiera estado en la NBA, en esa época no se hubiera hablado tanto de Larry Bird. Se hubiera hablado de Larry Bird porque era americano, pero en cuanto a la capacidad de meter ese balón naranja en la canasta, Schmidt hubiera superado a muchos de esa época. Hubiera superado muchas marcas de anotación", dijo Lavodrama.
Un fan de Chiquito de la Calzada que puso firme a Allen Iverson
Compartir vestuario con Schmidt era "impactante". Y en eso coinciden tanto Mulero, como Hansen y Lavodrama. "Era una gozada, sobre todo para los jugadores jóvenes. A mí me ayudó mucho, ya no sólo en lo profesional, sino también en lo que es la vida y ser uno mismo", aseguró Hansen. "Me dijo que tenía que tirar, que yo no era un base tipo Corbalán, de estos organizadores, sino que era tirador, que tenía que explotar eso. Y gracias a él pude jugar muchísimos años aquí en Europa", explicó el base. "Poder jugar con una leyenda como él, que luego ha entrado en el Hall of Fame, que ha sido el máximo anotador del mundo en la historia del baloncesto… Hemos sido unos privilegiados". De hecho, su imagen deportiva está a la altura de los más grandes de Brasil. Y un ejemplo de ello lo relata a la perfección Lavodrama.
"Íbamos por la autovía en Río y al verlo otros conductores, se empezaron a acumular coches a nuestro alrededor"
Exjugador de baloncesto"Después de retirarme empecé a trabajar en la FIBA, tenía que visitar las federaciones y una vez fui a Río de Janeiro para visitar la de Brasil. Coincidió que había un partido de Brasil en Maracaná y Oscar me recogió en el hotel para ir al partido. Allí hay unas autovías como con cuatro o cinco carriles y era de noche. Íbamos conduciendo y pasaban coches por la derecha y la izquierda. Algunos se giraron y al mirar vieron a Oscar y no veas tú la que se armó de repente. 'Oscar, Oscar', gritaban, todo eso en plena autovía y se empezaron a acumular coches alrededor del nuestro. Eso es lo que representa a Schmidt", dijo Lavodrama, que también destacó sus valores.

"En el Mundial de 2002 de Indianápolis, Oscar estuvo de comentarista para una televisión de Brasil. Quedamos para ir a un restaurante, una de estas cadenas americanas para comer él, su mujer Cristina y yo. Allí coincidimos con Allen Iverson, que estaba con su mujer y alguno de sus hijos. Y Oscar se acercó. Oscar Schmidt, a quien llamaban Mano Santa acercándose a otro jugador más joven de la NBA y le dice: hola, Allen, ¿podías firmarme un autógrafo? Y Iverson ni levantó la cabeza y le dijo que no, que estaban comiendo".
"Schmidt le dijo a Iverson que tenía que estar agradecido por que le pidiesen autógrafos"
Exjugador de baloncesto"Aquello a mí me sentó muy mal, porque a nosotros a veces nos piden autógrafos, sobre todo a Oscar que le persiguen, y Iverson ni se dignó a mirarle para ver quién era. Entonces esa humildad que demostró Oscar no la tuvo Iverson y eso le sacó de quicio. Le dijo: '¿es que tú no sabes quién soy? Tendrías que estar agradecido por que te pidan autógrafos por algo que haces, y más si alguien como yo te lo pide, cuando tú me lo tendrías que pedir a mí'. Y ahí le dije a Oscar que no se preocupara, que esa persona tenía esos valores y él otros en los que sabes que si te piden un autógrafo hay que responder", explicó Lavodrama.
Pero sin duda, lo más icónico y llamativo de su personalidad era su gran don para imitar… ¡a Chiquito de la Calzada! "En muchos de los viajes, Oscar y yo grabábamos videocasetes de Chiquito de la Calzada y, como veteranos, se los imponíamos a los más jóvenes que estaban ya hartos (ríe). Pero es que Chiquito era nuestro ídolo. Y Oscar, que si le conoces parece muy serio, se ponía a imitarle. Es uno de los mejores recuerdos que tenemos", admitió Lavodrama.