Joaquín Rodríguez, el uruguayo que ha conquistado Sevilla
El país sudamericano también exporta talento en baloncesto.

El nivel crece año tras año en la LEB Oro y se convierte, cada vez más, en un vivero para equipos ACB y de otros campeonatos europeos. Uno de los nombres que más está impactando y que empieza a estar marcado en rojo en las agendas es el del charrúa Joaquín Rodríguez. Uruguay y baloncesto no parecen casar bien en el país del milagro futbolístico, salvo que hayas nacido en Mercedes. Allí hay trece clubes de baloncesto, una liga propia y otro camino por elegir aunque el jugador del Betis no deja de ser uno más de los uguruayos locos por el fútbol: "Jugaba al fútbol y al baloncesto, pero me di cuenta de que lo mío era lo segundo. Somos un país futbolero, pero mi ciudad es la única de todo el país donde se sienten igual los dos deportes".
Había otra razón de peso, su padre Nazar Rodríguez, fue jugador de baloncesto entre los 80 y los 90. Formado en el club Remeros de Mercedes, del que fue capitán seis años, internacional uruguayo y de condiciones bastante similares a su hijo. Quien no le haya visto jugar debería hacerlo. Se lo va a pasar bien porque, además de bueno, es bonito de ver. Es un torbellino irrefrenable. Excelente penetrador, si puede correr no hay nada que hacer. Va creciendo en el tiro exterior y es un inventor de jugadas. De repente hace cosas que nadie espera.
Conociendo sus referentes, te haces una idea de lo que le atrae: "Siempre me ha gustado el base mágico, lírico por así decirlo. Me identifico con esa desfachatez de inventar pases donde no los hay. Por eso me fijo en el Chacho, en Teodosic y después en jugadores como el Facu Campazzo. Cuando era chico, mi ídolo era Panchi Barrera que regresaba a Uruguay después de una brillante carrera". Barrera es de sobra conocido en el baloncesto español al que estuvo a punto de representar en la selección juvenil cuando entrenaba con el propio Chacho o con Marc Gasol.
"Disfruto mucho de él"
Joaquín Rodríguez puede jugar en cualquiera de los puestos exteriores aunque principalmente es un 1-2. Su capacidad anotadora y electricidad le están llevando a ser más escolta que un base director. Son cosas que va puliendo bajo la batuta de un entrenador al que pone por las nubes, Bruno Savignani: "Disfruto mucho de él. Está encima de mí para que dé el paso en mi carrera que él espera. Nos hace seguir compitiendo por el objetivo a pesar de lo duros que están siendo estos últimos meses".
El Betis es, ahora mismo, el último equipo que jugaría por el ascenso a la Liga Endesa pero está en una situación estructural crítica. La retirada de facto del grupo XOY ha restado recursos paulatinamente, desde uno de los médicos, un fisio, hasta la propia plantilla cuando tuvo que salir Emanuel Wembi. De hecho se llegó a especular con una posible venta de Joaquín para paliar la grave situación económica. Tan directo en la pista como fuera de ella, se fue directo a preguntar al club si había algo de cierto y se lo negaron. No obstante la crisis institucional empieza a pasar factura: "Está siendo duro. Hemos recibido muchos golpes. Nosotros seguimos luchando por estar en las eliminatorias por el ascenso, pero es inevitable que te afecte mentalmente. Antes todo estaba encaminado a subir, ahora ves que los recortes son constantes y no tienes claro del todo si luchas por algo real y qué pasará con los gastos que supone ir a una hipotética 'Final Four'. En la rotación también se empieza a sentir el cansancio. Seguiremos dando la cara todo lo que podamos".
El uruguayo tiene dos años más de contrato pero con cláusula de salida. Tampoco parece que las condiciones en las que se encuentra el club den para cortarle la proyección. Y su talento hace pensar que muy pronto la ACB llamará a su puerta: "Me preparo para ello, para estar en la mejor competición. Creo que es mi salto natural. Quiero llegar a ser el mejor jugador que puedo ser. ¿Y eso qué es? Ojalá llegar a la Euroliga. Es mi sueño". Además de España, al jugador le siguen en mercados como el italiano, el turco o el israelí.
Un buen entorno hacia el éxito
Joaquín Rodríguez está muy bien tutelado. Su representante, Claudio Pereira, le ha llevado despacio, respetando los procesos en su formación. Pudo haber salido antes, pero debía completar su periplo con Obras Sanitarias, histórico equipo argentino al que llegó para ser uno de los artífices de hacerlo campeón. Con 19 años había aterrizado Argentina gracias a Estudiantes de Concordia, limítrofe con Uruguay. Ya había sido campeón con Club Atlético Aguada, en el barrio de Montevideo. El paso estaba muy pensado. Argentina destaca por un excelente nivel de entrenadores en la base y empezó a valerse por sí mismo. Pereira cree que "está al 50% de lo que va a ser como jugador. Savignani le está ayudando muchísimo. Es ya casi un mentor, tienen un gran vínculo profesional y humano. Cuando le vi en las selecciones formativas de Uruguay, me bastaron 5 minutos para saber que tenía algo diferente".
Qué bien que le hizo a Joaquín Rodríguez (@JoaquinRod14) irse al Real Betis.
— Gonzalo De León (@GonzaaDeLeon19) March 4, 2024
Sigue creciendo a pasos agigantados. Con mucho trabajo y paciencia se está convirtiendo en uno de los mejores uruguayos del momento.pic.twitter.com/mKlPptzTrZ
Las tres temporadas en Obras Sanitarias le permitieron madurar antes de dar el salto a Europa, no precisamente para cobrar mucho más sino como una inversión en su futuro. Así llega al Real Betis de la mano de Iván Déniz que ya se lo había querido llevar a México.
Tardó en debutar porque el pasaporte no llegaba. Esos fueron sus peores momentos en Sevilla: "Estaba ansioso y más viendo que el equipo no ganaba. Solo podía entrenar y costaba mantener la intensidad. Poco a poco, cuando empecé a jugar, me fui adaptando al juego más dinámico y estructurado que hay en España". Y se adaptó tanto que hace apenas un mes nació su primer hijo, Bautista, sevillano que se porta muy bien y del que disfurta porque "puede más la felicidad que el cansancio".
Es uno de los nombres que hay que seguir en una emergente LEB Oro. La personalidad, la "garra charrúa" que tiene dentro Joaquín Rodríguez.