Demin, Diagne, Jakucionis... La NCAA esquilma las canteras del Madrid y Barça y siembra el pánico en el mercado europeo
La competición universitaria se lleva a los jóvenes talentos formados en el baloncesto nacional y cambia el paradigma de mercado.

Izan Almansa en 2021, Baba Miller en 2022, Jan Vide en 2023… han sido algunos de los nombres recientes de la fuga de jóvenes talentos del Real Madrid, rumbo a Estados Unidos, para continuar sus carreras deportivas.
Pero esto sólo acaba de empezar, porque las reglas del juego han vuelto a redefinirse y ya vemos cómo el expolio va a más con salidas como la de Ismaila Diagne a Gonzaga, la de Egor Demin a BYU (adelantado por BasketNews y encestando.es) o la del blaugrana Kaspars Jakucionis a Illinois (publicada en DraftExpress), todas ellas conocidas esta semana, a la conclusión del Adidas Next Generation.
Durante mucho tiempo, los deportistas universitarios eran considerados no profesionales. Por ese motivo no podían tener ingresos económicos al margen de la formación deportiva y académica que recibían.
La NBA se adelantaba y daba un paso más en este sentido creando el 16 de abril de 2020 el NBA G League Ignite, un equipo de la Liga de Desarrollo de la NBA para desarrollar prospects de élite que podían ganar hasta 500.000 dólares, convirtiéndose así en alternativa al baloncesto universitario pero de manera remunerada.
Por allí pasaron Jaleen Green, número 2 del Draft de 2021, o Scoot Henderson, 3 del de 2023, siendo, de momento, diez jugadores en sus cuatro temporadas de vida los que dieron el salto vía Draft desde allí a la NBA.
Y digo pasaron, y de momento sí, entre otros nuestro Izan Almansa este último curso, porque el 21 de marzo se anunciaba que el programa echaba el cierre al término de esta temporada 2023-24.
Si no puedes con tu enemigo, únete a él
La instauración de esta vía para acceder a la NBA constituyó una acción-reacción en la NCAA. El primer paso, a partir de 2022, abolir la regla que impedía recibir dinero por contratos instaurándose los NIL: name, image and likeness (nombre, imagen y semejanza) para vender su imagen a través de marcas.

Pero las universidades no pagaban directamente a los deportistas hasta cuando se ha dado el segundo paso y el gran espaldarazo: este mismo mes de mayo la NCAA acordaba con sus cinco grandes conferencias permitir a cada universidad repartir hasta 20 millones de dólares anuales.
"Conozco los salarios que ganan los jugadores en la NCAA, y lo que están pagando ahora es una locura y rompe el mercado. No hay motivación para los clubes [europeos] para seguir desarrollando jugadores jóvenes, pero esto también es algo que está sobre la mesa para la FIBA", decía el propio Paulius Motiejunas, CEO de la Euroliga, en la Final Four en Berlín.
"Conozco los salarios que ganan los jugadores en la NCAA, y lo que están pagando ahora es una locura y rompe el mercado"
CEO de la Euroliga¿Para qué invertir en recursos para formar jugadores sabiendo que se van a ir cuando a lo sumo que vas a llegar es a ingresar un buyout?
Toca reflexionar
Pero creo que también es un punto en el que tenemos que hacer autocrítica. Creo que los jóvenes necesitan más oportunidades en los primeros equipos. Y sé que no es fácil, sobre todo cuando forman parte de transatlánticos como Barça y Madrid, dada su exigencia de ganar partidos, pero ahí están los ejemplos de Pau Gasol y Luka Doncic.
He tenido la suerte de comentar dos de los tres partidos que ha jugado en Liga Endesa Jakucionis en Movistar+ y creo que, con su talento y descaro al jugar y meter triplazos nada más saltar a la pista, algo más de protagonismo debería tener en un equipo que juega tantos partidos, cada vez más cerca de los 100, durante la temporada. Y más con un técnico como Roger Grimau, que ha llegado este curso desde la cantera.
O un Ismaila al que vimos ser titular en un Madrid-Barça, yéndose hasta los 9 puntos y 8 rebotes en 13 minutos y 27 minutos.

Los jugadores necesitan formación, pero también protagonismo y exposición. Sobre todo cuando hablamos de jugadores tan talentosos y que tienen ese sueño de ser escogidos en el Draft de la NBA y desembarcar en la mejor Liga del Mundo.
Exposición que otras ligas ofrecen, como la Australiana, que llamó a la puerta de Hugo González con su programa de NBL Next Stars y desde la que veremos en el Top3 del próximo Draft al francés Alexandre Dam Sarr, que curiosamente jugó dos temporadas en el Real Madrid en edad cadete.
Y, por otro lado, hay que garantizar el relevo generacional. Y para ello es necesario que los jugadores vayan ganando la experiencia necesaria a alto nivel, porque el salto desde la categoría junior al profesionalismo sigue siendo muy pronunciado.
La edad media de los jugadores en nuestras ligas domésticas y la Euroliga no para de crecer y muchas veces un servidor tiene la sensación de que los jugadores sólo cambian de equipo cuando expiran sus contratos, como si fueran cromos.
Por si todo esto fuera poco, muchos de ellos, por su edad de formación, podrían ocupar plazas de jugadores formados localmente o cupos, de los que precisamente no andamos sobrados.
Urge repensar un sistema donde la parte inferior del embudo cada vez es más estrecha en lo que al baloncesto europeo se refiere: NBA, NCAA, Australia, ligas asiáticas como la de Japón…