Juan Fernández, el 'heredero' de Scola que no sabía botar un balón hasta los 13 años: "Jugaba al fútbol porque odiaba el baloncesto"
El pívot argentino, que se ha convertido en uno de los jóvenes más relevantes de la Liga Endesa, cuenta en Relevo cómo ha sido todo este proceso.

Cuesta pensar que hace menos de una década, Juan Fernández (Santa Fe, 2002) no supiera casi botar un balón. "En 2018 medía 2,02 metros y apenas sabía hacer mates", reconoce su agente, Víctor Belinchón, que fue el que le echó el ojo en un torneo en Turquía y lo reclutó para la cantera del Baloncesto Fuenlabrada. Por entonces, el pívot argentino tenía 15 años y tan sólo llevaba dos probando en esto del deporte de las manos. "Jugaba al fútbol y odiaba el baloncesto", reconoce el propio Juan Fernández en una entrevista con Relevo. Algo que a cualquiera le choca por completo, sobre todo, después de ver cómo a sus 21 años ya es un habitual en el juego interior de Argentina, acaba de firmar su mejor temporada en la ACB con el Río Breogán e incluso forma parte del mejor quinteto joven de la temporada en la Liga Endesa.
Por eso, quizá se puede decir que la suya es de esas historias que parecen predestinadas. Uno de esos ejemplos que hacen bueno ese refrán de que lo que es para ti, ni aunque te quites; lo que no, aunque te pongas. Porque aunque llegase al baloncesto casi por casualidad -literalmente porque al dejar el fútbol con 13 años "engordó" y no quería verse así-, lo de la pelota naranja era (y es) lo suyo. Pese a que creciese sin siquiera saber quiénes eran los jugadores argentinos de referencia -más allá de Luis Scola o Manu Ginóbili- o por más que a veces se haya planteado "dejarlo todo" y volverse a su Argentina natal.
Mejor temporada en la ACB, dentro del mejor quinteto joven, permanencia… El pulpo a feira te ha sentado bien, ¿se puede decir que has conseguido mejorar tu propia 'receta'?
Sí, al fin, una buena. Lo pensaba, me acuerdo, en el partido contra Andorra, que fue cuando nos salvamos… Los últimos años míos en el basket fueron golpes muy duros, con Fuenlabrada y con la selección y el haber conseguido el objetivo de la permanencia, la verdad, es que fue un gusto grande.
¿Qué tal se vive el baloncesto en Lugo?
Lo viven mucho, me hacía acordar a cómo viven el fútbol allá en Argentina. Mucha gente en la ciudad, por no decir casi toda la ciudad, está volcada con el basket y con mucho cariño, todos los días la gente lo demostraba mucho.
¿Te ves allí el año que viene?
Tengo contrato… pero nunca se sabe.
Has mencionado esa manera en la que se vive el fútbol en Argentina. ¿Cómo te decantas por el baloncesto siendo un país tan futbolero?
Cuando dejé el fútbol y me puse gordo. Esa es la respuesta, la verdad (ríe). Porque me cansé del fútbol, estuve parado unos cuantos meses, cogí unos kilos y no me gustaba cómo me veía. Y dije: bueno, voy a probar con el basket, ya que toda la vida fui alto, toda la gente me dijo que jugara al basket, yo decía que no, pero ahí dije: voy a probarlo.
¿Por qué decías que no?
Porque no me gustaba. Lo odiaba. Me gustaba mucho más el fútbol y yo decía que quería jugar al fútbol.
¿Entonces nunca te hubieras planteado ser jugador profesional?
Tal cual. Lo odiaba y dije bueno, le voy a dar una chance y… salió bien.
Por tanto, lo de crecer con algún referente en el baloncesto...
Ninguno. Sabía quién era Ginóbili, quién era Scola… Y ya está, hasta ahí llegaba. No sabía quién era más nadie. Nada. Es más, hasta el primer año que jugué tampoco sabía. Después ya me empecé a enterar.
Eso fue cuando tenías 13 años y aún vivías en Santa Fe, sitio muy futbolero... ¿Ahí cómo se vive el basket?
No se vive. Es todo fútbol en Argentina. Sí tengo que decir que la gente que rodea el ambiente del basket en Santa Fe es muy buena gente, muy trabajadora y es un ambiente mucho más sano. Me acuerdo de que lo primero que pensé cuando me cambié del fútbol al basket era el ambiente, lo sano que era, los padres… Todo lo que rodeaba al baloncesto.
¿A partir de ahí ya te llegaron los referentes? ¿O que tu perro se llame Dirk [por Nowitzki] es casualidad?
No, la verdad que no lo es (ríe). Miraba muchos vídeos de él, es mi jugador favorito y entonces así se llama mi perro.
Con sólo 15 años saltas el charco y te vienes a España. ¿Cómo surgió aquella oportunidad?
Yo quería dar un paso al siguiente nivel, ya estaba jugando en Unión y quería un desafío. Ponerme a prueba sobre todo para ver si el basket iba en serio o no. Y me acuerdo de que había visto varios clubes en Argentina, pero no me terminaban de cerrar. Luego Víctor Belinchón [su agente], me contactó para ir a conocer unos clubes en España y al venir a Fuenlabrada sentí que para dar el paso al siguiente nivel esa era la decisión que tenía que tomar… Y acá estamos. Me acuerdo cómo fue con José Luis Pichel [entonces entrenador de la cantera del Fuenlabrada y después llegó a ser ayudante y hasta entrenador principal en el primer equipo]. En noviembre de 2018 fue cuando vine a conocer Fuenlabrada y me volví, porque en Argentina el calendario es distinto. Entonces yo ahí estaba terminando la temporada y se acercaban las Navidades. Y Pichel me quería antes de Navidades y antes de que terminase mi temporada. Pero le dije: espera que termine, que pase las fiestas con mi familia y ya luego voy.
¿Cómo fueron tus primeros pasos en la selección argentina?
La U14 fue mi primera llamada. En Entre Ríos. Yo era muy malo, es la verdad. Me acuerdo de los procesos de selección de Santa Fe, de la ciudad, de la provincia… Me acuerdo estar con mis compañeros y era muy malo. Pero los entrenadores vieron algo en mí que yo no veía y todo era parte del proceso. Y creo que fui mejor con el tiempo. Esa primera llamada era muy malo, pero había algunos chicos, recuerdo, como Gonzalo Corbalán, que también estuvo conmigo en la selección, y era todo parte del proceso.
Hablando de que todo es un proceso... ¿te has llegado a plantear durante él, dejarlo todo y volverte a Argentina?
Sí, muchas. Sobre todo hubo un año, el de después de la pandemia, que fue el que peor lo pasé. Me acuerdo de que salimos campeones con el equipo de Liga EBA, pero ese año era terrible, la verdad. Iba a entrenar y no quería, jugaba y decía: ¿por qué estoy haciendo esto si no quiero? Y ahí me ayudaron mucho mis compañeros, mis entrenadores, Víctor también estuvo ahí… Era un bache que tenía que pasarlo, solamente.
Sigues creciendo y entonces te llama la selección absoluta siendo aún muy joven. ¿Qué significó para ti?
Muy contento. Creo que era como un reconocimiento a todo el trabajo que venía haciendo todos estos años y me motivó muchísimo a seguir mejorando todavía, porque ver y compartir el día a día con jugadores profesionales como el Facu, Brussino, Deck… con todos. Ver lo que comen, cómo se cuidan, cómo entrenan… Te cambia la perspectiva de todo y es algo que disfruté muchísimo y sigo disfrutando.
Antes mencionaste a Luis Scola y lo cierto es que habéis vivido caminos paralelos porque ambos empezásteis muy jóvenes en la selección. Además, te toca 'llenar' ese puesto que ocupaba él en el juego interior. ¿Eso cómo se lleva?
Ese vacío no se va a llenar nunca. Hay jugadores que marcan una época, que son distintos a todos y Luis es uno de ellos. Yo lo que sí que voy a intentar es alcanzar mi máximo potencial y ayudar a la selección en todo lo que pueda, en todo lo que esté en mi mano.
¿Qué crees que le está fallando a Argentina para que no le terminen de ir las cosas bien?
Creo que cuando yo llegué había mucho ruido desde afuera. Yo no me enteraba de nada porque era mi primera experiencia con la selección mayor, pero también tuvimos un cambio de entrenador en el medio de la clasificación para el Mundial y, bueno, son cosas que afectan al equipo. Viene una camada nueva de jugadores, que no es fácil adaptarse, eso lleva su tiempo, y justo coincidió con que llegamos apretados al final y perdimos un partido con Dominicana y quedamos afuera del Mundial. No sé si fue justo o no, la verdad, la vida nunca es justa, pero luego también quedamos afuera de los Juegos Olímpicos y fue muy duro. Lo más duro que me tocó vivir a mí como deportista. Pero sigo contento porque creo que estamos más unidos que antes, con más química… No es fácil lo de la camada que viene, conectarse con los que llevan mucho tiempo ahí. Pero creo que ellos nos están haciendo el trabajo mucho más fácil y ahora creo que los jóvenes tenemos que dar la cara y subir el nivel, obviamente.
¿Cuál es tu meta como jugador?
Ganarlo todo. Todo lo que juegue, ganarlo. Es lo único.
Mucha ambición, ¿no?
El problema que tengo es que odio perder en todo. En el basket, en la Play, en las cartas… Dejé el SuperManager porque me fiché a mí… y lo saqué (ríe).