Yo jugué con Chicho Sibilio, el 'Kevin Durant' español: "Tenía un teléfono de maleta y nunca lo llamaba nadie..."
Este alero, que empezó a jugar como pívot, fue un tirador que batió récords en la ACB. Joe Arlauckas, Lagarto de la Cruz y Andrés Jiménez recuerda cómo era.

Si uno busca la definición de "elegante" en la RAE, esta dice así en su primera acepción: "Dotado de gracia, nobleza y sencillez". Y en las décadas de los 70 y los 80, primero en Barcelona y luego en Vitoria, había un jugador que era "como un Dios. Un ídolo. Un jugador de los que piensas: yo quiero ser como él", que se convirtió en la personificación perfecta de dicho adjetivo. Porque no es casualidad que a cualquiera que se le pregunte por cómo era Chicho Sibilio (1958-2019), la palabra que resuene una y otra vez sea precisamente esa: elegante. Sobre todo, a la hora de buscar el aro y generarse un tiro letal que tanto caracterizó a este alero de casi dos metros, que empezó jugando como pívot y que hasta este domingo -cuando lo desbancó Markus Howard- fue el jugador con más triples lanzados durante un partido en la historia de Baskonia.
"Chicho era un tipo muy especial. Era muy suyo, pero luego era un tipo muy divertido, muy agradable. Si tú tenías buena onda con él, era un tipo fenomenal, de los que creaba buen ambiente en el vestuario. Un jugador serio, pero como persona de las que crean buen rollo", recuerda en una llamada con Relevo, Juan Domingo de la Cruz, más conocido como Lagarto de la Cruz. Una de las voces más autorizadas para hablar de Sibilio porque, como reconoció también desde el otro lado del teléfono Joe Arlauckas, "tenían una amistad que más que amigos eran hermanos".
"Lo de Chicho era natural. Si muchos jugadores tienen que trabajar para mejorar su tiro, su juego, Chicho tenía un tiro que era natural. Era un jugador muy elegante", explicaba Lagarto de la Cruz. Y, para poner en contexto el tipo de estilo de jugador que era este alero dominicano que con apenas la mayoría de edad se enroló en las filas del Barça, De la Cruz lo asemeja a lo que hoy en día es el jugador de los Suns Kevin Durant.
Un jugador con clase, al estilo de Kevin Durant
"Ahora lo comparamos mucho con cómo juega Kevin Durant. Se asemeja mucho en físico, en la forma de moverse... Lo que pasa es que KD debe superar los dos metros diez y Chicho medía 1,98 o 1,99. Pero me recuerda mucho a él porque era un jugador muy elegante", confiesa De la Cruz. Y no es el único que lo piensa.
"Era un jugador muy elegante. Lo suyo era natural"
Exjugador del Barça y Baskonia"Tenía mucha clase, un estilo elegante. Un jugador que mientras que otros tenían que entrenar más a nivel individual, no era de repetir mucho los movimientos y en cambio te daba mucho. Tenía una habilidad natural para tirar y era muy efectivo. Lo suyo era natural", reconoce por su parte Andrés Jiménez, que compartió vestuario con este alero reconvertido que militó durante 13 años en la disciplina culé, tanto en Barcelona como en la Selección. Porque Chicho, pese a que nunca renunció a sus orígenes dominicanos, se nacionalizó al año de fichar por el Barça y debutó con la Selección española en 1980.
Un fan de Juan Luis Guerra marcado por el Caribe y la superstición
"Siempre tuvo claro que su destino era la República Dominicana", asegura Lagarto De la Cruz, quien además de compartir vestuario con él tanto en su etapa culé como en Vitoria -tras salir del Barça militó cuatro años en el Baskonia-, llegó incluso a compartir piso con él. "Cuando vivía con Chicho me despertaba con Juan Luis Guerra y me dormía con Juan Luis Guerra. Los años que estuve viviendo con él era la música continua. Él tenía su bandera dominicana puesta en la espalda de su cama, en la pared. Y lo cierto es que nunca terminó de decir que iba a vivir en España. No faltaba ni un verano a su tierra. Nunca perdió la identidad como dominicano", comenta De la Cruz.
De hecho, como buen caribeño, él tenía muy marcadas ciertas cosas... "Siempre se sentaba en el autobús en el mismo asiento: la primera silla de la puerta de atrás y nadie podía quitárselo", reconoce Joe Arlauckas, que coincidió con él en Vitoria. Y también quería siempre estar a la última. "Teníamos un sastre en Barcelona al que se iba y se hacía en un día cuatro trajes", dice De la Cruz. Pero esa pasión por la última moda no era sólo a nivel de ropa.

"Siempre quería tener la primera cosa que sale, así que cuando salieron los teléfonos estos de maleta, los primeros móviles, él se compró uno y se lo llevaba siempre a los viajes", explica Arlauckas. ¿Y qué pasaba? "Que nunca lo llamaba nadie hasta que una vez, en un viaje salimos de Vitoria y a los 40 minutos o así sonó. Todo el mundo en el autobús estaba flipando. Lo coge y entonces dice: '¿cómo? Eh... Espera... Ramón, es para ti' y se lo pasó a Ramón Rivas. Resulta que Ramón había hecho a un amigo llamar para gastarle una broma porque nunca sonaba y todo el autobús se partió de risa", relata Arlauckas.
"Era muy supersticioso, sobre todo con la sal. Si la sal se caía, se tiraba sal dos veces por encima del hombro"
Exjugador del Barça y la SelecciónAunque para manías, las supersticiones. "Chicho era muy supersticioso. Creía en las cosas sobrenaturales y no se le podían tocar los temas que fuesen sobre superstición", comenta Andrés Jiménez. Y, claro, si en un vestuario con gente joven, uno tiene sus manías o rituales... Allá que iba el resto a chincharle. "Tenía una manía que era la sal. Si se caía la sal mientras alguien estaba comiendo, se tiraba sal dos veces por encima del hombro. Si la sal estaba fuera del salero, este que viene con aceite, vinagre... Ya empezaba él otra vez. Y claro, pues nosotros se lo hacíamos. Lo peor de todo para él era que el salero estuviese caído. ¿Y qué hacíamos? Un toquecito a veces... Y era muy divertido. No se lo solía tomar a mal", reconoce Jiménez.
Y por seguir con la línea culinaria, Sibilio terminó por ser un "sibarita", como explica De la Cruz, pero ¿antes de eso? "Le costó mucho adaptarse a la comida de Barcelona y entonces yo era su probador. ¿Cómo los reyes que tenían alguien que les probaba la comida para ver que no estaba envenenada? Pues yo era ese. Él me decía que la probase y entonces yo lo hacía y le decía: esto no es para ti o sí, pruébalo que te va a gustar. Fue un tiempo largo que me tuvo así, aunque ya luego se adaptó y se hizo muy sibarita. Era de buenos restaurantes y decía que era un tipo que se había subido a la cultura gastronómica de España".
Un «dios», fan de la Fórmula 1 y de su coche
Aquel "tirador letal, con una facilidad a la derecha para el tiro única", como dice De la Cruz era además un amante de la Fórmula 1 y lo de tunear su coche era algo que no podía faltar. "Íbamos a las carreras de Fórmula 1. Una vez, con un coche que se compró, que lo potenció, le cambió el motor... Pero que había que parar cada 20 kilómetros o así a echar gasolina, nos fuimos al Jarama. Después de la carrera, lo llamaron por la noche porque había nacido su hija y entonces se cogió un vuelo y me dejó allí sólo con el coche. Tuve que volverme de Madrid con el cable del acelerador roto, hacer una llave y ponerle una especie de cordón de la zapatilla por fuera del capó para poder acelerar... Me dejaba con cosas de este tipo, pero lo adoraba", explica De la Cruz. Y no era el único.
"Chicho era para mí como un dios, un ídolo"
Exjugador de BaskoniaChicho Sibilio era el ídolo de muchos. Entre ellos, de los jóvenes que jugaban con él, como era el caso de Arlauckas. "Chico era para mí como un dios, como un ídolo. Yo decía que quería ser como él... o mejor. Ese era mi reto personal. Yo mejoré como jugador gracias a gente como Chicho", confiesa. Aunque no era el único que se fijaba en él... Porque basta con recordar la que lio con su sobrino y un coche descapotable en plena Vitoria nevada.
"Un día salgo de entrenar y veo cómo una caravana de coches, un autobús medio parado... Y fui a ver qué pasaba porque no se veía nada. Me pongo al lado y veo el coche de Chicho descapotable, cuando en la calle había dos metros de nieve, y dos negritos dentro. Él con una gorra naranja y el sobrino con una amarilla fosforita, los dos tíos tan tranquilos en el descapotable... ¡Con el frío que hacía, que estábamos a siete grados bajo cero! Pues él tenía esas cosas", cuenta De la Cruz.

La Selección, la arenga de Antonio Díaz-Miguel y su adiós al basket
Aunque para Andrés Jiménez, la mejor anécdota con él la vivió dentro del vestuario de la Selección. Eran mediados de los 80 y Antonio de Miguel estaba al frente del banquillo de España. "Estábamos en el vestuario y Antonio Díaz-Miguel estaba arengándonos un poco para defender más y trabajar más duro. Resulta que antes se usaba una expresión que ahora no es políticamente correcta que era la de 'trabajar como negros'. Pues bueno, estábamos en el vestuario y en esas que entonces Antonio Díaz-Miguel va y dice: '¡Porque hay que trabajar como...!' y se queda mirando a Chicho, que claro, era de piel oscura, y entonces se cortó y suelta: '...¡como chinos!' y aquello más que una arenga fue una explosión de risa de todos", rememora Jiménez.
Lo cierto es que aquellos años de Chicho Sibilio en la Selección tuvieron sus más y sus menos. Y al final, una falta de acuerdo con la Federación hizo que dejase de defender la camiseta de España en 1987, cuando aún era todavía jugador de un Barça donde también dejó huella -o trató de limpiarla, según se mire- en el vestuario. "En Barcelona, en el vestuario, había una pared no muy alta y detrás estaba la ducha. Entonces yo cogí la silla y el jabón. Él tenía el pelo rizado y cuando se estaba aclarando el pelo, yo desde arriba le iba echando más y más jabón y él pues seguía aclarando y seguía aclarando, ya frustrado, sin darse cuenta. Aquel día nos reíamos muchísimo", explica De la Cruz.
"Chicho era de esos jugadores a los que miras y te preguntas: ¿cómo lo hace?"
Exjugador de BaskoniaLo que está claro es que Chicho Sibilio era un jugador único. "De esos a los que miras y te preguntas que cómo lo hace", como admite Arlauckas. De los que no fallaba, por más que alguno rezase por que a veces lo hiciera: "Porque estabas en el campo y el base era Pablo Laso y él sólo te la pasaba si la metías, si no, buscaba a otro. Y claro, si estaba yo en pista a veces pensaba: 'voy a ver si falla y Pablo me la pasa a mí'", confiesa Arlauckas. Pero pocas veces pasaba. Porque lo de Sibilio era "una técnica imperfecta pero letal. Un francotirador impresionante" que, para muchos, entre ellos el propio Arlauckas, puso la firma a la que fue "una de las mejores épocas por lo divertido que era jugando".
Por eso, cuando a los 34 años anunció que se retiraba y dijo que lo hacía porque "ya había dado al baloncesto todo lo que tenía dentro", quienes lo conocían no se sorprendieron. Porque para todos ellos fue un ejemplo de compañero y un jugador excepcional que, a día de hoy, cuando se van a cumplir cinco años de su fallecimiento, sigue siendo recordado por ser de los primeros en batir récords en el baloncesto español.