Joe Llorente: "Yo salgo del Madrid por razones que no voy a explicar ahora"
Subcampeón olímpico, campeón de Europa y miembro de una de las grandes estirpes del deporte español, el exbase desempolva sus recuerdos desde Petrovic, Jordan, Fernando Martín y la ABP.

José Luis Llorente Gento. Dos apellidos ilustres en la genealogía del deporte español y que Joe ayudó a engrandecer todavía más con sus logros en la cancha durante la década de los 80 y principios de los 90. Componente de la generación que elevó el baloncesto gracias a la histórica plata de Los Ángeles 84, Llorente compartió vestuarios con algunos de los nombres que se convirtieron en leyenda del deporte de la canasta como Drazen Petrovic, Fernando Martín o hasta Michael Jordan. De todos ellos guarda buenos recuerdos que ahora comparte con Relevo. Igual que los de su etapa al frente del sindicato de jugadores y que le costó más de un 'disgusto'.
A pesar del ambiente futbolero de su familia, a usted le da por llevar la contraria y dedicarse al baloncesto.
El otro día me decía Juanito Corbalán, uno de mis maestros en el Real Madrid junto a Vicente Ramos y Carmelo. Cabrera, que siempre había sido un poco rebelde. Yo no sé si esa rebeldía florecía ya cuando era niño. Una cosa que yo creo que me atrajo hacia el baloncesto más fue que podías jugar solo. Con un balón y una canasta puedes hacer muchas cosas. En cambio en fútbol necesitas más gente para divertirte. Si tienes la canasta puedes hacer muchísimas cosas y la misma canasta te va retando.
Yo creo que fue lo que me fue atrayendo poco a poco hacia el mundo del baloncesto. Aunque siempre jugamos mucho al fútbol de pequeño. En los veranos. jugábamos muchísimo al fútbol e incluso ya en el Real Madrid de baloncesto, durante el verano lo que hacíamos era jugar al fútbol en la playa. Jugábamos incluso alguna pachanga en El Sardinero con los jugadores del Racing como Quique Setién y alguno más.
¿Recuerda cómo fue su llegada al Real Madrid?
Desde el patio de un colegio. Llegué completamente emocionado. Yo había vivido el Madrid con una intensidad sobresaliente, gracias a mi madre, que me inculcó los principios madridistas. Fue poco a poco. Cuando jugaba en el colegio ya había ido a ver a todos los partidos del Real Madrid, a mis ídolos de los años setenta, con los cuales algunos tuve la fortuna de coincidir con ellos en entrenamientos y luego jugando. Nombres como Wayne Brabender, Carmelo Cabrera, Vicente Ramos, Rafa Rullán, Cristóbal, Luis Mari Prada o Walter Szczerbiak.
Entonces claro, cuando llegué al Madrid de juvenil estaba emocionado. O sea, estaba ahí. Para mí era un logro enorme y una satisfacción solamente poder entrenar en el pabellón de la Ciudad Deportiva, pisar el mismo parquet que pisaban mis ídolos.
¿Quién fue el responsable de su fichaje?
Yo entré en los juveniles, porque ya había muchas referencias por Rafael Peiró, el entrenador que tuve en minibásquet. Esa fue otra de las grandes fortunas de mi vida. Yo llegué a Madrid, al colegio San Agustín y allí estaba un gran entrenador, profesor del INEF y un gran pedagogo como Rafael Peiró, que además era entrenador en las categorías inferiores del Madrid. Entonces ya me tenían muy visto. Además también había estado en alguna preselección para selecciones españolas. Llegué de la mano de Rafael Peiró y de mis antecedentes, y no digo familiares, sino en la cancha. Fue un gran orgullo.
Me llamó la atención que antes el club, aunque tenía muchos empleados era muy familiar y todos me identificaron como el sobrino de Paco. Era un gran relato que iba formando en mi cerebro y que me colocaba en una situación de absoluto privilegio. Y no te quiero contar cuando luego fiché por el primer equipo.
¿Cómo era entonces el trato con Santiago Bernabéu y con Raimundo Saporta, responsable del baloncesto?
Hay muchísimas anécdotas con Raimundo Saporta porque era el hombre del baloncesto. Con Santiago Bernabéu menos, alguna vez lo saludé cuando yo entré en el Real Madrid porque él todavía andaba por los pasillos, pero ya era mayor. Pero con Raimundo Saporta vivimos muchísimo porque él fue también, además de vicepresidente del Real Madrid, vicepresidente de la Federación Española de Baloncesto, vicepresidente de la Federación Internacional de Baloncesto y vicepresidente del Banco Exterior de España. Era un portento.
Tenía una memoria prodigiosa y tenía muchos detalles con nosotros. Cuando ibas a verle te regalaba cosas o cuando ganabas algún título o si te portabas bien. Cuando ibas a su despacho él te preguntaba por tu vida personal, por tu vida escolar o universitaria y siempre tenía algún detalle, ¿no? A veces incluso te regalaba un reloj y luego cuando nos veíamos decía, "¿qué hora es?", y se reía.
Con Saporta hay muchísimos recuerdos porque él controlaba el club y luego él estaba a cargo de los jugadores jóvenes que ingresábamos en el club. Hay que tener en cuenta que algunos vivíamos en Madrid, pocos, pero la mayoría venían de fuera, en una época en la que no había teléfono móvil, en la que incluso muchas familias no tenían teléfono en casa y la comunicación con los chicos no era tan directa. Vivían en pensiones, así que de una u otra forma el Real Madrid se tenía que hacer cargo de su educación y Raimundo Saporta velaba por todo ello.
Un gran directivo del Real Madrid, del que no revelaré su nombre, me dijo, dice, a Saporta se le concede menos importancia a la que tuvo por no disminuir la figura de Santiago Bernabéu. Yo creo que es al revés. Una de las grandes virtudes de Santiago Bernabéu fue el acierto en sus fichajes, la capacidad que tenía para detectar el talento. Y es curioso que en el año 53 llegan al Real Madrid Raimundo Saporta, Alfredo Di Stefano y Paco Gento. Y ahí empieza la gran historia del club.
Me ha contado cómo llega a las categorías inferiores del Madrid, pero, ¿cómo fue el salto al primer equipo, cómo empieza la historia de 'Joe' Llorente?
Antonio Díaz Miguel es el que lo pone en circulación, pero en realidad es Walter Szczerbiak, el gran jugador americano con el que sigo manteniendo contacto cuando viene a Madrid. Era muy extrovertido. Cuando llegó llamó la atención porque, claro, él venía de Estados Unidos y ahí ya se chocaban y tal y, además le gustaba acortar los nombres. A Rafa Rullán le decía Raff, que era como más rápido, y a mí Joe y me quedé con eso en determinados ámbitos. Luego Antonio Díaz Miguel fue el que empezó a llamarme así en público. Así que poco a poco se fue quedando el apodo, el nombre folclórico.
Llegué al Real Madrid, pero es que llegué antes a la Selección. Curiosamente justo al final de la temporada anterior. Yo jugaba en el Tempus, que surgió como un filial que se llamó Castilla-Vallehermoso, y subimos a Primera Nacional y entonces Saporta encontró un patrocinador que se llamaba Tempus. Empezamos a jugar en Primera y lo hicimos bastante bien. Éramos la base del equipo olímpico de Los Ángeles. Entonces nos cruzamos con el Real Madrid en semifinales de Copa y les eliminamos. Yo creo que eso fue casi imperativo para que el Real Madrid nos fichase a Fernando Romay y a mí y nos incorporase en el año 79 a la disciplina del primer equipo, después de haber hecho ese verano la campaña de la selección española, el pre-europeo y luego el europeo de Turín.
"Fue casi imperativo que a Romay y a mí nos fichasen para el primer equipo del Madrid tras eliminarles de Copa con el Tempus"
Antes usted ya había tenido experiencia con las categorías inferiores de la Selección, en un torneo en el que se cruzó con un tal Magic Johnson, ¿puede ser?
Me estás radiografiando [Risas]. Jugamos un torneo en Mannheim, en la ciudad alemana, que tiene una base americana. Entonces que no había campeonato del mundo junior y se consideraba el campeonato del mundo oficioso.Era un torneo muy divertido. Nosotros vivíamos en la base americana, con lo cual durante diez días éramos una especie de soldados o marines americano. Comíamos en el comedor con ellos, vivíamos en los barracones, dormíamos en los barracones. Nos llamaba mucho la atención lavadoras porque para lavar la ropa con monedas. Y luego comíamos en el comedor, con el resto de los soldado, el menú americano. Había huevos fritos para desayunar y esas cosas que entonces en España era un poco raro.
Y luego, efectivamente, nos cruzamos con un gran equipo de Estados Unidos, en el cual la figura destacada era Magic Johnson. Pero también había otros grandes jugadores de menos nombres como Darnell Valentine, que jugó diez años de base, era magnífico. Nosotros jugamos una gran final contra ellos, estuvimos 30 minutos muy igualado con Epi, Juanma Iturriaga, Fernando Romay, y un servidor por jugando un gran partido para mantener el pulso, a Magic Johnson y a sus compañeros.
¿Cómo era ese Magic?
Pues destacaba por su forma de jugar, pero incluso en el equipo nos llamaba más la atención algún otro como el citado Valentine, que hubiera estado en el equipo olímpico de Moscú junto a Isaiah Thomas.
Y Magic, pues sí, nos llamaba mucho la atención, porque era un tío muy alto, que botaba mucho el balón y tal. Pero bueno, el equipo en conjunto nos pareció fantástico. Cuando jugaban el pabellón se llenaba de soldados americanos, y todos jaleaban al equipo y especialmente a Magic.
A usted siempre se le dieron bien los grandes torneos con la Selección, como demostró en los Juegos de Los Ángeles en esa semifinal ante Yugoslavia.
Y en cuartos contra Australia. Juan Corbalán tuvo un problema de tobillo en la preparación y yo creo que no llegó -Perdóname, Juanito- muy fino a los Juegos. Juan hizo muy buenos partidos también en Los Ángeles, pero se nos atragantó un poco el partido contra Australia en cuartos.
Yo creo que a nosotros quizás nos pesaba un poco la responsabilidad y una temporada larguísima, que habíamos empezado hacía más de un año, porque empalmamos el final de temporada con el preolímpico, y casi sin descanso, con la preparación para los Juegos, una gira por México, luego ya nos fuimos a Estados Unidos. Se nos estaba haciendo todo ya un poco bola, porque ya estábamos algunos reventados. Fernando Martín, por ejemplo, tenía problemas en la espalda. Y en ese estado de cosas, los que estábamos un poco más ligeritos -porque ese año yo no había jugado Copa de Europa- estábamos quizás un poco más frescos.
El final del partido contra Australia y luego el partido contra Yugoslavia, tuvimos la suerte de encarrilar el partido entre algunos que éramos un poquito meno protagonistas habitualmente. Josep María Margall, que jugó unos juegos extraordinarios, Andrés Jiménez, y Fernando Romay. Especialmente en el partido con Yugoslavia. Eso sí, sin menospreciar la labor que hicieron Epi, que jugó muy bien un partido, Fernando Martín cuando jugó, Juan Corbalán, que salió también en los cinco últimos minutos... Yo creo que la grandeza de aquel equipo era que teníamos un bloque muy compacto, teníamos 12 jugadores muy parejos, de enorme nivel, y que además nos compenetrábamos muy bien y que nos encantaba jugar juntos.
"Contra Yugoslavia, tuvimos la suerte de encarrilar el partido entre algunos que éramos un poquito meno protagonistas habitualmente"
Y en la final Estados Unidos de un tal Michael Jordan
No era lo que luego fue, pero vamos, le faltaban dos telediarios, porque a los dos meses estaba metiendo 40 puntos en la NBA. A diferencia de ahora, que los rookies tienen dos o tres años de maduración, hasta que se instalan entre las estrellas, antes los rookies llegaban y eran ya estrellas de la liga. Magic Johnson fue MVP de las finales y curiosamente, el novato del año no fue Johnson, fue Larry Bird. Imagina el nivel al que jugaban ambos. Y Jordan fue igual. Terminó los Juegos, entró en la NBA y empezó a meter veintitantos, treinta, treinta y no sé cuántos. Fue inmediato el impacto que tuvo.
Nosotros les vimos jugar un amistoso contra un combinado de jugadores de la NBA, del cual recuerdo a Vinnie Johnson, 'El microondas'. Nosotros no sabíamos quién era y luego estaba Jordan que jugó extraordinariamente. Ya se le veía que era un grandísimo jugador. Yo no he visto a nadie con esa capacidad de desplazamiento. Jordan era así.

¿Llegó a hablar con él en la cancha o en la villa?
Estaban en la villa, pero bueno, iban así como siempre, como en un grupito. Tampoco invitaban mucho a que te acercaras. Pero a Jordan sí que le saludé, e incluso tengo una foto ahí chocando con él cuando vino al partido inaugural de la ACB. La liga hizo una pachanguilla con jugadores destacados y Jordan jugó un tiempo con cada uno de nosotros. Así que yo puedo decir también que he jugado en el equipo de Jordan.
¿Y cómo fue esa experiencia?
Muy divertida. Muy relajado todo. En principio él se iba a cambiar con nosotros, y yo aposté y dije que no se iba a cambiar. Entonces él llegó, entró en el vestuario 20 minutos antes, igual media hora, y nos saludó a todos. Nuestro entrenador, Chus Codina, dio tres directrices muy ligeras para mantener cierto orden en lo que iba a pasar después. Él atendió educadísimamente. Luego salimos a jugar. Era un partido de guante blanco, le pasábamos todo el rato a él para que se luciera. Le costó un poquito entrar en ritmo.
Otra figura, igual no de tan guante blanco, con la que compartió vestuario fue Drazen Petrovic.
Como compañero, sí, ¿eh? Como rival yo tuve bastante suerte, porque en la época en la que fue 'l'enfant terrible' del Real Madrid yo no estaba en el equipo. Jugamos contra él en los Juegos Olímpicos, que les ganábamos en Los Ángeles y uego jugábamos la final de la Copa Korac, que también les ganamos. Aquel año jugábamos la final contra la Cibona de Zagreb y yo creo que como ya había fichado por el Real Madrid estuvo bastante comedido en lo gestual. No nos agredió ni nada [Risas]. Eso sí, nos metió cuarenta y no sé cuántos ahí en su casa, pero a pesar de eso, le ganamos.
Luego el compañero, pues fue un buen compañero. Era un poco reservado, pero era muy simpático en el vestuario, se reía mucho de las bromas de Romay, que le hacía mucha gracia. Yo le recuerdo con mucho cariño, me apenó mucho cuando me enteré de su accidente y de su desgraciada muerte.
¿Qué hay de cierto en la leyenda sobre su relación con Fernando Martín?
Ellos tenían una relación buena también. Lo que pasa es que Drazen tenía un estilo de juego que encajaba difícilmente en el estilo de juego del Real Madrid. Madrid siempre ha sido la colectividad, siempre. Históricamente. Incluso en los momentos de grandes triunfos. Y Drazen era un jugador individual. Él en la Cibona cogía el balón y jugaba él casi siempre para sí mismo.Y claro, ahí había una dificultad de engranaje que no era fácil de solucionar. Lolo Sainz lo intentaba. Yo creo que cuando mejor funcionaba era cuando jugaba yo de base. No por nada, sino por la lógica de que yo tenía más tiempo el balón y entonces Drazen lo tenía menos y yo era capaz de distribuir más veces el juego.
Luego Fernando era el cimiento del equipo entonces. Era la columna vertebral del equipo, el jugador por el que pasaban muchos balones en los momentos decisivos y tenía mucho protagonismo, ¿no? Entonces, compaginar eso con el juego de Drazen era complicado. A veces salía y a veces no. Yo creo que cuando se vivió más polémica con la final de la Recopa en la cual en el descanso Lolo le dijo a Drazen: "No, no, tú tira, tira y tira".
Ya te digo, yo creo que ellos personalmente no tenían mala relación. Lo que pasa es que Drazen era un tipo bastante reservado en su vida privada. Costaba mucho. Nosotros teníamos una dinámica de salir a cenar juntos todas las semanas. Y a él costaba arrastrarle a esa dinámica porque él prefería irse a casa y estar ahí. Pero era majete.
"Drazen era un tipo bastante reservado en su vida privada. Costaba mucho. Nosotros teníamos una dinámica de salir a cenar juntos todas las semanas. Y a él costaba arrastrarle, pero era majete"
¿Y Fernando, cómo era esa personalidad que rompió la barrera de la NBA?
Desde hacía años la NBA tenía el ojo puesto en él. Aunque entonces era muy raro porque no se drafteaban apenas jugadores europeos. La mayoría eran del Este de Europa y los drafteaban yo creo que un poco más por folclore que por otra cosa, ¿no? Porque entonces no podían ir. Empezaron a ir a partir de los Juegos de Seúl. Pero hasta entonces eran mundos absolutamente separados.
O sea, a la NBA no le interesaba nada lo que pasaba afuera y a nosotros nos interesaba poco lo que había en la NBA. Vamos, nos daba igual, nos traía al pairo. Algunos teníamos ofertas para ir a universidades americanas. Indio Díaz tuvo una, yo tuve otra, pero nosotros lo que queríamos era jugar en el Real Madrid. La NBA era como otra cosa, un poco diferente. Jugaban otro tipo de deporte.
Pero Fernando llamó la atención porque era un tipo muy fuerte, muy apropiado para lo que se jugaba allí. Le llevaban siguiendo tiempo hasta que le hicieron una oferta. Fernando era muy ambicioso deportivamente y le gustaba explorar nuevos caminos. Era una persona inquieta, era una persona que siempre buscaba ir más allá y pues aspiraba a jugar allí. Por eso se fue.
"A la NBA no le interesaba nada lo que pasaba afuera y a nosotros nos interesaba poco lo que había en la NBA. Vamos, nos daba igual, nos traía al pairo"
¿Qué os contó al volver?
Él se vino porque coincidió con un entrenador muy 'segurolas' que no le dio mucha bolilla. Él se dio cuenta también de que la vida en Portland también era una vida dura.La vida americana para un español es una vida complicada. Yo creo que Fernando volvió por eso. Porque al final o eres una estrella y ganas muchísimo dinero o de alguna forma entras en la rueda y te acoplas, o si no es una vida de corte áspero. En ese sentido Fernando tenía muy claro que el baloncesto no era lo más importante en su vida tampoco.
¿Cómo recuerdas el día en el que Fernando sufrió el accidente que le costó la vida?
Es una cicatriz que te queda en el espíritu. Sufrimos todos mucho, porque Fernando era muy querido, era un gran compañero, era un gran jugador, era muy querido. Pero es que además teníamos a Antonio en el equipo.
¿Cómo se enteran en el vestuario?
Nos fuimos enterando poco a poco. No sabíamos quién era al principio porque decían las noticias que había habido un jugador del Madrid, que había tenido un accidente y tal. Fue terrible y, sobre todo, los días siguientes. Esto fue el domingo y el martes jugamos un partido de competición europea en el Palacio. Fue un partido muy emotivo. De hecho, George Karl lo recuerda como uno de los grandes sucesos de su vida. El año pasado, cuando entró en el Salón de la Fama de Springfield que le acompañamos Quique Villalobos y yo, él lo remarcó.
Fue durísimo y tuvo un efecto colateral que ojalá no hubiera tenido que producirse, porque nos unió muchísimo a todos. Si antes comentaba que la dinámica del equipo era reunirnos una o dos veces por semana para cenar, pues yo creo que aquel año, aquella temporada, casi todos los días íbamos a cenar juntos.
Esa fue una de las causas por las que en su segunda etapa en el Madrid no levantase la Copa de Europa.
Yo la gané en 1980, pero sí, entonces la Copa de Europa la jugaba el campeón y nosotros tuvimos una serie de años desgraciados en lo personal, muy emocionales. Ttrágicos en algún aspecto, y que, para el equipo fueron destructivos.
Para empezar, tuvimos lesiones. Fernando Romay se rompió una rodilla en unos playoffs, con lo cual no jugó las series finales. Fernando era fundamental en el equipo. De hecho se hablaba mucho de los duelos de Fernando Martín y Audie Norris, porque eran más espectaculares, pero Romay y Norris también, cuidado. Nosotros notamos mucho los dos primeros años las lesiones de Fernando Romay, el hecho de que Fernando Martín también hubo un año que jugó solo un par de partidos, el año de Petrovic el primer partido de la final no jugó, que perdimos, porque estaba de mal de la espalda, Johnny Rogers se lesionó… Esto suena como un catálogo de excusas, pero bueno, en resumidas cuentas el Barça tenía un gran equipo y nosotros siempre llegábamos a final de temporada con el equipo diezmado por una cosa u otra. Luego llegó el trágico accidente de Fernando Martín y eso nos quebró completamente.
Durante aquellos años no tuvimos acceso a la Copa de Europa y tuvimos en cambio mucho éxito en la Recopa y en la Copa Korac, que eran ya digo competiciones de un gran nivel. De hecho un año ganamos y fuimos a la Copa de Europa eliminando a los que luego fueron campeones de las ligas sucesivas.
Hablando del Barça, ¿que hay de la leyenda del 'karate press'?
[Risas] El karate press de Aito viene de antes, viene de cuando estaba en el Cotonificio. Yo tengo que decir que tengo una gran admiración por Aito García Reveses. Me parece un entrenador fantástico que ha dado muchísimo al baloncesto español. Sobre todo en la forja de talentos.
Es cierto que apretaba mucho, pero bueno, él lo decía y lo explicaba. Decía que si yo tengo un equipo que presiona mucho y hacen 100 faltas, pues al final los árbitros me van a pitar 30, no me van a pitar más. Si haces 50, pues te van a pitar 30 igual.
Era una forma de verlo y una forma de adelantarse a su tiempo. Yo creo que fue cuando se empezaron a hacer duros, hubo una gran diferencia entre los primeros 80 y los últimos 80, aquí en España en baloncesto. Y creo que ahí, en este cambio, Aito García Reveses tiene mucho que ver, para bien.
¿Y a vosotros como rivales no os desquiciaba?
No, hombre, no, qué va, no. O sea, te tienes que acoplar a lo que hay, ¿no? Y luego pues tú ajustas tu juego y cuando te das cuenta que este es el juego que hay que jugar, pues tú lo juegas también. Ellos decían que nosotros en el Madrid también dábamos mucho y que los árbitros no pitaban.
Antes mencionabas otro nombre que te ha acompañado como es Quique Villalobos, que está contigo en tu etapa en Andorra.
Yo había hecho una gran temporada en el Madrid. O sea, yo salgo del Madrid, por razones que no voy a explicar ahora.
¿Por?
Por qué no. Yo hago una gran temporada. De hecho, soy el mejor sexto hombre por la revista Gigantes. Y al año siguiente todavía mejor. Yo estaba en plena forma. Era relativamente joven todavía y mantenía unas condiciones físicas muy buenas, no hay más que ver las fotos. Luego en Andorra tuvimos unas grandes temporadas con Quique Villalobos que tuve la fortuna de tenerlo conmigo en Andorra esos años y también vino Toñín, mi hermano, y juntamos allí un gran equipo y lo hicimos muy bien durante unas cuantas temporadas.
"Yo salgo del Madrid, por razones que no voy a explicar ahora"
¿Cómo fue ese cambio entre Madrid y Andorra?
Lo recuerdo pues fenomenal. Yo tenía dudas de si retirarme o no, pero todo el mundo me decía, "pero cómo te vas a retirar si estás fenomenal". Entonces tuve la oferta de Andorra y no estaba muy seguro. Entonces sí que parecía como un mundo más lejano un país que estaba un poco distante de Madrid, pero me animaron mucho Epi, Andrés Jiménez y los jugadores catalanes que lo conocían muy bien. "Ya verás que te lo vas a pasar muy bien allí", me decían. Y me recibieron con los brazos abiertos. Sigo yendo dos o tres veces al año porque fuimos muy felices allí. Fue una gran época de mi vida.
Yo siempre digo que tenía mucha suerte porque he estado en el Real Madrid que es el gran club pero luego he estado en otros equipos que son un poco más pequeños Caja Madrid, Zaragoza, Andorra o Fuenlabrada, que vives otra perspectiva del baloncesto. Vives el deporte desde otro punto de vista. En otros clubes eres una pieza tan importante que casi todo giraba alrededor de lo que dos o tres compañeros y tú hacíais . Eso te da una especial responsabilidad, pero también te da una carga emocional muy grande que si eres capaz de sobrellevarla, transmitirla y compartirla te hace ser muy dichoso. Y es lo que fui en Andorra.
Luego estuve unos meses en Fuenlabrada. Tenía ciertos problemas bioquímicos que no detecté y me dieron dos o tres problemas musculares que luego ya solventé porque era una cuestión de déficit de producción de una proteína que no era fácil de detectar. En Fuenlabrada me dieron la oportunidad de volver a jugar y también hice buenos partidos, pero también tuvimos problemas también de diferente calado. Cuando el equipo iba bien siempre había alguna lesión que nos descuadraba un poco e igual se cambió a algún entrenador de forma un poco precipitada. Pero estoy muy agradecido a que Fuenlabrada me dieron la oportunidad… y mi hijo Sergio también jugó allí.
Sí, porque la saga Llorente en el mundo del baloncesto no termina con usted y con Toñín.
Las hijas de Toñín han jugado muy bien al baloncesto. Han jugado en en equipos de la comunidad y en la selección de Madrid. La pequeña ha estado en Estados Unidos María ha estado en Estados Unidos jugando en dos universidades y cumpliendo allí fenomenal. Y Carolina ha jugado muy bien, pero tuvo mala suerte, se rompió la rodilla con 16 años, pero jugaba fenomenal. La marca de la casa se nota.
Luego mis hijos han jugado los dos en ACB. El pequeño Juan lo dejó y bueno, desde mi punto de vista prematuramente. Tenía un contrato con Estudiantes para haber seguido jugando, pero bueno, prefirió seguir jugando en Liga EBA y dedicarse a estudiar y a llevar otra carrera profesional. Y Sergio ha jugado muchos años en LEB Oro. Ahora está en Orense y ha pasado por la pujante Liga Belga. No hay que olvidar que Bélgica nos ganó en el Europeo que ganamos, en la fase de grupos fue el equipo que nos ganó. Es una Liga muy física con mucho jugador muy dotado físicamente y Sergio estuvo allí dos años jugando en Bruselas.
Me siento muy orgulloso de que de que haya seguido la estela familiar de cuidarse y de tomarse el deporte como una actividad casi monacal. Es como un sacerdocio, tienes que dedicarte en cuerpo y alma, cuidar la alimentación, el descanso, el entrenamiento. Me lo dicen allí, es un Llorente por cómo entrena y tal y me siento muy orgulloso.
Has vivido el deporte desde pequeño como aficionado viendo a tu tío, luego como jugador profesional en el Real Madrid, la Selección y otros equipos. Y luego lo viviste desde otra perspectiva, que es la de defender los derechos de tus compañeros ¿cómo fue ese paso como presidente del sindicato y en qué se puede seguir mejorando?
El paso fue fácil porque yo ya me involucré en el sindicato desde sus inicios. Habíamos tenido un intento de crear una asociación de jugadores en el año 82, pero fracasó. Finalmente en el año 86 lo hicimos de forma definitiva porque entendíamos que el baloncesto ya era profesional y que necesitábamos de una asociación que nos defendiera. Yo estuve muy involucrado desde el principio por mi formación jurídica y entré de presidente en el año 88- 89, cuando la figura era una figura que alternaba la condición de jugador y la de dirigente del sindicato.
Me gustaba, era un terreno que me gustaba. Había mucha ley, mucha norma mucha defensa de derechos y eso era lo que yo había estudiado. Entonces me gustaba. Además fui aprendiendo el difícil arte de la negociación y del juego del mus, porque tienes que poner cara de mus o cara de póker y tienes que hacer tus envites y tus órdagos. Luego cuando me retiré empecé a trabajar profesionalmente y me dediqué muchos años a ello y creo que conseguimos muchísimas cosas. El avance fue extraordinario. Desde suprimir el derecho a retención hasta obtener un fondo de garantía salarial, vacaciones fijadas, etc.
Yo creo que ahora falta un poquito de un poco más de promoción del jugador nacional. Creo que se pierde muchísimo talento nacional porque arriba está muy topado. Entonces tú cuando topas arriba se produce un efecto en cadena que baja hacia todas las categorías y eso dificulta mucho el crecimiento de jugadores españoles que también, por raza y condición, solemos ser de desarrollo un poco tardío. Luego hay otro asunto que yo creo al que habría que poner coto, pero que es habitual en todos los deportes. Hoy en día hay un exceso de partidos que agotan a los jugadores, que les ponen en riesgo de lesión y que agotan a los espectadores. Esto es un sinvivir, no te da la vida con tantos partidos de fútbol, de baloncesto, de competiciones de todo tipo que se empiezan a cruzar. Ahí hay otro margen de mejora. Primero para que la calidad de los encuentros de lo que ve el aficionado sea mejor y para que la vida del deportista sea más larga, más tranquila y con menos riesgo.
Ese carácter reivindicativo, ¿le ha jugado en algún momento de tu vida profesional alguna mala pasada?
Sí, de una u otra forma. Y esto me lo han dicho buenos amigos, que los clubs desde algunas instancias no se ve bien. Hay clubs que no lo ven bien, que prefieren el jugador sumiso. Incluso la propia organización.
No es el caso de ahora, pero en el pasado también ponía cierto tipo de cruces a según qué jugadores. Pero bueno, alguien tenía que hacerlo. No solamente yo, fueron otros muchos los jugadores sindicados y es un orgullo casi tan grande como los títulos. Yo creo que todos los que lo hicimos que fuimos muchos, estamos muy orgullosos de aquello.
* En la segunda parte de la entrevista con José Luis Llorente recordamos la figura de Paco Gento a través del libro que su sobrino acaba de escribir.