BALONCESTO

Ni Madrid, ni Barça: 30 años de la Euroliga del Joventut, "el único club de baloncesto que la ha ganado en España"

El 21 de abril de 1994 el conjunto de Badalona se convertía en el primer equipo español en levantar la Euroliga bajo esa denominación.

El Joventut celebró por todo lo alto la conquista de la Euroliga./
El Joventut celebró por todo lo alto la conquista de la Euroliga.
Guillermo García

Guillermo García

Fueron los 14 segundos más largos del mundo. De hecho, duraron mucho más. Ese fue el tiempo que pasó entre que Corny Thompson anotase un triple, a la postre definitivo, y el reloj de la Mano de Elías -pabellón del Maccabi en Tel Aviv donde se disputó la Final Four- llegase a cero. Un tiempo infinito que terminó con la explosión de júbilo del banquillo verdinegro, que por fin podía proclamar que eran reyes de Europa. De hecho, fueron los primeros monarcas con apellido español en la recién creada Liga Europea.

Lo habían rozado dos años antes en Estambul, pero en aquella ocasión un triple de Djordjevic en el último segundo cercenó las esperanzas de la Penya. "Es el episodio deportivo más traumático que hemos vivido. Sin lugar a dudas. Porque fue un gran año de juego, un gran año de desbancar a los grandes de Europa como el Barça y Madrid. Y llegar a una final contra un equipo como Partizan, tener el partido prácticamente ganado después de una canasta mía y recibir un mazazo como el que nos infligió Sasha... Pero esto es deporte", reconocía Tomás Jofresa en una entrevista con Relevo el pasado mes de marzo.

El baloncesto tenía una deuda con la Penya. Por lo que había sido el conjunto del Bressol durante toda su historia, por su idiosincrasia y por su forma de ser. Y aunque el deporte no suele dar segundas oportunidades, en el caso del Joventut se la encontró casi sin esperarlo. Porque el equipo catalán se metió en la Final Four de Tel Aviv contra todo pronóstico. La llegada de Zeljko Obradovic, el técnico que les había 'quitado' la Euroliga con el Partizan, no se había traducido en los resultados esperados antes de los cuartos de final de la competición.

"Fue una temporada con muchos altibajos", recuerda Mike Smith en conversación con Relevo. El estadounidense con pasaporte español apunta a las dificultades que vivieron los verdinegros durante un curso en el que los resultados no acompañaron como se esperaba y en el que "Obradovic estuvo a punto de dejar el equipo. Estuvo a punto de dimitir. Los jugadores tampoco estábamos cómodos. No estábamos felices".

Smith recuerda que todo cambió en el playoff de cuartos de final contra el Real Madrid. Una eliminatoria en la que los verdinegros no eran favoritos, pero en la que sacaron lo mejor de sí. "Cuando empezó el cruce despertamos y empezamos a jugar como un equipo", recuerda el neoyorquino. El equipo hizo 'clic' y comenzó a cambiar la cara y a afilar la sonrisa. La Penya tumbó a los blancos y compró el billete a Israel y aunque seguían sin ser favoritos, el colmillo empezaba a asomar en la dentadura del equipo de Badalona.

La celebración en el vestuario.
La celebración en el vestuario.

El Joventut, con una zona 2-3 y los triples de los hermanos Jofresa y de Jordi Villacampa, tumbaba al Barcelona en la primera semifinal. Otra vez contra un gigante, otra vez contra pronóstico. Y ya una vez clasificados para la final, tocaba soñar. "Recuerdo muy bien las horas previas porque cuando terminó la semifinal contra el Barça solicitamos a la FIBA el partido de la otra semifinal, que jugaban Panathinaikos y Olimpiakos, y nos dijeron que no lo podían tener hasta la mañana siguiente". Quien habla en esta ocasión es Josep María Izquierdo, ayudante de Obradovic que aún hoy le acompaña en el Partizan. "Con lo cual decidimos ir a tomar algo con amigos a un bar de la ciudad. En ese bar había una televisión y estaban emitiendo el partido. Hablé con el propietario del bar y le pregunté si tenía video. Así que ni corto ni perezoso me fui corriendo a la habitación, cogí una cinta VHS de las que teníamos para analizar a los rivales y se la llevé. Entonces pudimos grabar el partido".

Con esa grabación casi 'clandestina' el Joventut empezó a ganar la final. Sin embargo, todavía quedaba mucho trabajo por hacer. Especialmente en las horas previas y en el terreno más mental que deportivo. Por eso Obradovic sorprendió a jugadores y cuerpo técnico con una actividad diferente con la que oxigenar el cerebro de sus jugadores.

"La voluntad de Zeljko y de todo el cuerpo técnico era limpiar nuestra cabeza. Querían que no estuviéramos excesivamente concentrados en el partido, que nos quitásemos la presión", recuerda Juanan Morales, hoy presidente del Joventut y que fue decisivo en la final ante el que luego sería su equipo. "Fuimos al zoo y ahí estuvimos en un espectáculo de aves. Luego estuvimos navegando por un lago allí en Tel Aviv". "Había papagayos, loros, de todo", rememora Izquierdo. Todo para que, cuando horas más tarde tuvieran que batallar contra el equipo griego, su mente estuviera plenamente centrada en el partido.

El choque fue un monólogo heleno, pero nunca consiguieron despegarse. El Joventut se resistía a morir y entraron en el último minuto y medio con opciones. De hecho un triple de Jordi Villacampa ("Fue tanto o más importante que el de Corny", apunta Tomás Jofresa) ponía por delante al Joventut. Pero fue el triple de Corny Thompson el que puso al banquillo de pie y el que hizo soñar a Badalona.

"Recogí el balón tras una jugada muy liosa y boté por la línea de fondo. Toda la defensa estaba encima de mí. Le pasé el balón a Rafa Jofresa y él se la dio a Corny, que no se lo pensó… y eso que ese no era su tiro", recuerda entre risas Mike Smith.

Quedaba lo más difícil. Remar contra viento y marea. Defender y luchar contra los árbitros y, sobre todo, contra los cronometradores, a los que se les olvidó parar el tiempo dando tiempo a dos tiros de los griegos (Tomic y Paspalj) en la última jugada. "Cuando vi que el tiempo no avanzaba, que estaba detenido, pensé que quizás no interesaba que ganáramos nosotros y que tenía que ganar Olympiakos por todos los medios", apunta el segundo de Obradovic.

"Ese ataque de Olimpiakos fue eterno. Fueron un poco segundos de desesperación, porque ahí sí que te viene a la mente una derrota muy traumática como fue la de Estambul y piensas que puede pasar lo peor. Por fortuna, esos dos tiros, el de Tomic a la desesperada y el de Paspalj al final, pues no entraron y pasó lo que pasó". Tomás Jofresa se emociona al recordar ese momento.

Un instante que tiñó de verdinegro toda Europa. Un segundo de emoción descontrolada y de euforia sin medida en el que se sucedieron las risas y los abrazos. "Era la culminación de toda una vida en el club, junto a un grupo, con un grupo, dentro de un grupo, que todos sentíamos lo mismo, teníamos los mismos objetivos, con una misma esencia de vivir el baloncesto y, por tanto, pues con una sensación de autenticidad muy grande", apunta el base, uno de los símbolos de la cantera más prolífica del baloncesto español.

Sin embargo, el momento que todos recuerdan no tuvo lugar en Israel, como recuerda Morales. "A mí se me ha quedado mucho más grabado lo que pasó desde que llegamos al aeropuerto de Barcelona el día siguiente hasta llegar al Olimpic", apunta el hoy directivo verdinegro. "Más que la final en sí, más que lo que hicimos después del partido en Tel Aviv, lo que realmente tengo grabado es lo que pasó al día siguiente. Fuimos por la Gran Vía y había gente con banderas de la Penya en la Gran Vía, en Barcelona. Luego llegamos al Olimpic y vimos la multitud que había. Todavía se me pone la piel de gallina. Joder, ese fue el momento en el que nos dimos cuenta de que habíamos hecho algo grande. Nos decíamos 'la que hemos liado, ¿no?'".

El presidente del Joventut reivindica que aquel triunfo hizo del equipo verdinegro "el único club de baloncesto que ha ganado la Euroliga en España", recordando el respaldo que Madrid y Barça reciben de las secciones de fútbol. Fue el triunfo de una manera diferente de entender el deporte, la victoria del romanticismo y la justicia para, como lo define Obradovic, "un modo de vida".