FINAL LIGA ENDESA | BARCELONA 97 - REAL MADRID 88 (1-0)

Óscar Da Silva se sube a la 'Motomami' para acelerar en el Barça

El ala-pívot no deja de crecer y mostrar una versión cada vez mejor desde que jugó en las semifinales ante Unicaja.

Óscar Da Silva salta para entrar a canasta ante Causseur. /ACB PHOTO/D. GRAU
Óscar Da Silva salta para entrar a canasta ante Causseur. ACB PHOTO/D. GRAU
Noelia Gómez Mira

Noelia Gómez Mira

Barcelona.- Hay una canción de Rosalía, de su disco Motomami, que tiene una parte que dice así: La que sabe, sabe/que si estoy en esto es para romper/y si me rompo con esto pues me romperé/¿y qué?/Sólo hay riesgo si hay algo que perder. Y bien podría ser la letra de la canción que ha venido acompañando a Óscar Da Silva desde que aterrizó en Barcelona el pasado verano. Porque su llegada a la Ciudad Condal se fue convirtiendo en una apuesta arriesgada que no ha sido hasta final de temporada cuando ha tenido su recompensa.

Oscar Da Silva habla tras la victoria del Barcelona en el Palau.Relevo

Quizá por eso cuando ayer acabó el primer partido del playoff en el que Barça se llevó la victoria ante el Real Madrid, que Da Silva apareciera en sala de prensa vistiendo la famosa camiseta del Barça de la versión Motomami no era casualidad. Sino un reflejo, como dice el tema de Sakura de Rosalía, de lo que ha sido su año con la camiseta azulgrana hasta encontrar su mejor versión y su sitio durante este playoff.

El rol de Da Silva dentro del Barça de Sarunas Jasikevicius ha sido secundario. O casi terciario. El ala-pívot alemán era una de las piezas que eran dadas de alta o de baja según iba correspondiendo (o entiendo el técnico que debía ser). Es más, incluso el choque contra el Covirán Granada de la segunda vuelta de la liga regular se lo perdió debido al famoso cupo de altas-bajas que cada equipo tiene durante la temporada (se limita a 22 el número de cambios en una temporada, sin contar lesiones), ya que por entonces Jasikevicius había gastado 20.

Sin embargo, poco a poco Óscar Da Silva fue aportando cada vez más hasta llegar a este playoff. O mejor dicho: hasta las semifinales de este playoff. Porque la realidad es que no fue hasta los dos últimos choques del Barça ante Unicaja cuando este joven ala-pívot de 24 años comenzó a hacerse notar entre los grandes. En el tercer partido de las semifinales disfrutó de 10:15 minutos, en los que anotó dos puntos y cazó tres rebote. Aunque a priori estos números no parecen gran cosa, lo cierto es que le valieron para dejar buena impronta sobre el parqué, imagen que se multiplicó durante el último choque de la serie en el Martín Carpena. Apenas unas horas después de que se conociera que su nombre es uno de los que aparece en la prelista de Alemania para el Mundial de Indonesia, Japón y Filipinas.

Con siete puntos aportó en ataque, aunque también lo hizo más allá de buscando el aro. Cazó dos rebotes y sumó también en defensa, manteniendo así el buen ritmo del Barça cuando entraban las que, como él, son llamadas rotaciones. Y es que daba igual quien estuviera sobre la pista, que fuera el que fuese el Barça seguía ordenado, manteniendo el ritmo y dominando el juego.

Con esto como antesala, llegó su oportunidad en el primer partido de la final. Y no la desaprovechó. "No era fácil [la situación de no ser un habitual], pero creo que es una experiencia que me va a ayudar y también siempre me he preparado. Cuando llegó el momento de estar en el equipo no me sentí mal, me sentí con ritmo porque había practicado bien", reconoció Da Silva tras el partido. Lo cierto es que el alemán había firmado diez puntos, 100% de acierto en tiros de dos y había cazado dos rebotes. Pero otra vez había mostrado ese carácter en pista que tanto suma a este Barça.

"Para mí, este tipo de partidos en el que todos los jugadores pueden jugar un nivel alto como en la final ante el Real Madrid de Baloncesto es una cosa especial. Pero si no estamos preparados para esto, ¿para qué jugamos?", prosiguió el ala-pívot. Una reflexión global que, como la de Rosalía, demuestra que a veces hay que arriesgarse y luchar por lo que uno quiere.