Unicaja, ¡qué bueno que volviste!

El Club Baloncesto Málaga cumple esta temporada 2022/23 su treinta aniversario tras la fusión de aquel Unicaja Ronda y Mayoral Maristas. El del triple de Ansley en el cuarto partido de la final de la 1994-95 que hizo que acabaran semifinalistas; el del campeonato de la Korac del 2001 y un nuevo subcampeonato ACB en 2002; el campeón de Copa 2005, de Liga en 2006, clasificado para la Final Four de la Euroliga en 2007 y capaz de convertirse en el primer equipo español en tumbar a una franquicia NBA, a los Grizzlies de Pau y Marc, en octubre de 2007; el campeón de la Eurocup en 2017.
Pero después, el barco fue a la deriva. Una travesía en el desierto que ha hecho que tuvieran muchos altibajos, perderse presencias en citas coperas o no clasificarse para la postemporada, los playoffs. Y sobre todo, generar desencanto entre la afición.
El cambio de capitán se produjo el 10 de febrero de 2022 con la llegada de Ibon Navarro para hacerse cargo de un equipo a la deriva, con siete triunfos en 18 partidos y a la misma distancia del playoff que del descenso. El equipo se agarraba a la Basketball Champions League como un clavo ardiendo, pero tras la eliminación en cuartos de final a manos del Baxi Manresa le hizo quedarse en tierra de nadie y encajar seis derrotas consecutivas pidiendo la hora al término de la temporada en Liga Endesa. Fue ahí cuando llegó un necesario borrón y cuenta nueva.

A veces los clubes se obcecan en mantener bloques, con cromos repetidos que no acaban de funcionar, intentando poner tiritas que no solucionan la herida. Por ello, el Unicaja optó por mantener sólo a tres jugadores nacionales de la plantilla como los campeones de Europa Alberto Díaz y Darío Brizuela además de Jonathan Barreiro y reconstruir. Con alguna decisión algo traumática o impopular y el coste que ello conlleva. Cada vez tengo más claro, y sobre todo en la situación en la que nos ofrece el mercado en nuestros días, que es clave hacer bien los deberes en verano para recoger los frutos en invierno.
Una apuesta de Champions
Por otro lado, hay veces que hay que dar un paso atrás para dar dos adelante. Sobre todo porque los tiempos no son los mismos, las situaciones cambian, el músculo financiero es distinto… Y eso es lo que hicieron con la inscripción ya el pasado curso en la Basketball Champions League. Una competición, que tras la salida de los mejores equipos de la pasada edición de la Eurocup rumbo a la Euroliga, le ha comido terreno a la segunda competición continental, que cuenta con suculentos premios económicos y, sobre todo, tiene una gran ventaja: un calendario no tan exigente, no tan apretado, que te da respiros a nivel de viajes y a nivel competitivo.
Ese paso atrás para dar dos pasos adelante también lo hicieron en la confección de la plantilla. Me explico: han fichado a jugadores con hambre de triunfar y que quemaron etapas muy rápido en el Viejo Continente. Kendrick Perry pasó de brillar en el Cedevita Olimpija de la Eurocup a tener poco protagonismo en el Panathinaikos el pasado curso; A Dylan Osetkwoski le pasó lo mismo después de ser cuarto máximo anotador de la Eurocup con el Ratiopharm Ulm teniendo un papel discreto con el ASVEL; o el propio Tyson Carter, un combo de apenas 24 años que dio el salto muy rápido desde el Lavrio griego al Zenit de Xavi Pascual y que ahora está cedido en Málaga.
Junto a ellos, vueltas a la casa de tres viejos conocidos como Will Thomas, Melvin Ejim o Augusto Lima. Y gregarios de lujo como un Tyler Kalinoski, que ya ha demostrado que no es sólo un tirador, que siempre está en momentos claves, sino que defiende y es capaz de echar el balón al suelo para generar, y Nihad Djedovic, que tras cerrar etapa de diez temporadas en Alemania, se ha convertido en un cupo de lujo en su vuelta a nuestro país.
Y lo más importante: una plantilla que viene como anillo al dedo a su entrenador, con un estilo reconocible, identificable, con una buena capacidad física y que busca construir desde la defensa.
Cómo dice el himno del club: 'Siempre te llevo conmigo/siempre seré tu bandera/no juegas sólo si yo estoy aquí/porque vuela el Carpena/y Málaga sueña/Unicaja yo vivo por ti'.
El Carpena ha vuelto a volar gracias al Unicaja. A volar literalmente. Sólo superado por el Lenovo Tenerife, es la segunda mejor defensa de la competición con 86,5 puntos encajados por cada 100 posesiones, casi diez por debajo del promedio de 96,5, rivalizando con Gran Canaria en ser el segundo equipo que menos puntos encaja.
Además de ser el equipo que menos tiros deja sin contestar, lo que habla bien del esfuerzo y las rotaciones defensivas (una vez superan la primera barrera defensiva de Alberto Díaz-Perry, como pone el cuerpo Kalinoski para impedir los avances de sus pares o Carter en líneas de pase), y el que más 'destruye' el juego del rival con sólo 15,1 asistencias de sus rivales.
La velocidad es la clave
Y a partir de ahí, a correr. La intensidad defensiva fuerza muchos errores al rival, lo que les hace ser el equipo que más balones recupera con 12,70 que se convierten en 12 puntos en contraataque por partido siendo el mejor equipo de la ACB. Una barbaridad. Encuentran ventajas llegando y por eso son el tercer equipo que más canastas de dos mete con 21,40 y segundo en porcentaje con 57,84 %.
Ese juego alegre en ataque, desinhibido, y el esfuerzo detrás, donde no se da un balón por perdido, ha despertado al Carpena del letargo (con la siempre presente palmera de la curva chufla y la charanga de Los Mihitas) y le ha vuelto a situar en un ambiente parecido al de la mejor época, al de la Copa del Rey de 2020, la de antes de la pandemia, en la que participó como anfitrión y llegó a colarse en la final. 10.602 personas presenciaron el partido frente al Real Madrid o 9.107 el derbi ante el Covirán Granada con presencia de afición nazarí. Más de 8.200 personas en los cincos partidos disputados en la competición doméstica.
Hasta ha habido tiempo para ver los primeros puntos del Principito Mario Saint-Supery, el nuevo talento salido de una cantera de cuyo techo del Carpena cuelgan retiradas las camisetas de Berni Rodríguez y Carlos Cabezas, que se coronó plata en el Eurobasket Sub-16 el pasado verano siendo nombrado del MVP torneo. Fue en el partido frente al Betis, el 30 de octubre, en partido correspondiente a la jornada sexta y pocos meses más tarde de convertirse en el jugador más joven en jugar con el Unicaja y sexto más joven de la historia de la ACB.
Aunque es pronto para lanzar las campanas al vuelo y más tarde llegarán pruebas del algodón importantes, por lo que no se puede caer en la euforia, el Unicaja ha sido el primer equipo en clasificarse para la siguiente fase de la final, invicto en su grupo y logrando por primera vez cuatro triunfos seguidos en la competición. Siete son las victorias al hilo que lleva en la Liga ACB.
Y todo gracias a un esfuerzo coral: ¡ninguno de los doce jugadores del equipo aparece en el Top5 de ninguna estadística de la ACB! Esa generosidad se demuestra en el ataque donde son el cuarto equipo que mejor se pasa el balón con 18 asistencias por partido, siendo un equipo seguro gracias a sus manejadores de balón: decimotercero en pérdidas con 13,2 pese al riesgo que asumen metiéndole una marcha adelante al intentar lanzar la transición.
Pero hay más: nueve jugadores entre los quince y veintiún minutos (frescos para utilizar en rotaciones cortas y sin dependencia ante problemas de faltas) y cuatro entre los diez y doce puntos por partido.
Seguro, que allá dónde estén, Alfonso Queipo, Martín Urbano y Javier Imbroda, a los que hemos despedido este 2022 que ahora acaba, sonríen de volver a ver a su Unicaja en el sitio que se merece.