MUNDIAL DE BALONCESTO

El Mundial de los 'naturalizados': diez jugadores que representarán a otro país

La FIBA permite a los países tener a un jugador naturalizado por torneo, y nueve países han encontrado un americano para sumar talento a su equipo.

Thomas Walkup, nacionalizado 'exprés' con Grecia. /GETTY IMAGES
Thomas Walkup, nacionalizado 'exprés' con Grecia. GETTY IMAGES
Alejandro Gaitán

Alejandro Gaitán

Tras la eliminación de Argentina a manos de Bahamas en el preolímpico, Andrés Nocioni, leyenda del baloncesto de selecciones era crítico con la FIBA. "¿Es justo lo que hizo Bahamas de nacionalizar a un jugador que ya había competido por Estados Unidos?", publicaba en X (la red social hasta hace nada conocida como Twitter) el exjugador. "Esto de fichar a antojo se llama liga de clubes no competencia de selecciones. Y debería corregirse". La crítica iba dirigida a Eric Gordon, verdugo del combinado argentino y quien en 2010 fue campeón del mundo con USA antes de conseguir la nacionalidad bahameña a días de la competición. Pero no es el único. En el próximo Mundial se espera que muchas selecciones lleven jugadores naturalizados, un fenómeno que domina el baloncesto.

Se ha convertido en algo hasta convencional, aunque Argentina sigue siendo uno de los países que nunca ha nacionalizado a un jugador. La FIBA permite por norma usar un jugador naturalizado al mismo tiempo. En muchas ocasiones se trata de jugadores que nacieron en un país, pero crecieron en otro, como el caso de Nikola Mirotic o Serge Ibaka, o al contrario, volver al país donde nacieron o de donde es original la familia, pero no han pasado mucho tiempo de su vida. Sirve como una oportunidad única para firmar un jugador para suplir las necesidades de un país, en alguna ocasión, sin relación alguna con la cultura, como sucedió con Lorenzo Brown en 2022.

En este Mundial son muchas las selecciones que han decidido llamar a un jugador nacionalizado, algunos NBA o con pasado NBA, otros habituales en la liga nacional del país o bien para suplir una carencia importante. Unos con razones de peso, y otras aprobadas mediante procedimiento exprés, como es el caso de Thomas Walkup con Grecia. El jugador, nacido en Texas, lleva desde 2021 jugando en Olympiakos, y fue el pasado mes de marzo que recibió el pasaporte griego. Similar es el caso de Kendrick Perry que tras tres meses en Buducnost VOLI consiguió la nacionalidad montenegrina para jugar a partir del verano de 2022.

Hay casos donde el jugador consigue el pasaporte para mejorar sus opciones de jugar en Europa, y además recibe la ventaja de poder disputar unos Juegos Olímpicos o un Mundial, algo impensable con Estados Unidos. Cuando a Mike Tobey le ofrecieron jugar para Eslovenia, no sabía ni donde estaba el pequeño país, y por entonces era jugador de Valencia Basket. Desde 2021 ha sustituido a Anthony Randolph como naturalizado en el equipo de Luka Doncic. Similar es el caso de Thad McFadden, quien nunca jugó en Georgia (sí que pasó por Grecia, Alemania, República Checa, Francia, Chipre...) pero representará a su equipo nacional a partir del viernes en el Mundial. Tobey y McFadden serán clave para sus equipos.

A la hora de atraer talento, nada más atractivo que NBAs. Cuatro jugadores NBA o con experiencia NBA jugarán como naturalizados en el próximo Mundial, aunque se dividen en dos grupos: elegidos a dedo y con origen familiar. Porque la bisabuela de Kyle Anderson, que representará a China bajo el nombre de Li Kaiser, era ciudadana china, igual que los abuelos maternos de Jordan Clarkson nacieron en Filipinas. Al contrario, tanto Omari Spellman, jugando ahora en la liga de Corea, como Rondae Hollis-Jefferson, en Lituania, fueron seleccionados por las federaciones. Spellman jugará para Líbano y Hollis-Jefferson para Jordania, ambos habiendo conseguido el pasaporte en los últimos cuatro meses.

Uno de los requisitos para poder jugar como nacionalizado y no naturalizado es conseguir el pasaporte del nuevo país antes de los 16 años, pero en este Mundial hay un vacío legal: Sudán del Sur no fue reconocido como país hasta 2011. Dos de sus representantes en el próximo Mundial, Carlik Jones y Maryal Shayok, nacieron lejos del continente africano, en Estados Unidos y Canadá respectivamente, pero sí tenían antepasados en Sudán. En el caso de Jones, sus abuelos; con Shayok, sus padres. Ambos superaron esos 16 años antes de que Sudán del Sur existiera como tal, por lo que sus procesos han sido diferentes. La mayoría de los jugadores del combinado africano han nacido o bien en Sudán o países como Australia, Canadá o Estados Unidos donde llegaron como inmigrantes.

Hay otros casos. Lituania contará con Ignas Brazdeikis, quien jugó para la selección canadiense en categorías inferiores, donde su familia emigró cuando todavía era un niño. O la presencia de Joshua Ibarra con México, con pasaporte americano. Ibarra no es el único jugador nacido en Estados Unidos: Paul Stoll, Orlando Méndez-Valdez o Daniel Amigo también, aunque ellos consiguieron el pasaporte mexicano antes de los 16 años.

El último caso a analizar es el de Paolo Banchero. El jugador, nacido en Seattle, pero de origen italiano, dejó claro su interés para jugar con el combinado europeo, e incluso estuvo en la prelista para el Eurobasket de 2022; un año más tarde, formará parte de Estados Unidos. Es la nueva normalidad del baloncesto FIBA, le guste o no a Nocioni.