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¿Estados Unidos contra el mundo? La NBA da marcha atrás y ya piensa en el partido que todo el mundo quiere ver

Tras otro año donde el partido de las estrellas fue un espectáculo poco atractivo, la NBA busca alterar una vez más el formato.

Adam Silver. /Reuters
Adam Silver. Reuters
Alejandro Gaitán

Alejandro Gaitán

El pasado mes de febrero, por primera vez en la historia del All Star Game, uno de los dos equipos superaba los 200 puntos en un partido. Liderados por Damian Lillard y Tyrese Haliburton, la conferencia Este se llevaba el duelo y batía el récord de anotación en un espectáculo que se alejaba mucho de lo que busca la liga. Y tras cambiar el formato de vuelta al Este contra Oeste para esta pasada edición, la NBA está abierta a una nueva idea. Una que ha flotado por redes sociales, medios de comunicación y aficionados por años. Un Estados Unidos contra el resto del mundo, según ha confirmado el comisionado de la NBA, Adam Silver.

  

Lo hizo en una entrevista con la leyenda de la NBA Charles Barkley en CNN. "Hemos pensado mucho en ello", decía Silver al ser preguntado por el formato. Ninguna de las ediciones recientes ha sido suficientemente competitiva como para mantener un proyecto por más de dos o tres años, y la liga busca una solución. Una que salve, de una vez por todas, el All Star Game, el colofón final del fin de semana de las estrellas. "Ha sido un gran fin de semana, pero no ha sido un partido de baloncesto", contaba Silver sobre la falta de competitividad, un problema que buscan solucionar tocando algo clave en Estados Unidos: su orgullo. 

Tras perder en el pasado mundial tres de los ocho partidos, ante Lituania, Alemania y Canadá, USA Basketball ha decidido mandar un equipo similar al Dream Team a los próximos Juegos Olímpicos, fichando incluso a Joel Embiid como interior. Y la sensación es que solo el imaginar una hipotética derrota ante un combinado internacional podría hacer que los elegidos americanos se tomen en serio el partido. Por talento y jugadores, la balanza nunca ha estado más equilibrada con Giannis Antetokounmpo, Nikola Jokic y Joel Embiid llevándose los últimos cinco MVP, y la certeza de que el ganador de este año, sea Jokic, Shai Gilgeous-Alexander o Luka Doncic, tampoco será nacido en Estados Unidos. Nunca ha habido tantos jugadores internacionales y de tanto nivel. 

Pero el problema radica también en los jugadores europeos. Ni Jokic ni Doncic se han tomado en serio el partido hasta la fecha, sabiendo que se trata de un amistoso de exhibición. Por eso, Silver podría estar abierto a otro tipo de ideas: "Creo que quizás, en lugar de intentar jugar un partido de baloncesto supercompetitivo, que no estoy seguro de que los equipos o los jugadores quieran realmente, deberíamos hacer cosas diferentes y convertirlo en una celebración del baloncesto", añadía. La opción sobre la mesa podría ser un formato donde el resultado no sea relevante. "Creo que ya hemos pasado ese punto en el que vamos a jugar un partido realmente competitivo", confesaba Silver, que ponía como ejemplo el concurso entre Sabrina Ionescu y Steph Curry. 

El fin de semana de las estrellas es, al mismo tiempo, un espectáculo de la NBA y un oasis de descanso para los jugadores, los que van elegidos y los que no, durante la frenética temporada regular. Exigir a los 24 elegidos una alta competitividad es algo complicado, y la propia liga se está quedando sin argumentos: ni el dinero, ni el orgullo, ni defender a su propia conferencia es un motivo para que LeBron James, Steph Curry, Kevin Durant y compañía jueguen otro partido más con el riesgo a lesionarse. La NBA encontrará una solución temporal, un parche, antes de volver a necesitar un cambio, pero si la opción de jugar un Estados Unidos contra el resto del mundo está sobre la mesa, al menos merecemos verlo un año. Aunque sea un fracaso.