NBA | DALLAS 116 - MINNESOTA 107

A Irving y Doncic ya los definen como "la mejor pareja exterior de la historia de la NBA" con el 3-0

Metieron 33 cada uno en el tercer triunfo seguido de los Mavericks, que está a solo un partido de meterse en las finales.

Doncic e Irving se abrazan tras ponerse a un paso de las finales NBA./AFP
Doncic e Irving se abrazan tras ponerse a un paso de las finales NBA. AFP
Alejandro Gaitán

Alejandro Gaitán

"La mejor pareja exterior de la historia de la NBA" decía Kevin Harlan, narrador de TNT, en el último cuarto. Hablaba de Kyrie Irving y Luka Doncic quienes, otra vez, volvieron a destrozar a la mejor defensa de la NBA (116-107) y dejan a Minnesota al borde de la eliminación cuando apenas van tres partidos. Metieron 33 cada uno para arrasar con todo, y Dallas está a solo un partido de volver a unas finales de la NBA. Doncic acabó con 7 rebotes, 5 asistencias y otros 5 robos, y Kyrie puso 4 pases de canasta y 3 rebotes, ambos por encima del 50% en el tiro (22/40 combinados). Números para estar, al menos, en la consideración por ser la mejor pareja exterior de la NBA, porque no es únicamente el qué hace, sino el cuándo.

Entre los dos metieron 21 de sus 66 puntos en el último cuarto para sentenciar el partido y muy probablemente la serie. Porque como Boston en el Este, Dallas ha puesto el 3-0 en la serie y confían en que el peso de la historia haga el resto. Nunca se ha remontado una diferencia de tres partidos en una serie NBA, y no parece que estos Timberwolves vayan a ser los primeros. Desde que eliminaron a Denver han desaparecido del mapa. Karl-Anthony Towns se ha olvidado de anotar una canasta, Anthony Edwards aparece a cuentagotas y en momentos muy puntuales, y la ofensiva de Dallas se toma turnos para ridiculizar la defensa de Rudy Gobert. Está siendo un abuso constante.

No solo es una paliza en la pista, mentalmente Minnesota también esta siendo derrotada y con solvencia. Cada vez que intentan acercarse, aparece un jugador diferente para poner un clavo más en la tumba de unos Wolves a los que les ha quedado grande el emparejamiento. Fueron construidos para frenar a Nikola Jokic y los Denver Nuggets, pero no tienen una respuesta para un Luka Doncic que está a un partido de sus primeras finales y a solo cinco triunfos de consagrarse como campeón de la NBA y pedir el trono de mejor jugador del planeta. Una corona que pesa pero que está más que preparado para, como mínimo, pedir.

Falta uno, y Minnesota no se rendirá tan fácil. Y la duda del estado físico de los Mavericks, que perdió a Dereck Lively por un rodillazo accidental de Karl-Anthony Towns. El pívot, referencia defensiva para Dallas, no jugó la segunda parte y muy probablemente entre en el protocolo de conmoción, aunque los Mavericks tienen tiempo hasta el inicio de las finales y ventaja suficiente para tomarse el cuarto partido con calma. También tuvo algún problema Derrick Jones Jr, el principal defensor de Edwards al final del tercer cuarto, momento que la joven estrella de Minnesota aprovechó para poner a los Wolves por delante. Poco duró el invento con Kyrie y Doncic en pista. 

Edwards acabó con 26 puntos en 24 tiros, además de 9 rebotes y 9 asistencias, y Naz Reid puso otros 14 desde el banco, junto con los 10 de Kyle Anderson. Volvió a tener un buen partido en ataque Jaden McDaniels, pese a ser superado una y otra vez por Doncic, con 15 puntos y solo el 0/8 de Karl-Anthony Towns en el triple fue realmente una losa insalvable, por el momento en el que decidió fallarlos. Pero muchos pequeños errores que se han ido juntando contra unos Mavericks que no perdonan. Si no es su pareja exterior son los cinco triples entre PJ Washington y Derrick Jones Jr, o la defensa de Daniel Gafford cuando Lively no pudo volver.

Le han dado a Doncic un equipo digno ha tardado ocho meses en llevarlo a las finales. Falta un triunfo, uno que se presume un trámite por mucho que los Timberwolves insistan en que no se van a rendir. 153 veces lo han intentado los equipos y solo cuatro han llegado siquiera a forzar un séptimo, mucho menos soñar con remontar. Y encima, ante la mejor pareja exterior de la historia de la NBA, mucho más complicado. Otra historia será Boston