BALONCESTO

Pablo Aguilar: "Le colgué al Real Madrid porque me pidió el número de mi madre y no sabía quién era"

El que fuera canterano blanco y campeón del Eurobasket con la Selección disfruta ahora del baloncesto en Japón y cuenta su experiencia en Relevo.

Pablo Aguilar, esta temporada con el Fukuoka Rizinkg. /IG/FUKUOKA
Pablo Aguilar, esta temporada con el Fukuoka Rizinkg. IG/FUKUOKA
Noelia Gómez Mira

Noelia Gómez Mira

Las lesiones son esa realidad incontestable e impredecible que marcan el devenir deportivo de cualquier jugador. Pero, sobre todo, la manera en la que cada uno sobrelleva estos reveses en su carrera es al final lo que marca la diferencia. Y Pablo Aguilar (Granada, 1989) es un gran ejemplo de ello. A sus 35 años, el ala-pívot, que de esto bien sabe un rato, sigue haciendo de las suyas sobre el parqué (véase el triplazo desde su campo que se marcó a principios de temporada). Aunque ahora sea "mejor reboteador, más maduro y completo en la pista", según reconoce, y lo esté demostrando con el Fukuoka Rizing en la Liga 2 del Imperio del Sol Naciente, una tierra donde el baloncesto no para de crecer y por la que decidió apostar tras superar una dura y larga lesión de muñeca.

Pablo Aguilar habla de la salud mental. EDICIÓN: PABLO MUÑOZ

Eso sí, el que fuera canterano del Real Madrid e internacional con España -y campeón del Eurobasket en 2015-, no se olvida de sus orígenes. Por eso, si tiene que elegir entre el sushi y las míticas tapas granaínas se queda con lo segundo. Y es que, como reconoció en la videollamada con Relevo: "Siempre he dicho que me gustaría volver a casa y poder volver a vivir esa experiencia en mi tierra".

¿Por qué decidiste dejar Europa y poner rumbo a Japón?

Fue un poco sin querer. Mi mujer y yo vinimos de luna de miel a Japón. Y a mí siempre me había gustado mucho la historia, la cultura y todo. Me había gustado tanto el país que hice una llamada un poco inocente a mi representante y le dije que aunque sea antes de retirarme quería jugar en Japón para vivir un poco más la cultura y el país desde dentro. Y ahí, luego, tuve la mala suerte de lesionarme de la muñeca en Italia. Estuve mucho tiempo fuera de la pista y durante ese tiempo yo le dije a mi representante que hasta que no estuviera bien, no me llamase para decirme si tenía alguna oferta porque a mí eso me agobiaba. Cuando lo llamé para decirle que ya estaba bien, al día siguiente me llama y me dice que hay un equipo de Japón que había preguntado por mí. Y me quedé un poco en shock.

Pregunté, hablé también con el entrenador del equipo en cuestión y me pintó todo muy bien. Pero al día siguiente me volvió a llamar mi agente y me dijo que había otro equipo más interesado y era Kawasaki, el primer equipo donde fui. Era febrero y lo vi como una oportunidad de decir: mira, llevo tanto tiempo fuera de las canchas que me voy allí y los meses que quedan de liga disfruto lo que quería disfrutar del país, cojo forma, vuelvo a sentirme otra vez jugador y a partir del verano pues ya que sea lo que lo que tenga que ser. Y ya un año encadenó con el otro, con el otro y con el otro. Y aquí sigo.

¿Qué tiene el baloncesto de aquella zona que no para de crecer y captar talento extranjero?

Creo que son ligas en desarrollo. Ligas que tienen, unos calendarios a futuro muy llamativos y luego son ligas que los equipos tienen presupuestos altos. Entonces, por ejemplo, la liga japonesa, más allá de lo que son los equipos como tal, la organización que hay, el número de partidos que se juega, el espectáculo que hay previo al partido, después del partido, son cosas atractivas para el jugador, un poco diferente a lo que estamos acostumbrados en España. Y no sé, son cosas que llaman la atención. A mí personalmente. Ya te digo, como te decía antes, el país es un país que me gusta mucho. Estoy muy cómodo, muy a gusto. Y luego es otro tipo de baloncesto. Más rápido. Más atractivo en el sentido de que se corre más, se tira más, se piensa menos, por decirlo de alguna manera. Pero cada vez, están viniendo jugadores de más nivel, tanto europeos como americanos. Y lo que antes era un poco un baloncesto más loco.

Ahora ya se está europeizando un poquito, en el sentido de que ya hay muchos equipos con entrenadores europeos que intentan jugar un baloncesto más europeo. Por ejemplo, mi entrenador es Moncho López. Y yo creo que es un conjunto de cosas. Primero, el vivir la vida fuera de Europa, una vida totalmente diferente. Y luego el baloncesto, que es un baloncesto en auge y totalmente distinto. Se mezcla un poco el espectáculo NBA porque se corre más y el número de tiros es mayor que en ACB, por ejemplo, pero se está intentando hacer un poco más organizado.

Experiencia en diversas ligas tienes, incluso en campus con equipos NBA, pero todo eso vino tras tu gran salto con 15 años. ¿Cómo fue la llamada del Real Madrid?

Yo tenía 14 años y en esa época los móviles tampoco eran una cosa muy común todavía. Y yo tenía un móvil, para lo típico, te dan tus padres un móvil porque te vas de campeonato por si te pasa algo, para que puedas llamar. Y a mí de repente me llama un número que no sabía quién era. Yo cojo el teléfono y me dicen: Hola, ¿Pablo Aguilar? Digo sí, soy yo. Me dice: Mira que me gustaría tener el teléfono de tu madre para llamarla. Yo no sabía quién era y le dije con toda la cara: Mira, no sé quién eres, yo el número de mi madre no se lo doy a nadie y le colgué. Y cuando llegue a mi casa después del campeonato, estaba mi madre en el sofá esperándome con un taquito así de libros encima de la mesa y me dice: Oye, mira que me han llamado del Real Madrid, que han mandado todo esto y que quieren que te pienses el irte allí a jugar a partir del año que viene. Y esa fue la anécdota. Luego ya pues hablando. Fuimos a ver las instalaciones, estuve entrenando con ellos un par de días y al final me decidí por ellos, pero no sé cómo consiguieron el teléfono de mi madre todavía.

Pablo Aguilar cuenta cómo fue la llamada del Real Madrid. EDICIÓN: PABLO MUÑOZ

¿Qué recuerdos tienes de aquella etapa en la Fábrica blanca?

Pues muy buenos. Estuve allí desde los 14 a los 19, estuve cinco años y prácticamente me formé a muchos niveles, tanto deportivo como personal. Al final dejas tu casa con 14 años, tu familia, tus amigos del cole, tu cole, un poco tu círculo de confianza y tu zona de confort. Y tuve que empezar de cero, como aquel que dice, en ese momento. Y ya te digo, no había como hay ahora que si los móviles, las videollamadas, era todo un poco más frío y era más difícil a lo mejor no perder ese contacto con todo el mundo. Pero la verdad es que los recuerdos que tengo son buenísimos, tanto en la residencia como a nivel de baloncesto. Toda la gente que conocí los planes que hacíamos fuera de la pista con los padres de los demás compañeros. Y bueno, fue un poco toda la evolución y toda la gente que me ha ayudado y que he ido conociendo en el camino, la verdad es que los recuerdos que tengo son increíbles y a mucha gente de mi familia se lo digo: si pudiese volver a los años de residencia, que mira que al principio lo pasé mal, volvería porque después me lo pasé teta.

¿Hay alguna anécdota que se pueda contar?

Bueno, a ver, éramos en total como 50. Además éramos simplemente cinco jugadores del Real Madrid de basket y luego el resto eran futbolistas del Atlético de Madrid, de la cantera. Y al final éramos niños de 14 a 18. Todos en la misma situación. Y bueno, pues por la noche hacíamos nuestras gamberradas. Nos colábamos en las pistas de por allí y tirábamos cosas por la ventana, yogures a los coches. Teníamos nuestras guerrillas con gente del pueblo también. Lo pasábamos bien.

Cuando volviste a tu tierra incluso empataste a puntos con Sergio Llull como jugador revelación. ¿Qué fue para ti el CB Granada?

Mis recuerdos en Granada son probablemente de los mejores recuerdos deportivos que yo pueda tener. Al final, aunque ya había debutado antes, son mis dos primeros años donde de verdad juego minutos, donde de verdad soy un jugador importante dentro del equipo. Tengo responsabilidades, encima jugando en casa. Toda mi familia venía a todos los partidos, mis amigos. Los equipos que teníamos, ahora, echando la vista atrás, eran increíbles. Los jugadores que había... Era espectacular. Y tener la suerte con 19 años de poder compartir vestuario con Curtis Borchardt, con Jimmie Hunter, con Scepanovic, con Carlos Cherry, Nacho Martín, que entonces para mí era el Pipa. Yo que sé, Es que había tanta gente que para mí ahora, echando la vista atrás, compartir vestuario con ellos con 19 años, mi primer año, digamos, realmente profesional, era increíble. Y encima en casa, pudiendo disfrutar de mi familia, de mis amigos. Sintiendo un poco eso de mi casa, ACB, jugando... Era como el orgullo de decir: joder, es que estoy aquí, ¿sabes? Y no sé, para mí esos recuerdos son seguramente los mejores que tengo.

Pablo Aguilar habla de su paso por la Selección. EDICIÓN: PABLO MUÑOZ

¿Qué sentiste cuando te llamó Sergio Scariolo par la Selección?

¡Imagínate! Yo iba a entrenar, pero en muchos momentos tampoco me lo creía. Siempre nervioso, un poco acojonado también… Cuando con 20 años me llama Sergio Scariolo para ir con ellos como invitado, al principio no me lo podía creer. Me lo pasé genial. Me trataron como uno más. Echando la vista atrás, son muchas cosas que en el momento a lo mejor no estás tan consciente de ello, pero ahora dices: joder, es que con 20 años estaba entrenando con Álex Mumbrú, con Sergio Llull, con Jorge Garbajosa, con Felipe Reyes… Es la hostia. Encima te tratan como uno más y te respetan y puedes decir que tienes cierta amistad con ellos y que en el futuro, porque han pasado muchísimos años desde entonces, y cuando nos vemos parece que no ha pasado el tiempo. Para mí, es lo mejor del basket más allá de jugar: la gente con la que compartes los veranos y las temporadas.

¿Crees que tu paso por la Selección fue demasiado corto?

No, no, ni mucho menos. Creo que fue un paso un poco raro porque es verdad que muchos veranos a lo mejor iba con una lesión. Hablaba con Sergio [Scariolo] y me decía: ¿estás seguro? ¿Estás bien? Y muchas veces por las ganas y el honor que para mí es el poder estar con la Selección le decía: sí, sí, estoy bien, aunque no estuviese al 100%. Y a lo mejor eso también me ha mermado mucho a la hora de poder estar en campeonatos o en ciertos momentos con la Selección. ¿Corto o no? Yo estoy más que agradecido de la oportunidad de haber estado y haber vestido la camiseta de la Selección.

Es verdad que me hubiese gustado hacerlo más, pero también la época que estuve fue muy jodida, hablando mal por los jugadores que había en la posición de '4' y '5'. Era muy complicado el tener un hueco ahí porque al final competía con Garbajosa, Mumbrú, Felipe, Pau y Marc Gasol, Willy y Juancho Hernangómez, Víctor Claver, Nikola Mirotic, Serge Ibaka… Son muchos jugadores que son todos top a nivel mundial. Entonces puede ser que fuera corto, que haya estado en muchos momentos marcado por alguna lesión. Pero estoy más que orgulloso y feliz de haber podido estar en la Selección y me siento un privilegiado por ello.

¿Cómo de importante es la salud mental para sobrellevar las lesiones?

Es difícil, pero también yo creo que marca mucho la gente con la que te rodeas, tanto fuera de las lesiones como en los momentos difíciles de las lesiones. Yo es verdad que en Valencia tuve mi momento, tuve un momento malo. De hecho fue seguramente una de las etapas más duras de mi carrera, sino la más dura. Y al final, siempre que tiene lesiones larga, se te pasan muchas cosas por la cabeza. Igual no te planteas el volveré a jugar o igual es momento de retirarme o cosas así, pero sí que se te pasan por la cabeza, incluso es inevitable pensar si volveré a estar como antes, volveré a ser el mismo jugador, volveré a saltar igual, a tirar igual. No sé, muchas cosas que se te pasan por la cabeza, pero al final, la ayuda de la gente con la que te rodeas, psicólogos que son figuras muy importantes que a veces son un tema un poco tabú dentro del del deporte y dentro de la vida en general. Pero yo creo que son más que necesarios y fundamentales. Ya no solamente en los momentos de lesiones, sino en el día a día.

¿Sentiste esa sensación de tabú?

Sí. Tú antes decías o si alguien te preguntaba, comentabas: sí, estoy viendo a un psicólogo o he solicitado ayuda a un psicólogo. Y era como: tú no estás bien de la cabeza y necesitas que alguien te reconduzca. Pero muchas veces simplemente el desahogarte con otra persona, que otra persona totalmente externa a ti te de su punto de vista, o te hable de otras experiencias o no sé, simplemente el poder hablarlo con alguien que no es de tu círculo o que no está cercano a ti, ayuda muchísimo. Y luego pues todas las herramientas que te que te facilitan que a lo mejor a ti no te vienen a la cabeza. Pues la verdad que para mí son fundamentales.

Pablo Aguilar habla sobre las oportunidades a los jóvenes en la ACB. EDICIÓN: PABLO MUÑOZ

Tuviste la oportunidad desde joven de jugar en ACB, pero ahora parece que a los jóvenes les cuesta más llegar. ¿Qué opinas de esto?

Por hablar de esto me he metido en algún marrón (ríe). Pero voy a responder con un ejemplo. Cuando vine a Japón me decían que los equipos japoneses no pueden competir con los españoles. Y yo decía que tenían razón, pero que había que ponerlo en igualdad de condiciones. Aquí en Japón los equipos pueden tener un máximo de tres extranjeros. Da igual el país. Y un máximo de un nacionalizado. El resto tienen que ser todos japoneses nacidos en Japón. No vale el asiático que viene a Japón con 13 años y con 18 cuenta como japonés. De eso se puede tener uno por equipo. Pero el resto tienen que ser japoneses. Entonces vamos a ponernos en igualdad de condiciones, vamos a poner que cada equipo de ACB tiene que tener ocho españoles nacidos en España; tres extranjeros y un Doncic, por ejemplo. Entonces ahí sí que pueden competir los equipos japoneses con los españoles.

A mí esa es una de las cosas que más me gusta de la liga japonesa, que al final se preocupa mucho del crecimiento de la liga a través del jugador japonés y piensa mucho en la selección. Porque son conscientes de que para tener una selección buena de futuro se necesita que el jugar japonés compita a un nivel alto durante mucho tiempo. Y eso es fundamental.

En España hemos desvariado un poco en ese sentido y la oportunidad para los jóvenes es muy difícil. Al final los jóvenes que son muy buenos como Aday Mara, ¿pueden tener la oportunidad de ACB? Sí, pero esos también tienen la oportunidad de NBA, entonces siempre van a gastar esa bala antes porque es normal. Así que creo que falta un poco a nivel nacional esa oportunidad para los jóvenes.

Eres seguidor casi acérrimo del Covirán Granada como muestran tus redes sociales, ¿para cuándo tu vuelta?

Pues me gustaría. Siempre lo he dicho. Me gustaría volver a casa y poder volver a vivir esa experiencia en el club y en mi ciudad. Al final soy un enamorado de mi tierra y poder jugar allí de nuevo me gustaría muchísimo.