78 minutos y un récord histórico: Cuál es el partido de baloncesto con más prórrogas de la historia
Hicieron falta varias prórrogas para acabar con el empate y determinar un ganador.

En el baloncesto no hay empates. Dos equipos se citan en la cancha y siempre debe haber un ganador. En el caso de que los 40 minutos reglamentaros que dura un partido, 48 en el caso de la NBA, terminen con igualada en el marcador, se disputa un tiempo extra. O varios. Tantos como sean necesarios hasta que uno de los dos participantes pueda reclamar el triunfo.
La prórroga en el baloncesto se convierte en un periodo de máxima tensión. Dura cinco minutos de juego, lo que implica que apenas haya espacio para el fallo. De hecho, en la práctica, errar un par de posesiones consecutivas puede suponer una desventaja imposible de remontar. La presión es muy alta y la muñeca de los jugadores se atenaza. Es en ese ambiente crítico en el que el baloncesto dirime sus desempates. No existen un máximo de prórrogas que se puedan disputar en un partido de basket. Aunque por norma general con una o dos suele ser suficiente para resolver un partido, en algunos casos el desenlace se prolonga más de lo esperado.
¿Cuál es el partido de baloncesto con más prórrogas disputadas?
Indianapolis Olympians y Rochester Royals disputaron el considerado partido más largo de la historia. El encuentro se jugó el 6 de enero de 1951 y necesitó de seis prórrogas para dirimir un ganador. El choque terminó con la victoria de los Olympians por 73-75. En total, los dos conjuntos estuvieron 78 minutos en pista.
Lo corto del marcador, sobre todo si se tiene en cuenta el tiempo que duró el encuentro, lo dice todo sobre el partido. Cabe remarcar que se trataba de un baloncesto muy diferente al actual, sin lanzamiento de tres puntos ni reloj de posesión. Esto último permitía a los equipos especular con el reloj hasta la extenuación. Nada lo muestra mejor que el hecho de que, en la cuarta prórroga, ni Olympians ni Rochester lanzaron a canasta. Un dato que explican que el partido se prolongara ad eternum.
El partido finalizó el tiempo reglamentario con empate a 67. Después, aunque hubo seis prórrogas, apenas se movió el marcador. 2-2 el primer tiempo extra, 0-0 el segundo, 2-2 el tercer, 0-0 el cuarto, 4-4 el quinto y, finalmente, 0-2 en el sexto y último. El autor de la canasta ganadora fue Ralph Beard, quien consiguió sobre la bocina poner el punto y final al choque. Según las crónicas de la época, para cuando el partido terminó la gran mayoría de espectadores habían abandonado el pabellón hastiados con el espectáculo al que estaban asistiendo.
¿Qué consecuencias tuvo el partido más largo de la historia?
Aunque se trate de un hito histórico, en el momento fue visto con preocupación. Sobre todo porque no fue emocionante, sino tedioso. Además, se trataba de una época en la que las rotaciones apenas se estilaban en el baloncesto. Por lo que la gran mayoría de jugadores se marcharon por encima de los 70 minutos de juego.
Por ello, se considera que el Olympians-Rochester fue una de las principales causas que impulsaron el reloj de posesión. No la única, claro, aunque sí se considera relevante. De hecho, el baloncesto, como espectáculo deportivo, llevaba en crisis varios años. Especialmente famoso es el partido Fort Wayne Pistons y Minneapolis Lakers disputado 22 de noviembre de 1950 que terminó 19-18 y que fue calificado por George Mikan como "antibaloncesto". Finalmente, tras varios años de deliberación, el reloj de posesión se estableció en la temporada 1954/55.