OPINIÓN

Salir, ganar, el rollo de siempre

Los jugadores de la U19 celebran el triunfo en el Mundial./FEB
Los jugadores de la U19 celebran el triunfo en el Mundial. FEB

Ayer, mientras Jordi Rodríguez anotaba un triple para poner a la Selección por delante al comienzo del último cuarto, mi hijo volvía de la piscina. Miró la pantalla y su pregunta fue sencilla y directa: "¿Ha ganado ya España?". Cuatro palabras que más tarde perdieron los signos de interrogación para convertirse en una afirmación que ya hemos normalizado cuando se trata de baloncesto.

Quedan ya muy lejos los tiempos en los que visitábamos esporádicamente un podio continental. Conseguir una medalla era una gesta de todo menos normal para un país que seguía estando en un segundo vagón en los campeonatos de selecciones. Tiempos difíciles en los que se tenía el talento, pero en los que España no competía al mismo nivel físico de sus rivales. Un oro, tres platas y un bronce fue todo el bagaje de las selecciones absolutas en el siglo XX.

Todo cambió en 1999. La aparición de la mejor generación del baloncesto español provocó un giro en la concepción de un deporte que prometía éxitos, pero que no terminaba de cumplir con su palabra. Hasta entonces. La Federación Española empezó a invertir en cantera, a crear torneos para captar a los mejores jugadores del panorama nacional y a generar programas con los que potenciar el talento, que más tarde poblaba las selecciones con el éxito que ahora todos conocemos y que ya hemos normalizado.

La selección U19 celebra el triunfo. FEB
La selección U19 celebra el triunfo. FEB

Lo dijo la FIBA en el pasado Eurobasket masculino. "El baloncesto es un juego muy sencillo. 10 jugadores van detrás del balón durante 40 minutos y al final gana España". Una sentencia que se ha convertido en realidad en este primera mitad del siglo. El baloncesto nacional se ha convertido en referente hasta el punto de que países con más tradición ganadora como Estados Unidos han copiado el modelo de cantera del baloncesto nacional. Un plan trazado hace años y que no ha dejado de dar frutos como las 11 finales consecutivas que acumulan las selecciones nacionales desde el verano de 2022. Una barbaridad que hemos tomado como norma y que muchas veces hemos dejado de poner en valor.

Este camino ha llevado a España a hitos impensables hace apenas 30 años. Dos oros mundiales masculinos, una plata en el Mundial femenino que sabe a oro (Estados Unidos sigue estando a años luz) y el número 1 en el ranking FIBA masculino por delante del todopoderoso país norteamericano. Son sólo datos, pero dicen mucho de un deporte que ha hecho que miles de niños como mi hijo tengan como habitual el ver a España en el podio en cualquier categoría.

Porque el triunfo de España en el Mundial U19 es la confirmación de un modelo y la primera piedra de un nuevo camino. Una senda en la que se vislumbran más éxitos con los numerosos talentos que vienen por detrás como Aday Mara, Awa Fam, Hugo González, Iyana Martín, Conrad Martínez o Carla Veigas. Nombres que en breve convivirán con los de Izan Almansa, Baba Miller, Jordi Rodríguez o Isaac Nogués. Una nueva generación de oro que permite a España hacer lo que ya ha convertido en habitual: salir, ganar, el rollo de siempre.